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El padre de Pepín y Pili

5 de Diciembre del 2017 - José Luis Velasco Coto (Gijón)

Tenía yo casi diez años cuando el Ejército nacional entró en Sama de Langreo y gran parte de la población empezó a pedirles que buscaran a sus desaparecidos; unos presos y otros fatalmente fusilados. Entre empleados del Ayuntamiento y otros, desaparecieron sesenta hombres jóvenes en una sola noche, sólo en Sama.

A la sazón estaba preso en el cuartel de Regulares, frente al parque Dorado de Sama, un miliciano llamado Pepe Carcedo, al que los familiares de los desaparecidos le iban a preguntar dónde estaban. Él se prestó voluntariamente a decir todo lo que sabía. Entre el grupo de guajes que todos los días nos sentábamos delante del cuartel (en el Parque) porque a todos nos intrigaba lo de la “capilla ardiente” que decían los periódicos y nosotros creímos que era una capilla que ardía con fuego. Pero no, era sencillamente una celda donde esperaba el reo su castigo. Entre nosotros había uno que se llamaba “Pepín el Americanu”, que tenía un pequeño comercio en la plaza de los chorizos; tenía una hermana que se llamaba Pili, y ambos esperaban que saliera su madre del cuartel. Su madre, igual que muchas mujeres, hacían cola para preguntar a Pepe por el paradero de sus maridos. Cuando salió, tanto Pepín como Pili fueron corriendo hacia ella para preguntarle lo que sabía. Por lo visto, Carcedo le dijo que ellos no lo habían fusilado, que fueron los de Pola de Lena y que no sabía lo que hicieron con el cadáver.

Así que leyendo en LA NUEVA ESPAÑA que van a descubrir una supuesta fosa de fusilados, en Pola de Lena, a ver si descubren el cadáver del padre de Pepín y de Pili. ¡Qué pena! que ya no están con nosotros, fallecieron (de enfermedad) hace poco, relativamente.

Ahora explicaré por qué estaba esta familia en Pola de Lena: el padre de Pepín había venido hacía poco de América y puso un comercio de ultramarinos en la plaza de los chorizos, en Sama. Un miliciano amigo de la familia los avisó de que al día siguiente vendrían a por él. Sin más pérdida de tiempo, se fue a ver a “Pascual el Gitano”, que tenía su troupe en un patio cercano, y éste le facilitó un carro y un caballo para que se marchara lejos. Rápidamente, con la ayuda de los hijos de Pascual, metieron en el carro ropa y algo de comer y se marcharon por la carretera de Mieres en dirección a León. Al llegar a Pola de Lena, cansados y rendidos del traqueteo de carro, quisieron parar a saludar a unos parientes y descansar un poco antes de afrontar el Pajares. Pero la fatalidad quiso que un grupo de milicianos se fijara en el carro y, buscando a sus dueños, dieron con la mujer del “Americanu”. Le preguntaran por su marido; les dijo que estaba durmiendo. Ellos insistieron en que bajara; cuando bajó, sin mediar palabra, lo esposaron y le permitieron dar un beso a sus hijos. Lo llevaron y nunca más se supo, por mucho que indagó su familia, al terminar la guerra.

José Luis Velasco Coto, Gijón

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