De Avilés a Dublín
José Ramón Pérez
Administrador de contratos en Google
Nació el 6 de septiembre de 1971 en Avilés, estudió en el Colegio San Fernando. Fue jefe de sección en la FNAC de Parque Principado, trabajó para Amena en venta directa y durante seis meses como conserje en la Biblioteca Pública de La Luz de Avilés. A Irlanda José Ramón Pérez se fue a celebrar su cumpleaños en septiembre de 2003, con un billete de ida y vuelta del que nunca aprovechó la vuelta. Actualmente, este avilesino viajero trabaja para Google, en su sede europea, exactamente en el departamento de administración de contratos.
«Necesitamos una clase política a la altura de lo que merece Asturias»
«Cuando me fui de Asturias era lo que el INEM llama un parado de larga duración, así que, previsoramente, me llevé un traje y una corbata en la maleta. Vi que había posibilidades de encontrar trabajo en Dublín, así que llamé a mis padres para decirles que no iba a tomar el avión de vuelta, y creo que fue una de las noticias más indigestas que recibieron nunca», explica José Ramón Pérez. Al principio fue bastante duro, sin trabajo y sin dinero, en una ciudad en la que no conocía a nadie y como dice «extremadamente cara, con una cultura celta influenciada por la anglosajona, y de costumbres y características ajenas a las mías». Se fue a la capital irlandesa a «la aventura de buscar trabajo», envió su currículo a varias empresas, una de ellas para un puesto que vio por internet como administrador de contratos en Google. Tras tres entrevistas, la primera con una persona, la segunda con dos y la última una videoconferencia con una persona de EE UU, entró a trabajar para el mejor buscador de la historia de internet: «Cuando una agencia de publicidad o un anunciante realiza un contrato de AdWords, Google Maps, YouTube o cualquier otro producto de Google, nosotros lo recibimos, comprobamos los datos y el contenido y damos el visto bueno. Se puede decir que mi complicada firma aparece en contratos de Europa, Oriente, África, Australia, Nueva Zelanda…».
Ha tenido compañeros de trabajo que han estado de Erasmus en Oviedo o que han recorrido en norte de España, pero generalmente es él quien da las primeras referencias de que existe el Principado: «Un lugar donde llueve menos que en Irlanda, donde hay montañas en vez de colinas y es tan verde como isla Esmeralda». Además de enviar un mail a todos sus compañeros cuando le concedieron a Google el premio «Príncipe de Asturias» de Comunicación, fue en las oficinas de la sede del Buscador donde vivió una anécdota relacionada con la región: «A raíz de apuntar mis datos en la sección de “Asturianos por el Mundo” de LA NUEVA ESPAÑA, se puso en contacto conmigo una chica de Oviedo que también trabaja en Google, en la planta de encima de la mía. Cuando subí a conocerla, me encontré con una gran bandera de Asturias colgando del techo».
Lleva cinco años fuera del Principado, cuatro de ellos en Dublín y uno, 2007, se lo pasó recorriendo Asia y Oceanía, el que fue para Pérez «el año más corto de su vida». De su viaje por Malasia, Tailandia, Camboya, Vietnam, Laos, Nueva Zelanda, Australia, China, Mongolia, Nepal, India y Birmania guarda numerosos recuerdos, anécdotas y experiencias positivas y negativas, las primeras superan a las segundas. 365 días dentro de su mente y enmarcados en incontables fotografías, añade que «en España este tipo de viajes son considerados como un mero año sabático, en la cultura empresarial anglosajona, es muy valorado, profesionalmente hablando».
Lo que más echa de menos de la región, que suele visitar dos veces al año (en navidades no falla), es la familia y los amigos, pero «lo compenso con llamadas semanales y con unos buenos amigos que he hecho aquí». Por otro lado, la comida: «La sociedad irlandesa está muy influida por la gastronomía inglesa y por la tradicional precariedad de los cultivos, que condicionan los platos. Aunque recomiendo fervientemente el “irish breakfast” y el “irish stew”». A finales de abril finaliza su contrato de once meses y baraja tres posibilidades: «Aceptar que me hagan fijo, viajar durante otros seis o nueve meses, o volver a España, mi madre se quedó viuda en julio de 2006 y soy hijo único así que he de buscar una solución para atender a su cuidado».
De su ciudad de adopción, Dublín, José Ramón Pérez destaca la zona céntrica: «Cuenta con calles que, cómodamente, se pueden recorrer a pie, lo cual es una ventaja dado el caótico tráfico; lo peor, el clima, es frío o lluvioso, con un verano que consiste en cuatro días sueltos por mayo». Los irlandeses son simpáticos y abiertos, más que hace pocos años: «Este es un país que ha pasado de cultivar patatas y mandar a sus hijos a buscarse la vida en el extranjero, a “cultivar” chips y convertirse en sede europea de multinacionales de todo tipo. Con ello ha llegado una riqueza desconocida, la mano de obra extranjera y el aumento de la población inmigrante. Es una mezcla de diplomados muy preparados y obreros sin conocimiento del inglés. Hay cerca de 4 millones y medio de personas en la República de Irlanda, un 10% son extranjeros. No me gusta generalizar, pero las nuevas generaciones son más materialistas, tal y como suele ocurrir cuando no se han vivido carencias, pero siguen siendo eminentemente viajeros».
Su visión del Principado es «periférica, no sólo en lo geográfico, sino también en lo político. Madrid sigue dictándole a Oviedo cómo se hacen las cosas, más de una vez se nos ha sacrificado, en infraestructuras y en inversiones, en beneficio de otras comunidades, con mayor interés para la política estatal del partido gobernante de turno. Dentro de Asturias, desgraciadamente, parece que cada Ayuntamiento también mira, legítimamente, por sus intereses, pero lo hace en detrimento de una idea de Asturias que vaya más allá de las monteras piconas y la sidra». Una de las soluciones que propone es que «los políticos miren más allá de Pajares y de su ombligo»: Considera necesaria «la llegada de una clase política a la altura de lo que se merece la región, este podría ser el primer paso para crear la estructura empresarial y legislativa, que es realmente la que crea empleo, riqueza y da valor tangible a las aspiraciones de los asturianos».
El Mundo por Montera
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