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¡Dios espera también!

30 de Diciembre del 2017 - José Fuentes y García-Borja

¡Buenas noches! Los de las Primeras Comunidades anotasteis que esta tónica sobre la “Esperanza cristiana” nos ha recordado los miles de años anteriores al nacimiento de Jesucristo, tiempo en que vivimos la vida de Dios en la historia de los hombres; cuando se habla de la paciencia de Dios se expresa la espera cada vez más prolongada del juicio del Señor (Rahner). Esto nos resulta desconcertante, pero no es sino por la conducta benévola de Dios con los hombres: “El Señor usa de paciencia con nosotros no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengamos a penitencia” (2.ª S. Pedro 3,9-15), y porque todo lo que existe en el mundo requiere tiempo para llegar a su perfección: la piedrina que se convierte en perla; el carbono que se hace diamante... quizá no haya más peligroso que la inmadurez en la mente y sobre todo en el corazón. Los de las 4.ª, 5.ª y 6.ª añadisteis: La paciencia es característica de Cristo: ama en silencio y así Jesús perdona, espera y sigue paciente en la Eucaristía, víctima eterna, amor silencioso, hasta que los cristianos queramos aprender su amor y su paciencia. Hemos de abrir caminos al Señor en el desierto del mundo moderno: brillante, luminoso, vocinglero y, sin embargo, desierto. Se masca la apatía y el desinterés religioso: en él está poco posibilitado el tema de la conversión. ¿Es que no hay una tarea agotadora en los avances científicos, en la implantación de la justicia, en alimentar al Tercer Mundo? Tarea agotadora que exige todo el esfuerzo humano y así sólo queda que lo dignifique Dios; pero sin nuestra conversión ¿de qué vale todo el humanismo cristiano?

Los de las 7.ª, 8.ª y 9.ª leyenda sus notas: En este último año han ocurrido muchas cosas, ¿quién de nosotros no se ha visto afectado por algún acontecimiento personal, familiar, nacional, mundial? Sobre ellos el Adviento pronuncia la palabra “esperanza”; esperanza en Jesús Salvador, que viene a convivir con hombres y mujeres a los que Dios ama; la humanidad en su conjunto alza su clamor: “¡Ven pronto, Señor!”. Y la Iglesia se une a este clamor y anuncia que con Jesús ¡siempre habrá esperanza para el hombre! Los de las Comunidades 10, 11 y 12: 1) Esperan la salvación los pobres oprimidos por los poderosos; a cambio ven cómo invierten diez veces más en armas de guerra que en ayuda humanitaria. 2) Esperan salvación los que lloran y claman a Dios justicia en este mundo injusto. 3) Los que necesitan ver sostenida su esperanza mientras con ilusión construyen otro mundo mejor y en paz: ¡Un mundo de pobreza cero! 4) Esperan al Salvador los leprosos y crucificados de nuestros días, condenados a vivir y morir fuera de los muros de la ciudad: en los suburbios, en los claustros de las iglesias o a las puertas de los bancos ¡qué ironía! 5) Los que mueren de hambre, drama y vergüenza de nuestras naciones; son llamada a la conciencia de los que cada día disponemos de mesa y mantel. Ya el Papa Pablo VI nos alertó y nos dio llamadas de atención acerca de los peligros que pueden acarrear tal estado de cosas: “Su prolongada avaricia –de los ricos y de los países ricos– no hará más que suscitar el disgusto de Dios y la cólera de los pobres, con imprevisibles consecuencias” (“Populorum Progresio” n.º 49). Y como resumen anotasteis que también la Iglesia espera a Jesús Salvador para que nos ilusione y seamos más la Iglesia pobre al servicio de los pobres. Es el mismo Jesús el que nos previene: “¡Vigilad! ¡Estad despiertos, velad!”. La salvación de Jesús trae al mundo, nos pide un compromiso: devolver la esperanza a los pobres, que no es tarea fácil. En los medios de comunicación junto a buenas noticias también hay oscuros cuadros de violencia, muerte, hambre y guerra; sin embargo, ¡la esperanza de los pobres es invencible! “porque sus gritos de dolor han llegado hasta el Señor, que no les dará largas a su salvación”. Y aquella noche los de 15 años ante el Sagrario leísteis: “Esta tarea con los pobres ahora es nuestra” y os hicisteis “voluntarios de Cáritas”. Y cantando... “Hasta mañana, Señor”.

SUMARIO: La esperanza de los pobres es invencible

José Fuentes y García-Borja, canónigo de la Catedral

Oviedo

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