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Fe y caridad vencen al mundo, ¿y la nuestra?

16 de Agosto del 2017 - José Fuentes y García-Borja

La lectura del Evangelio nos presenta lugares donde se presiente a Dios y además Dios está en todo aquel que lucha por el bien de los hombres, por la paz, la justicia, la defensa de los derechos de los hombres; está en lo espectacular y lo ordinario, en lo sencillo, en lo escondido de los acontecimientos..., en todas partes. Tanto en los acontecimientos positivos de la historia como en los negativos, aparecerán momentos en los que la presencia del Señor se nos oscurece. Los que en un principio vieron cómo Dios bendecía el esfuerzo de las comunidades cristianas e iluminaba con señales claras el buen camino emprendido empiezan a realizar y conseguir el bien propio y el bien común, solidario, encaminados al triunfo del Señor. La vida, lo más hermoso y lo más grande creado por nuestro Señor, es eminentemente silenciosa: ni la madre siente el crecimiento lento del hijo de sus entrañas que crece silenciosamente en su seno, ni se nota el suave rumor de la savia que sube por el tronco del árbol a sus ramas... Y ¿qué recogido es el silencio de las iglesias al oscurecer cuando estamos a solas con el Señor. Pero no sólo para el encuentro con Dios, también para encontrarnos a nosotros mismos y así poder preparar y organizar huyendo de la improvisación.

Desconcierta la actitud de los apóstoles, acaban de presenciar el milagro extraordinario de la multiplicación de los panes y peces y ¿se asombran ahora de ver a Jesús caminar sobre las olas! Tomándolo por un fantasma: “Hombres de poca fe”, les dice y nos dice el Señor cuando levanta a Pedro que se hunde en el agua. Hoy Dios está poniendo a prueba nuestra fe: arrecia el viento desacralizador, dan la nota estridente los que desde dentro, infiltrados, pretenden su descomposición, callan los llamados buenos y otros se contentan con gemir desde las trincheras de su pesimismo derrotista. Pero ¿no está a nuestro favor la larga historia de la Iglesia triunfando desde ella presencia del Señor? ¿No la han batido de flanco vientos más huracanados? ¿No ha habido más corrupción en otras épocas? ¿Es o no es Dios fiel a sus promesas?

Y hoy se produce el mismo escándalo en el mundo. “El gran miedo a verse desplazado y aislado ha llevado al pensamiento cristiano a un camino caracterizado por el sentimiento de que la tarea más importante del cristianismo es no solamente la de estar en el mundo, no solamente la de participar en las actividades de una cultura secularizada, no solamente acomodar a cualquier precio el lenguaje de sus enseñanzas a la comprensibilidad de las masas, sino también, y de antemano, bendecir casi todo sentimiento que se hace sentir espontáneamente a partir de los impulsos naturales del hombre” (Leszex Kolakowsky, filósofo marxista polaco). Se duda de la Iglesia;piensan que la Iglesia es una de tantas religiones y no la más aceptada... ¡Ah, Dios se muestra como nuestro Padre en cada momento de nuestras vidas! No sólo nosotros, la Iglesia entera, “barca de Pedro”, se salva por la continuada Providencia de Dios que extiende su mano cuando parece irremediable su hundimiento entre los poderosos y arrogantes ataques de sus perseguidores que se creen omnipotentes. ¡Amigos de los pobres! Voluntarios de Cáritas, visitadores de los enfermos, militantes de A. C. Junior! ¡Amigos, mirad el cielo, cada noche de San Lorenzo, año tras año, veréis las estrellas escribiendo: “¡Sois los gozos y las esperanzas de la Iglesia y del mundo!”.

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