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Versión Completa: Ley d'hont y voto en blanco: una bendicion para PP y PSOE
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Cyberxanin
CITA(El llobu @ Jun 6 2007, 07:53 PM) *
Cree esti llobu que si sólo votasen los militantes de los dos partíos y el restu españoles abstuviérase o votara en blancu, seguiríen ufanándose del apoyu del pueblu y de seguir manteniendo los escaños correspondientes... y por supuestu mintiendo a voz en gritu que gobernarán o faeran una oposición (dependiendo del casu) pa tolos españoles.

Saludos d'esti llobu.

Está de acuerdo que el abstencionismo es una causa perdida... siempre les quedaría decir que la abstención es por no votar a los Otros.
Queco Jones
Sacado de "La voz de Asturias" de hoy :

El voto en blanco del concienciado desencantado sigue ganando adeptos

10/06/2007

A la abstención en Asturias, que siempre ha estado más de dos puntos por encima de la media de otras comunidades autónomas, hay que sumarle el cada vez mayor peso del voto en blanco, la opción de aquellos que se molestan en acudir a sus colegios electorales con el sobre vacío porque ninguna papeleta colma sus aspiraciones. El 27-M el 2,4% del electorado en los comicios autonómicos depositó este voto de castigo a los partidos tradicionales; en concreto fueron 14.458 personas las que ejercieron el voto activo del desencanto, bastantes más que los menos de 4.000 votos que le sacó el PSOE al PP para proclamarse ganador en las urnas .


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DAVID FLOREZ BORGE : "No me gustaba ningún político"

10/06/2007


--Por qué no ha votado el pasado 27 de mayo?

--Ninguno de los candidatos que se presentaban me gustaba; creo que se preocupan más de ellos mismos que de Grado.

-- Acudió a las urnas en los anteriores comicios?

--Tampoco. Entonces era un crío y no sabía muy bien de qué iba lo de la política. Y ahora que me siento más involucrado estoy un poco desencantado de todo esto, y eso que solo tengo 25 años.


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VANESSA : "Ningún partido me convence"

10/06/2007


-- Cuál ha sido la razón por la que no ha ido a votar el pasado 27-M?

--La razón fundamental es que no hay ningún partido que me convenza para ir a votarle.

-- No te llega ninguna fuerza?

La verdad es que, ahora mismo, no dan salida a los problemas que yo tengo ahora.

-- Qué no le gusta de las ofertas políticas?

--Sus promesas buscan solo los votos pero no piensan en los ciudadaos, tan solo interesa el resultado de la urna.

-- Cuál sería la solución para que gente descontenta, como usted, vaya a votar en las siguientes elecciones?

--Que piensen más en las necesidades reales de la gente. Por ejemplo, en mi caso, que se preocupen más por los problemas de la juventud en temas como, por ejemplo, las condiciones laborales, las becas o el transporte.


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MIGUEL DE LEON : "No creo en la política"

10/06/2007


-- Por qué no fue a votar en las pasadas elecciones?

--La verdad es que no estoy de acuerdo con los grupos políticos. Me parece un despropósito.

-- No le convence ninguno?

--No creo en la política ni en los políticos.

-- Qué deberían hacer según usted las fuerzas políticas para volver a ilusionar a los ciudadanos?

--Yo creo que deberían hacer más propuestas y deharse de tantas críticas. Lo único que hacen es criticarse unos a otros porque, en realidad, lo único que quieren es conseguir los votos de los ciudadanos pero sin ofrecer nuevas iniciativas.

-- Cuál es su filosofía de cara a las elecciones generales del año que viene?

--La misma que para los pasados comicios. A nivel nacional todavía me parece más cachondeo, así que tengo claro que tampoco voy a ir a votar.


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NENE GONZALEZ : "No me gusta la política"

10/06/2007


NENE GONZALEZ

-- Cuál es la razón fundamental por la que no haya ido a votar?

--Tengo dos motivos: uno porque no me gusta la política y otro porque el día de las elecciones tenía un dolor de huesos enorme.

-- Cuál es el fallo de los grupos políticos para que tanta gente se abstenga?

--A mí como jubilado no me llena ni el PP ni el Pepa . Todos tiran por el capitalismo. Para que yo vote, por ejemplo, deberían subir las pensiones.


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LUIS FERNANDO GARCIA : "No voto desde 1982"

10/06/2007


LUIS FERNANDO GARCIA

-- Por qué no se acercó a las urnas el pasado 27 de mayo?

--No voy a votar desde el año 1982. Una de las razones es porque la política de izquierdad de ahora no es como la de antes. Algunos candidatos municipales valen pero la mayoría no.

-- Qué va a hacer en las elecciones generales del año que viene?

--Lo mismo que en estas pasadad autonómicas y municipales. No me convencen los que se presentan. Además estoy en contra de la discordia.


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MARIA JESUS LASTRA : "No mira para el ciudadano"
10/06/2007


-- Por qué no ha votado?

--Todos los políticos son iguales. Todos prometen y no hacen nada, la política que se la queden ellos. Porque el que sale solo va a mirar para su bolsillo, no para el ciudadano.

-- Y si le dicen que entonces no tendrá derecho a quejarse?

--En realidad da igual que te quejes que no. Porque los que votan podrían quejarse si no se cumplen las propuestas pero nadie les hace caso.

-- No hubiera sido mejor votar en blanco?

--Quizá sí, pero creo que ni así pienso cambiar de parecer. Si tu voto va a la mayoría y luego las demás fuerzas políticas hacen pacto para evitar que gobierne, da un poco igual.

--No es amiga de pactos, tampoco.

--No me convencen. Puedes ser de derechas o de izquierdas pero si das tu voto a una opción que luego se junta con otra que tú no has votado y no quieres que se unan, no te están respetando. No lo veo normal.



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FEDERICO GONZALEZ : "Eran los mismos"

10/06/2007


-- Por qué no se acercó a las urnas en las pasadas elecciones?

--Me lo estuve pensando. No estaba seguro si ir a votar o no. Al final, lo dejé pasar porque en realidad me daba lo mismo porque siguen presentándose los mismos de siempre.

-- Ninguno de los candidatos ni de los partidos le animaba a ejercer el voto?

--La verdad es que no. No había ninguno que realmente me convenciera como opción de gobierno. Por lo que he visto hasta ahora ninguno de ellos me atraía como para darle mi voto.

--Después de abstenerse en las elecciones, cree que tiene derecho a quejarse por cómo lo hagan los gobernantes en los próximos cuatro años?

--Como seguirán estando los mismos en el gobierno, regional y local, y hasta ahora no me quejaba, supongo que seguiré manteniendo la misma actitud.



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M. CARMEN GUILLEM : "La culpa fue de Correos"

10/06/2007


-- Por qué no acudió a votar el pasado 27 de mayo?

--Me lo pusieron muy difícil en Correos, me dieron toda una serie de inconvenientes y ninguna facilidad para poder votar a distancia. Me hablaron de que incluso tenía que venir el cartero a casa a comprobar algunos datos.

-- Ha sido la primera vez que no ha ejercido el derecho a voto?

--En los anteriores comicios fue cuando me pusieron estos inconvenientes, así que en esta ocasión ni siquiera lo intenté.

-- Si hubiera estado en la ciudad en la que está empadronada, hubiera participado en las elecciones?

--Sin duda hubiera ido a mi colegio electoral, como siempre lo he hecho hasta ahora.

-- Cree que su decisión ha tenido repercusión en los resultados?

--Por eso mismo lo hice, pensé que un voto más o menos tampoco iba a hacer mucho.

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AURELIANO FERNANDEZ GARCIA : "Yo no iba a decidir nada"

10/06/2007


AURELIANO FERNANDEZ GARCIA

-- Por qué no fue a votar?

--No tuve tiempo y además mi voto tampoco iba a decidir ningún resultado.


-- Ayudan poco los políticos a la hora de ir a votar?

--Algo de eso hay. Tenían que apoyarse más, pero van unos contra otros en vez de resolver los problemas de la gente y al final los que pagamos el pato somos los contribuyentes. Si se llevaran bien, sería mejor para todos.


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AGUSTIN NOSTI SAN JOSE : "Estoy desengañado"

10/06/2007


AGUSTIN NOSTI SAN JOSE

-- Por no votó en las últimas elecciones municipales y regionales?

--Porque estoy desengañado con la política interior de Siero y de Asturias. En las elecciones generales siempre voto pero en las locales ya no. Los partidos se presentan siempre con promesas interesantes como la ampliación de zonas verdes y la creación de aparcamientos, pero luego no las cumplen.

-- Y los nuevos partidos independientes tampoco le convencieron?

--Tampoco. Ninguno de ellos me inspira confianza.


Buddy
Muy recurrente el "argumento" ese que dices que si no vas a votar no tienes derecho a quejarte...
y la verdad empiezo a estar hasta las narices de él.


Prometo no quejarme si me exoneran de pagar cualquier tipo de impuesto o tasa.
El llobu
CITA(Buddy @ Jun 10 2007, 01:15 PM) *
Muy recurrente el "argumento" ese que dices que si no vas a votar no tienes derecho a quejarte...
y la verdad empiezo a estar hasta las narices de él.


Prometo no quejarme si me exoneran de pagar cualquier tipo de impuesto o tasa.

Los que nun voten tienen tol drechu del mundu a quexase... ellos nun son partícipes de esta mierda de pantomima que llamais democracia, pero sí que tienen que padecela. Los que voten son los que apoyen colos sos votos toda la mierda escontra la que llueu nun quieren que protesten los que nun votaron, y los que voten son los responsables de a quién dan los sos votos y de toles fechoríes que llueu faen.

Saludos d'esti llobu.
Queco Jones
Como dicen Buddy y el Llobu, me dejaré de quejar (o lo pensaré) si me eximen de pagar impuestos para mantener a todos mesos mangantes e impostores a los que no he votado. Objeción fiscal al canto. Pero mientras los políticos locales, autonómicos, generales y demás gandalla que pulula por ahí se mantengan con los impuestos de todos, todos tenemos el derecho (y casi la obligación) de protestar y exigir. Porque el voto, lamento tener que repetirlo, es un derecho, ganado tras el sacrificio de unos cuantos (ver hoy noticias sobre el recuerdo de Juan Muñiz Zapico, Juanín, por ejemplo), y en ningún sitio aparece como una obligación, salvo en la paranoia de unos cuantos adictos a los partidos-mafias que temen, aunque sea de lejos, perder el control y el dominio total sobre la situación.
El llobu
CITA(Queco Jones @ Jun 10 2007, 08:02 PM) *
Como dicen Buddy y el Llobu, me dejaré de quejar (o lo pensaré) si me eximen de pagar impuestos para mantener a todos mesos mangantes e impostores a los que no he votado. Objeción fiscal al canto. Pero mientras los políticos locales, autonómicos, generales y demás gandalla que pulula por ahí se mantengan con los impuestos de todos, todos tenemos el derecho (y casi la obligación) de protestar y exigir. Porque el voto, lamento tener que repetirlo, es un derecho, ganado tras el sacrificio de unos cuantos (ver hoy noticias sobre el recuerdo de Juan Muñiz Zapico, Juanín, por ejemplo), y en ningún sitio aparece como una obligación, salvo en la paranoia de unos cuantos adictos a los partidos-mafias que temen, aunque sea de lejos, perder el control y el dominio total sobre la situación.

Ehí ta Queco. Esti tema, como otros, son redundantes n'esti foru, pero nun por ello dexa de apetecer seguir contestandolos.

Saludos d'esti llobu.
Ángel de León
¿Quién es Dani Arizmendi?
Queco Jones
CITA(Ángel de León @ Jun 11 2007, 11:00 AM) *
¿Quién es Dani Arizmendi?

Votaré cuando...
01/06/2007

Votaré cuando los votos en blanco sirvan para lograr escaños vacíos. Cuando mi buzón deje de llenarse de correo electoral (spam o correo basura). Cuando los políticos cambien lo que harán por el cómo lo harán. Cuando dejen de ocupar minutos de televisión cedidos gratuitamente y que pagamos todos. Cuando dejen de amenazarme con el discurso de: "Si no votas, no podrás quejarte". Cuando algún político reconozca haberse equivocado en una decisión tomada por él. Cuando pueda decidir a qué persona voto y no a qué partido político corrupto. Cuando se instaure la noche de recogida de carteles electorales. Cuando expliquen por qué se gastan lo que se gastan en las noches electorales.

Cuando las auditorías sobre la financiación de los partidos sean públicas y, si es posible, limpias.

Dani Arizmendi

Queco Jones : Dani Arizmendi es el autor de este mensaje, colgado por Raitanucu. A veces, además de preguntar es útil leer los mensajes anteriores, para ver como va el hilo, las opiniones que se van poniendo, las réplicas, aunque es factible también el preguntar cuando no se tiene algo claro. De nada. Saludos
raitanucu
Editorial.
La abstención en Asturias y el análisis de los expertos
11/06/2007

El ejemplo francés en el duelo Sarkozy-Ségoléne, aunque no es en absoluto equiparable, ha devuelto al ámbito político el debate sobre la participación de los ciudadanos en la elección de sus dirigentes. La fuerte abstención en las recientes elecciones autonómicas y municipales (Asturias fue la segunda comunidad más abstencionista en las primeras, y la décima en las segundas) ha constatado un más que evidente desinterés general entre los españoles por acudir a las urnas. En algunas encuestas postelectorales, o en pequeñas muestras mediáticas, se constatan diferentes argumentos entre los ciudadanos para no haber votado el pasado 27-M. Estos argumentos, por lo general, tienen poco que ver con el análisis de algunos expertos sobre el caso asturiano, publicado ayer en LA VOZ. Las quejas específicas de los potenciales electores hablan de promesas incumplidas o de políticas de pactos contra natura. Mientras, el análisis de sociólogos o catedráticos ven la desidia ante las urnas en un desgaste de los dirigentes y en la ausencia de savia nueva en el panorama político. Sin embargo, existen otro tipo de razones que quizás tengan el mismo o mayor calado que las mencionadas. La ausencia del voto joven es la más palpable. Un voto que coincide con gente que solo ha vivido en democracia, que a menudo confunden la abstención con el voto en blanco y, por lo tanto, la verdadera esencia de la participación democrática.

En Asturias, al margen de estrategias y añadiendo el necesario compromiso de los dirigentes, las mayor parte de las fuerzas políticas, comenzando por la ganadora, realizaron los esfuerzos pertinentes en la llamada a las urnas. Por más que el sistema electoral pueda o no favorecer o beneficiar a unos u otros por diversos motivos, a los líderes políticos les gusta ganar con el mayor respaldo posible y si está acompañado de una participación notable, más aún. Es cierto que entre la clase política asturiana no hay un intercambio en los puestos de responsabilidad. Habrá que preguntarse también si hay banquillo , por el mismo motivo que el joven se abstiene preocupantemente. La conciencia política del ciudadano ha variado. No es la misma que en los años de la transición y la postransición. Está interpretación, salvo contadas excepciones, es trasladable al resto del país, y esas excepciones se dan fundamentalmente en comunidades demográficamente más amplias y económicamente más avanzadas. En Asturias, la dura reconversión y el cambio profundo de estructuras e instrumentos de modernización ha comenzado hace muy pocos años. Quizás por ello exista cierto contrasentido entre el análisis de los expertos y la opinión de los ciudadanos abstencionistas. Que la participación es la mayor de las garantías del sistema es indudable, pero a la hora de analizar las consecuencias o las intenciones de la abstención y el voto hay que reflexionar con seriedad y tener en cuenta que el desapego a las urnas es siempre peligroso.


El llobu
CITA(raitanucu @ Jun 12 2007, 12:00 AM) *
Editorial.
La abstención en Asturias y el análisis de los expertos
11/06/2007

... pero a la hora de analizar las consecuencias o las intenciones de la abstención y el voto hay que reflexionar con seriedad y tener en cuenta que el desapego a las urnas es siempre peligroso.

Endios... hai que tener cara... peligroso diz...

Munchu más peligroso ye da-y el votu a un partiu políticu...

Saludos d'esti llobu.
Ángel de León
huh.gif
CITA(Queco Jones @ Jun 11 2007, 12:27 PM) *
CITA(Ángel de León @ Jun 11 2007, 11:00 AM) *
¿Quién es Dani Arizmendi?

Votaré cuando...
01/06/2007

Votaré cuando los votos en blanco sirvan para lograr escaños vacíos. Cuando mi buzón deje de llenarse de correo electoral (spam o correo basura). Cuando los políticos cambien lo que harán por el cómo lo harán. Cuando dejen de ocupar minutos de televisión cedidos gratuitamente y que pagamos todos. Cuando dejen de amenazarme con el discurso de: "Si no votas, no podrás quejarte". Cuando algún político reconozca haberse equivocado en una decisión tomada por él. Cuando pueda decidir a qué persona voto y no a qué partido político corrupto. Cuando se instaure la noche de recogida de carteles electorales. Cuando expliquen por qué se gastan lo que se gastan en las noches electorales.

Cuando las auditorías sobre la financiación de los partidos sean públicas y, si es posible, limpias.

Dani Arizmendi

Queco Jones : Dani Arizmendi es el autor de este mensaje, colgado por Raitanucu. A veces, además de preguntar es útil leer los mensajes anteriores, para ver como va el hilo, las opiniones que se van poniendo, las réplicas, aunque es factible también el preguntar cuando no se tiene algo claro. De nada. Saludos

Lo siento D. Queco. El foro tiene muchos comunicadores y unas veces me da tiempo a leerlo todo y otras no. Entonces, claro está, se me pasa el "hilo". Además, cuando contesto a alguien, como suelo hacerlo con muchos, no me acuerdo bien donde contesté o pregunté. Aunque no lo crea no me muevo bien con este cacharro y pierdo tiempo. Por otro lado me gusta contestar a casi todos y no tengo tiempo. Gracias por la respuesta.
Buddy
CITA(raitanucu @ Jun 12 2007, 12:00 AM) *
Editorial.
La abstención en Asturias y el análisis de los expertos
11/06/2007

(...)

Que la participación es la mayor de las garantías del sistema es indudable, pero a la hora de analizar las consecuencias o las intenciones de la abstención y el voto hay que reflexionar con seriedad y tener en cuenta que el desapego a las urnas es siempre peligroso.



Resumiendo : ¡Que viene el coco! (O el hombre del saco...)
El llobu
CITA(Buddy @ Jun 12 2007, 12:27 PM) *
CITA(raitanucu @ Jun 12 2007, 12:00 AM) *
Editorial.
La abstención en Asturias y el análisis de los expertos
11/06/2007

(...)

Que la participación es la mayor de las garantías del sistema es indudable, pero a la hora de analizar las consecuencias o las intenciones de la abstención y el voto hay que reflexionar con seriedad y tener en cuenta que el desapego a las urnas es siempre peligroso.



Resumiendo : ¡Que viene el coco! (O el hombre del saco...)

... o el llobu.

Saludos d'esti llobu.
Queco Jones
Apúntenme a la abstención
POR CARLOS HERRERA
EL ánimo de los votantes, de forma cíclica, sufre importantes embestidas tras cualquier proceso electoral. La ley española permite que partidos como el de María Antonia Munar, Unió Mallorquina, controle Consejos insulares, vicepresidencias de gobiernos, alcaldías como la de Palma y consejerías importantes con tan sólo el 6,75% de los votos. Quién da más. O quién es capaz de llevarse más por menos. Va a colocar a todo su partido, que cabe en una pequeña flotilla de taxis, y va a seguir viviendo del cuento de los goznes durante cuatro años más. A la hora de redactar este artículo aún no ha decidido con quién va a gobernar, pero no hay que ser un lince para saber que, sea quien sea el elegido, lo hará con quien más le dé. Estamos ante el mercadeo electoral sin límite. Ante ello, ¿cómo no va a desanimarse el votante? ¿cómo no va a crecer la abstención? El lamentable espectáculo de los dos grandes partidos haciendo crecer la puja en la subasta por hacerse con el amor de la sirenita mallorquina nos deja de bruces ante la desalentadora realidad de la política española: auténticos perdedores, vividores de la política, se convierten en los vencedores inapelables de aquellos comicios a los que acuden a participar unos votantes cada día más abatidos, más alejados del compromiso electoral. Navarra como ejemplo colindante: Fernando Puras, el que decía que nunca se postularía como candidato a la presidencia del Gobierno Foral si resultaba elegido como tercera fuerza política, está acabando de urdir un peligroso pacto con Nafarroa Bai que le va a proporcionar, precisamente, la presidencia de ese gobierno. ¿Cómo vamos a creerle cuando asevera que bajo ningún concepto consentirá alterar el actual estatus de la Comunidad? Argumenta el socialista que, lo que se dice quedar, él quedó el segundo ya que los nafarroes son, en realidad, una coalición de partidos y no un partido en sí; se queda tan pancho después de insultar la inteligencia de los que le votan y la de los que no le votan. En virtud de esa excusa de mal pagador, Puras está dispuesto a abrir una puerta que luego ya será muy difícil cerrar: una vez puesto el pie nacionalista e independentista en las instituciones veremos cuán complicado será deshacer el camino emprendido por unos gestores que tienen en la subvención y el amiguismo uno de los pilares de su ejecutoria.
Rodríguez Zapatero, el presidente en cuya cabeza cabe un «tío vivo» dando vueltas de forma indefinida, calcula a estas horas los riesgos de dar el visto bueno a esa unión temporal de empresas políticas: en caso de no arriesgarse podrá sortear las próximas elecciones generales sin tener que responder por tamaño desafío, pero en el caso de aprobar la coalición gubernamental deberá afinar la máquina de justificaciones para explicar a la población española que su idea es que Navarra siga siendo lo que es hoy en día. Si el presidente abriga la esperanza de recuperar las negociaciones con ETA después de una supuesta victoria en las generales deberá, previamente, bendecir la constitución de un gobierno con los troyanos de Nafarroa, lo cual comportará ciertas dificultades didácticas y algún que otro previsible contratiempo electoral. Pero desengáñense: Rodríguez cree que una España confederal, con la debida copia vasca del estatuto catalán y la incorporación de Navarra a mayor gloria de la patria vasca, calmará suficientemente a la fiera como para recuperar un proceso al que nunca va a renunciar mientras sea candidato a algo. De ahí desistir a que su Juanfer de su alma presida el gobierno canario, que le queda tan lejos, con tal de que sus planes generales se cumplan. La ley electoral juega a su favor y le permite que los perdedores se conviertan en gestores de miles de millones de lo que sea.
Ante escenarios como los descritos, la mayoría de ciudadanos experimenta el inevitable cansancio escénico de aquellos que son invitados a la fiesta sin poder después saborear las viandas. Todo es una componenda de mediocres y una pequeña estafa de interpretadores de votos libres. Se pregunta el ciudadano: ¿Y quién le ha dicho a usted que interprete mi voto?. Le responde el político: la ley que yo no quiero cambiar. Entretanto, la abstención crece. ¡No va a crecer!
raitanucu
El PP no sabe bailar y el PSOE se acuesta con todas
Antonio Pérez Henares
15/06/07

En las municipales y autonómicas el PP ganó la batalla del voto . El PSOE empezará a ganar el sábado con la constitución de los ayuntamientos la del poder. Considera que ya tiene en el zurrón, y le habrá arrebatado al PP diez capitales de provincia al PP, una por votos de mayoría absoluta, Las Palmas de Gran Canaria, y nueve a través de pactos: Toledo y Jaén (con IU) Orense (con BNG), Vitoria (con el PNV) León (UPL, leonesistas), Logroño (PR , regionalistas, Cáceres y Soria con IU y ex PP y Palma de Mallorca con I.U, ERC, Verdes y U.M.. De ellas, solo ha sido la lista más votada en Vitoria, Jaén, León y Soria. En el resto, el PP se ha quedado a un solo escaño de la mayoría absoluta. Los populares sólo han logrado, por su lado, conquistar Cuenca y Guadalajara.

A ello quieren unir algunas diputaciones, la más sorprendente de las pactadas es la de Almería con el disidente del PP y alcalde de El Ejido, Enciso, al que ellos mismos calificaron cuando los incidentes racistas de hace años de fascista y xenófobo. La caza mayor con que se completará la operación será auparse también a la presidencia de la comunidades autónomas de Navarra y Baleares. Dan por perdida Canarias, donde a tenor de los votos era la única de las tres donde tenían la legitimidad de una victoria en las urnas. Todo un sarcasmo y la prueba de nuestro perverso sistema electoral.

Los populares han demostrado, una vez más, su torpeza y falta absoluta de cintura ya no para establecer pactos, (serían inauditos con IU, ERC o BNG, pero otros serían más que factibles), sino para hacerse con toda suerte de enemigos de sus cercanías ideológicas, de regionalistas a nacionalistas moderados, entre los que suelen resultar los más letales los expulsados, enfadados y resentidos de su propio partido. En resumen, que el PP sigue sin aprender a bailar y el PSOE se acuesta con cualquiera.

Porque contemplando el panorama resulta verdaderamente un emponzoñamiento de los principios de ese partido que pacte con quien sea con el único objetivo del poder y aún a costa de corromper principios esenciales y violentar asuntos trascendentales para la propia estructura y vigencia del propio Estado. Sus pactos con ERC resultan cada día que pasa más vomitivos para su propio electorado, y no van a la zaga los que ahora van a desarrollar -eso está ya atado y bien atado- con los separatistas de Nafarroa Bai ( democráticos, nadie lo duda, pero independentistas y partidarios de la anexión de Navarra a Euskadi, también). Eso tampoco se duda aunque por táctica se oculte no sea que las bases y sobre todo los votantes un día ya no puedan con mas ruedas de molino en el garganchón.

En cualquier caso, el espectáculo es cualquier cosa menos ejemplarizante de nuestro sistema electoral y de nuestra clase política. Personalmente me quedo con esa amargura de que los socialistas van a pactar ajenos a principios en unas operaciones que en un momento más pronto que tarde pasaran una tremenda factura al socialismo. De hecho, aunque ganen poder, situaciones como Navarra o Cantabria donde se han convertido en la tercera fuerza , lo que están perdiendo es cualquier imagen de partido nacional y con un criterio único en toda España. El referente de unidad es el poder central. Pero el día que eso se pierda, el mapa puede saltar en pedazos y el PSOE acabar en auténtica explosión. Me quedo con esa amargura y con otra no menor. En el único sitio donde merecían ocupar el poder, en Canarias, por este aberrante sistema electoral es en sitio que se van a quedar en la oposición.
Queco Jones
Un decálogo contra la abstención
POR MANUEL RAMÍREZ
DESDE hace tiempo andan tanto los políticos como los sociólogos electorales bastante empeñados en el estudio del fenómeno de la abstención cuando, a cualquier nivel, llega la hora de emitir el voto. Esta preocupación corre, habitualmente, por dos caminos. El de acertar con los factores que provocan la abstención (días festivos o no, conveniencia o inconveniencia de los llamados días de reflexión, edad de quienes se abstienen, etc) y, en segundo lugar, aclarar la respuesta, todavía no del todo definitiva, de a qué fuerza o partido político beneficia cierto grado de abstención. Vaya por delante la afirmación de que el fenómeno está estrechamente ligado al sistema electoral vigente (mayoritario o proporcional) y al mismo grado de consolidación que la democracia posea en un país o en otro. Así ocurre que el presidente de los Estados Unidos resulte victorioso con una amplia abstención y eso en nada afecte al sistema establecido. Por el contrario, una alta participación sigue siendo muy conveniente en democracias jóvenes como la nuestra en las que el simple hecho de ir a votar significa un acto de creencia en el régimen vigente.
Pero no deja de ser bastante sospechoso que, concluídas las elecciones aparezca un nada despreciable silencio sobre el tema de la abstención y muy escasa alusión a los votos en blanco y votos nulos. También de ellos se puede deducir alguna que otra conclusión que todos deberían conocer. No suele ser así: se obtienen tantos votos y a gobernar o a pactar. Parece que es lo único que importa. Tanto de los resultados de las últimas elecciones municipales y autonómicas y, en forma más palpable, de las que se dieron al someter a votación la reforma del Estatuto Catalán, no son pocas las líneas que cabría escribir.
A la hora de realizar un intento que agrupe las vías que mejorarían la participación, lo primero que hay que hacer es marginar la cita de aquellas abstenciones debidas a la no creencia en la democracia establecida. No podemos entrar a fondo en estos párrafos en la variedad de causas que originan esa discrepancia con el modelo o la forma de régimen entre nosotros vigentes. Ni muchos menos caer, sin más, en su condena. Continuidad en el aprecio al régimen político anterior y en su forma de «democracia orgánica», republicanos de ayer o de hoy, discrepancia con el principio de la igualdad de voto, ideología anarquista, desprecio intelectual o visceral hacia la política y los políticos, disconformes con el modelo de las autonomías o, simplemente, desilusionados desde bien pronto con lo que hay y con lo que cada uno esperaba. Todo esto está ahí y, naturalmente, lleva a no querer saber nada de procesos electorales. Y pienso que no es tan escaso su porcentaje. Incluso voy más allá. En tanto que ciudadanos y contribuyentes, estos sectores indicados, aunque no voten nunca, deben gozar de cuanto significa la protección de un Estado de Derecho. Son tan ciudadanos españoles como los demás y si discrepan de todo o parte de lo establecido están en su derecho de intentar cambiarlo sin más requisito que el no empleo de la violencia. De aquí que no me parezcan del todo correctas, en algunas afirmaciones políticas, de citar únicamente a «los demócratas» y mucho menos a «los constitucionalistas». No tener fe ciega en la en la establecida democracia representativa no constituye ningún desdoro. Si así no fuera, no tendríamos historia político-constitucional.
Y aclarado este punto, en mi criterio nada baladí, permítame el lector que camine hacia la enumeración sintética de un decálogo que pudiera servir para aminorar la padeciente abstención.
1º Acabar con la existencia de listas cerradas y bloqueadas que tan nula libertad deja al votante a la hora de elegir sus preferencias y que constituyen un excesivo privilegio de los partidos. En la actualidad, esta práctica ocasiona en no pocas ocasiones la abstención de quienes se niegan a dar su voto a determinados nombres impuestos en las listas.
2º Garantizar al elector que, por un medio u otro, terminará gobernando quien mayor número de votos haya obtenido. Los actuales «pactos» posteriores a los comicios no deben, en ningún caso, dar al traste con la voluntad mayoritaria de los votos. Y mucho menos, cuando dichos pactos son el resultado de uniones ideológicamente enfrentadas. Quizá esta garantía conduzca a pensar en la posibilidad de segundas vueltas, tal como ocurre en contextos cercanos, en los que en la primera vuelta se votan tendencias ideológicas y, en la segunda, posibilidades reales de gobernar.
3º Fomento previo, en las campañas electorales, del estímulo para ir a votar y ello a través de medios eficaces. Los enfrentamientos cara a cara en programas televisivos nos parecen de la máxima utilidad.
4º Similar fomento teórico de la utilidad del voto de cada uno, como mayor principio de una democracia. Incluso si se va a votar en blanco, con el que también se refuerza el sistema, aunque se rechacen los nombres propuestos.
5º Incluir en las campañas electorales ofertas concretas, alejando el trasnochado principio de la «lealtad inquebrantables» al partido, que también puede equivocarse en estas ofertas. La verdad, en democracia es siempre relativa, salvo, claro está, en los regímenes totalitarios en que aparece previamente definida por una persona o por un grupo.
6º En esta misma línea, las campañas deben hacer coincidir los principios que se ofertan con las necesidades concretas de cada auditorio. En la etapa de predominio de partidos «cógelo todo», hay que llevar bien estudiado lo que falta o lo que sobra en cada lugar. Cada día tienen menos eco los mítines en que se repite siempre lo mismo. Y mucho menos cuando todo está dirigido a atacar al adversario, sin exponer lo que el partido que se defiende haría en lugar del atacado.
7º Absoluta necesidad de que el votante tenga la garantía del posterior cumplimiento de lo prometido. Estamos ante una de las causas más usadas para justificar la abstención. En el terreno teórico hay que combatir con fuerza la cínica afirmación de que los programas están, precisamente, para no ser cumplidos luego. ¡Bonito legado de un demócrata! Y en el terreno práctico, acabar igualmente con lo de ¡qué más da: todos van a lo mismo! Las diferencias y garantías deben estar plena y previamente expuestas ante los ojos del ciudadano que se acerca a la urna.
8º Abordar en las campañas electorales temas que realmente preocupan y con fuerza al conjunto del país: sanidad, educación, administración, especulación, hemorragia de comisiones con dinero público. ¡Temas pendientes en nuestra democracia desde 1977 hasta nuestros días! Y con unos y con otros.
9º Limpieza ciudadana en los candidatos que cada partido presente. Los ciudadanos conocen bien sus lacras y, por ello y a veces, siente repugnancia por la obligación de tener que votarlos.
Y 10º y como desideratum general y difícil en muchos casos, presentación de candidatos con capacidad de seducir con las intervenciones. Es decir, personas que lleguen pronto al público, por la razón que sea, y que atraigan con su palabra o con su presencia. No hay cosa más aburrida que un candidato repetitivo y sin saber hablar.
Va de suyo que este catálogo requiere formas legales. ¡Ya eshora de que se acometan! Y algo quizá más importante: lo que ahora se ha dado en llamar «voluntad política». De quienes ganan y de quienes pierden. Quien tiene «que ganar» de verdad es la democracia participativa.
MANUEL RAMÍREZ
Catedrático de Derecho Político
El llobu
CITA(Queco Jones @ Jun 18 2007, 04:48 PM) *
Un decálogo contra la abstención
POR MANUEL RAMÍREZ
DESDE hace tiempo andan tanto los políticos como los sociólogos electorales bastante empeñados en el estudio del fenómeno de la abstención cuando, a cualquier nivel, llega la hora de emitir el voto. Esta preocupación corre, habitualmente, por dos caminos. El de acertar con los factores que provocan la abstención (días festivos o no, conveniencia o inconveniencia de los llamados días de reflexión, edad de quienes se abstienen, etc) y, en segundo lugar, aclarar la respuesta, todavía no del todo definitiva, de a qué fuerza o partido político beneficia cierto grado de abstención. Vaya por delante la afirmación de que el fenómeno está estrechamente ligado al sistema electoral vigente (mayoritario o proporcional) y al mismo grado de consolidación que la democracia posea en un país o en otro. Así ocurre que el presidente de los Estados Unidos resulte victorioso con una amplia abstención y eso en nada afecte al sistema establecido. Por el contrario, una alta participación sigue siendo muy conveniente en democracias jóvenes como la nuestra en las que el simple hecho de ir a votar significa un acto de creencia en el régimen vigente.
Pero no deja de ser bastante sospechoso que, concluídas las elecciones aparezca un nada despreciable silencio sobre el tema de la abstención y muy escasa alusión a los votos en blanco y votos nulos. También de ellos se puede deducir alguna que otra conclusión que todos deberían conocer. No suele ser así: se obtienen tantos votos y a gobernar o a pactar. Parece que es lo único que importa. Tanto de los resultados de las últimas elecciones municipales y autonómicas y, en forma más palpable, de las que se dieron al someter a votación la reforma del Estatuto Catalán, no son pocas las líneas que cabría escribir.
A la hora de realizar un intento que agrupe las vías que mejorarían la participación, lo primero que hay que hacer es marginar la cita de aquellas abstenciones debidas a la no creencia en la democracia establecida. No podemos entrar a fondo en estos párrafos en la variedad de causas que originan esa discrepancia con el modelo o la forma de régimen entre nosotros vigentes. Ni muchos menos caer, sin más, en su condena. Continuidad en el aprecio al régimen político anterior y en su forma de «democracia orgánica», republicanos de ayer o de hoy, discrepancia con el principio de la igualdad de voto, ideología anarquista, desprecio intelectual o visceral hacia la política y los políticos, disconformes con el modelo de las autonomías o, simplemente, desilusionados desde bien pronto con lo que hay y con lo que cada uno esperaba. Todo esto está ahí y, naturalmente, lleva a no querer saber nada de procesos electorales. Y pienso que no es tan escaso su porcentaje. Incluso voy más allá. En tanto que ciudadanos y contribuyentes, estos sectores indicados, aunque no voten nunca, deben gozar de cuanto significa la protección de un Estado de Derecho. Son tan ciudadanos españoles como los demás y si discrepan de todo o parte de lo establecido están en su derecho de intentar cambiarlo sin más requisito que el no empleo de la violencia. De aquí que no me parezcan del todo correctas, en algunas afirmaciones políticas, de citar únicamente a «los demócratas» y mucho menos a «los constitucionalistas». No tener fe ciega en la en la establecida democracia representativa no constituye ningún desdoro. Si así no fuera, no tendríamos historia político-constitucional.
Y aclarado este punto, en mi criterio nada baladí, permítame el lector que camine hacia la enumeración sintética de un decálogo que pudiera servir para aminorar la padeciente abstención.
1º Acabar con la existencia de listas cerradas y bloqueadas que tan nula libertad deja al votante a la hora de elegir sus preferencias y que constituyen un excesivo privilegio de los partidos. En la actualidad, esta práctica ocasiona en no pocas ocasiones la abstención de quienes se niegan a dar su voto a determinados nombres impuestos en las listas.
2º Garantizar al elector que, por un medio u otro, terminará gobernando quien mayor número de votos haya obtenido. Los actuales «pactos» posteriores a los comicios no deben, en ningún caso, dar al traste con la voluntad mayoritaria de los votos. Y mucho menos, cuando dichos pactos son el resultado de uniones ideológicamente enfrentadas. Quizá esta garantía conduzca a pensar en la posibilidad de segundas vueltas, tal como ocurre en contextos cercanos, en los que en la primera vuelta se votan tendencias ideológicas y, en la segunda, posibilidades reales de gobernar.
3º Fomento previo, en las campañas electorales, del estímulo para ir a votar y ello a través de medios eficaces. Los enfrentamientos cara a cara en programas televisivos nos parecen de la máxima utilidad.
4º Similar fomento teórico de la utilidad del voto de cada uno, como mayor principio de una democracia. Incluso si se va a votar en blanco, con el que también se refuerza el sistema, aunque se rechacen los nombres propuestos.
5º Incluir en las campañas electorales ofertas concretas, alejando el trasnochado principio de la «lealtad inquebrantables» al partido, que también puede equivocarse en estas ofertas. La verdad, en democracia es siempre relativa, salvo, claro está, en los regímenes totalitarios en que aparece previamente definida por una persona o por un grupo.
6º En esta misma línea, las campañas deben hacer coincidir los principios que se ofertan con las necesidades concretas de cada auditorio. En la etapa de predominio de partidos «cógelo todo», hay que llevar bien estudiado lo que falta o lo que sobra en cada lugar. Cada día tienen menos eco los mítines en que se repite siempre lo mismo. Y mucho menos cuando todo está dirigido a atacar al adversario, sin exponer lo que el partido que se defiende haría en lugar del atacado.
7º Absoluta necesidad de que el votante tenga la garantía del posterior cumplimiento de lo prometido. Estamos ante una de las causas más usadas para justificar la abstención. En el terreno teórico hay que combatir con fuerza la cínica afirmación de que los programas están, precisamente, para no ser cumplidos luego. ¡Bonito legado de un demócrata! Y en el terreno práctico, acabar igualmente con lo de ¡qué más da: todos van a lo mismo! Las diferencias y garantías deben estar plena y previamente expuestas ante los ojos del ciudadano que se acerca a la urna.
8º Abordar en las campañas electorales temas que realmente preocupan y con fuerza al conjunto del país: sanidad, educación, administración, especulación, hemorragia de comisiones con dinero público. ¡Temas pendientes en nuestra democracia desde 1977 hasta nuestros días! Y con unos y con otros.
9º Limpieza ciudadana en los candidatos que cada partido presente. Los ciudadanos conocen bien sus lacras y, por ello y a veces, siente repugnancia por la obligación de tener que votarlos.
Y 10º y como desideratum general y difícil en muchos casos, presentación de candidatos con capacidad de seducir con las intervenciones. Es decir, personas que lleguen pronto al público, por la razón que sea, y que atraigan con su palabra o con su presencia. No hay cosa más aburrida que un candidato repetitivo y sin saber hablar.
Va de suyo que este catálogo requiere formas legales. ¡Ya eshora de que se acometan! Y algo quizá más importante: lo que ahora se ha dado en llamar «voluntad política». De quienes ganan y de quienes pierden. Quien tiene «que ganar» de verdad es la democracia participativa.
MANUEL RAMÍREZ
Catedrático de Derecho Político

Tovía hai demócrates intelixentes, llástima que sean los menos.

Gracies Queco por tan bon artículu.

Saludos d'esti llobu.
HL_NRK
CITA(El llobu @ Jun 18 2007, 05:00 PM) *
CITA(Queco Jones @ Jun 18 2007, 04:48 PM) *
Un decálogo contra la abstención
POR MANUEL RAMÍREZ
DESDE hace tiempo andan tanto los políticos como los sociólogos electorales bastante empeñados en el estudio del fenómeno de la abstención cuando, a cualquier nivel, llega la hora de emitir el voto. Esta preocupación corre, habitualmente, por dos caminos. El de acertar con los factores que provocan la abstención (días festivos o no, conveniencia o inconveniencia de los llamados días de reflexión, edad de quienes se abstienen, etc) y, en segundo lugar, aclarar la respuesta, todavía no del todo definitiva, de a qué fuerza o partido político beneficia cierto grado de abstención. Vaya por delante la afirmación de que el fenómeno está estrechamente ligado al sistema electoral vigente (mayoritario o proporcional) y al mismo grado de consolidación que la democracia posea en un país o en otro. Así ocurre que el presidente de los Estados Unidos resulte victorioso con una amplia abstención y eso en nada afecte al sistema establecido. Por el contrario, una alta participación sigue siendo muy conveniente en democracias jóvenes como la nuestra en las que el simple hecho de ir a votar significa un acto de creencia en el régimen vigente.
Pero no deja de ser bastante sospechoso que, concluídas las elecciones aparezca un nada despreciable silencio sobre el tema de la abstención y muy escasa alusión a los votos en blanco y votos nulos. También de ellos se puede deducir alguna que otra conclusión que todos deberían conocer. No suele ser así: se obtienen tantos votos y a gobernar o a pactar. Parece que es lo único que importa. Tanto de los resultados de las últimas elecciones municipales y autonómicas y, en forma más palpable, de las que se dieron al someter a votación la reforma del Estatuto Catalán, no son pocas las líneas que cabría escribir.
A la hora de realizar un intento que agrupe las vías que mejorarían la participación, lo primero que hay que hacer es marginar la cita de aquellas abstenciones debidas a la no creencia en la democracia establecida. No podemos entrar a fondo en estos párrafos en la variedad de causas que originan esa discrepancia con el modelo o la forma de régimen entre nosotros vigentes. Ni muchos menos caer, sin más, en su condena. Continuidad en el aprecio al régimen político anterior y en su forma de «democracia orgánica», republicanos de ayer o de hoy, discrepancia con el principio de la igualdad de voto, ideología anarquista, desprecio intelectual o visceral hacia la política y los políticos, disconformes con el modelo de las autonomías o, simplemente, desilusionados desde bien pronto con lo que hay y con lo que cada uno esperaba. Todo esto está ahí y, naturalmente, lleva a no querer saber nada de procesos electorales. Y pienso que no es tan escaso su porcentaje. Incluso voy más allá. En tanto que ciudadanos y contribuyentes, estos sectores indicados, aunque no voten nunca, deben gozar de cuanto significa la protección de un Estado de Derecho. Son tan ciudadanos españoles como los demás y si discrepan de todo o parte de lo establecido están en su derecho de intentar cambiarlo sin más requisito que el no empleo de la violencia. De aquí que no me parezcan del todo correctas, en algunas afirmaciones políticas, de citar únicamente a «los demócratas» y mucho menos a «los constitucionalistas». No tener fe ciega en la en la establecida democracia representativa no constituye ningún desdoro. Si así no fuera, no tendríamos historia político-constitucional.
Y aclarado este punto, en mi criterio nada baladí, permítame el lector que camine hacia la enumeración sintética de un decálogo que pudiera servir para aminorar la padeciente abstención.
1º Acabar con la existencia de listas cerradas y bloqueadas que tan nula libertad deja al votante a la hora de elegir sus preferencias y que constituyen un excesivo privilegio de los partidos. En la actualidad, esta práctica ocasiona en no pocas ocasiones la abstención de quienes se niegan a dar su voto a determinados nombres impuestos en las listas.
2º Garantizar al elector que, por un medio u otro, terminará gobernando quien mayor número de votos haya obtenido. Los actuales «pactos» posteriores a los comicios no deben, en ningún caso, dar al traste con la voluntad mayoritaria de los votos. Y mucho menos, cuando dichos pactos son el resultado de uniones ideológicamente enfrentadas. Quizá esta garantía conduzca a pensar en la posibilidad de segundas vueltas, tal como ocurre en contextos cercanos, en los que en la primera vuelta se votan tendencias ideológicas y, en la segunda, posibilidades reales de gobernar.
3º Fomento previo, en las campañas electorales, del estímulo para ir a votar y ello a través de medios eficaces. Los enfrentamientos cara a cara en programas televisivos nos parecen de la máxima utilidad.
4º Similar fomento teórico de la utilidad del voto de cada uno, como mayor principio de una democracia. Incluso si se va a votar en blanco, con el que también se refuerza el sistema, aunque se rechacen los nombres propuestos.
5º Incluir en las campañas electorales ofertas concretas, alejando el trasnochado principio de la «lealtad inquebrantables» al partido, que también puede equivocarse en estas ofertas. La verdad, en democracia es siempre relativa, salvo, claro está, en los regímenes totalitarios en que aparece previamente definida por una persona o por un grupo.
6º En esta misma línea, las campañas deben hacer coincidir los principios que se ofertan con las necesidades concretas de cada auditorio. En la etapa de predominio de partidos «cógelo todo», hay que llevar bien estudiado lo que falta o lo que sobra en cada lugar. Cada día tienen menos eco los mítines en que se repite siempre lo mismo. Y mucho menos cuando todo está dirigido a atacar al adversario, sin exponer lo que el partido que se defiende haría en lugar del atacado.
7º Absoluta necesidad de que el votante tenga la garantía del posterior cumplimiento de lo prometido. Estamos ante una de las causas más usadas para justificar la abstención. En el terreno teórico hay que combatir con fuerza la cínica afirmación de que los programas están, precisamente, para no ser cumplidos luego. ¡Bonito legado de un demócrata! Y en el terreno práctico, acabar igualmente con lo de ¡qué más da: todos van a lo mismo! Las diferencias y garantías deben estar plena y previamente expuestas ante los ojos del ciudadano que se acerca a la urna.
8º Abordar en las campañas electorales temas que realmente preocupan y con fuerza al conjunto del país: sanidad, educación, administración, especulación, hemorragia de comisiones con dinero público. ¡Temas pendientes en nuestra democracia desde 1977 hasta nuestros días! Y con unos y con otros.
9º Limpieza ciudadana en los candidatos que cada partido presente. Los ciudadanos conocen bien sus lacras y, por ello y a veces, siente repugnancia por la obligación de tener que votarlos.
Y 10º y como desideratum general y difícil en muchos casos, presentación de candidatos con capacidad de seducir con las intervenciones. Es decir, personas que lleguen pronto al público, por la razón que sea, y que atraigan con su palabra o con su presencia. No hay cosa más aburrida que un candidato repetitivo y sin saber hablar.
Va de suyo que este catálogo requiere formas legales. ¡Ya eshora de que se acometan! Y algo quizá más importante: lo que ahora se ha dado en llamar «voluntad política». De quienes ganan y de quienes pierden. Quien tiene «que ganar» de verdad es la democracia participativa.
MANUEL RAMÍREZ
Catedrático de Derecho Político

Tovía hai demócrates intelixentes, llástima que sean los menos.

Gracies Queco por tan bon artículu.

Saludos d'esti llobu.


Mmm...Llobu, y si todo eso ocurriera... tariés dispuestu a votar?
El llobu
CITA(HL_NRK @ Jun 20 2007, 05:05 PM) *
Mmm...Llobu, y si todo eso ocurriera... tariés dispuestu a votar?

Mmmmmm... dispuestu nun sería la pallabra. El llobu taría tentau, y en gran midía. Porque con un sistema de llistes abiertes, la política comienza a nun tener sentíu, y comienza a tener sentíu la capacidá de la xente. Les instituciones, colos sos representantes ansina escoyíos, estaríen más llibres de ideoloxía política y más esclaves de la capacidá de los sos ocupantes, lo que ya nun ta tan lloñe de la idea del llobu. Otra cosa que tentaría al llobu sería la seriedá, y si cumpliérase too esi decálogu la seriedá taría presente na democracia.

Pero conociendo al llobu, de xuru que nun diría a votar. Faltaría tovía eliminar la monarquía.

Sólo si el sistema consigue desligase de la idea de democracia, en cuantu a quién detenta el poder políticu, y de tolo que tenga que ver col poder, y se convierte en cualesquier otru sistema, si el sistema necesitase de sufraxos, entós el llobu diría a votar.

Saludos d'esti llobu.
raitanucu
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Viñeta de RAMÓN, ayer:

CITA
HABRÍA QUE IR A UN SISTEMA ELECTORAL A DOS VUELTAS, PERO AQUÍ NO PASAMOS DE PONER AL NUESTRO DE VUELTA Y MEDIA


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Queco Jones
Ley electoral general
POR JOSÉ MARÍA TRÍAS DE BES
EN 1977 pertenecí, junto a otros políticos, a la comisión de la oposición que pactó con el Gobierno preconstitucional y reformista de Adolfo Suárez el contenido de Decreto-Ley del 18 de marzo de 1977 por el que se rigieron las primeras elecciones democráticas en España desde la República, y cuyo treinta aniversario se celebró el pasado día 15 de junio en solemne acto en el Congreso de los Diputados, presidido por los Reyes.
Aquella regulación, por razones obvias de desconocimiento de la realidad política del país y la carencia de una radiografía de partidos y de políticos, se redactó con carácter provisional de urgencia para dotar a España de una estructura política y legislativa democrática de inmediato. Como con frecuencia ocurre en nuestro país con muchos textos regulatorios para circunstancias coyunturales, lo provisional se convirtió con el tiempo en regular. Escogimos, creo que con buen criterio, un sistema electoral que estuviera contrastado en países de nuestro entorno, y se optó por un sistema proporcional corregido con la fórmula de Hont para el Congreso de los Diputados, se primaba la población sobre el territorio y se favorecía a los dos partidos más votados. Para el Senado, se eligió un sistema mayoritario igualitario por circunscripciones provinciales.
Así se optó por una proporcionalidad corregida que nos daría una radiografía real de la voluntad soberana del pueblo español, que, por los cuarenta años de dictadura transcurridos, se desconocía totalmente. También se exigía un mínimo de votos para obtener representación parlamentaria, con la salvedad de Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía, que para aquellos partidos que sólo se presentaran en las circunscripciones provinciales de su ámbito requerían de un número mínimo distinto.
Esta fue la excepción que por aquel entonces introdujimos los partidos nacionalistas para asegurar la presencia en las Cortes Generales de CIU y del PNV, fundamentalmente, puesto que con toda seguridad se abriría después de esas elecciones un proceso constituyente en el que esas fuerzas no podían quedar marginadas.
De ahí que surgieran en las Cortes Generales dos pequeños grupos nacionalistas vascos y catalanes con menos votos que otros partidos de ámbito nacional, pero con mayor número de diputados.
Se plasmó también en la legislación electoral el sistema de listas cerradas y bloqueadas, por seguridad de que en el proceso electoral no podrían llevarse a cabo maniobras de boicot o torpedeo desde fuera. Nadie mejor que los partidos y coaliciones electorales conocían a sus candidatos y candidatas.
Obtenida la primera radiografía electoral, se estaría en condiciones de modificar para mejorar todo el código legislativo electoral. Pero he aquí que aquello que nació con vocación de transitorio se convirtió en perenne, porque nadie desde el poder se atrevió a modificar un sistema que le había llevado a él.
Así se redactaron la primera ley Electoral General y sus varias modificaciones, que se recogieron en la primera Ley Orgánica del Régimen Electoral General, dejando las cosas como estaban: régimen parlamentario bicameral con dos sistemas electorales, el proporcional corregido por la regla de Hont para el Congreso y el mayoritario para el Senado. Treinta años después, seguimos con idénticos principios, ya enraizados en nuestras múltiples regulaciones electorales y en nuestra praxis electoral.
Los estatutos de autonomía han recogido en sus articulados diversos la facultad de redactar nuevas normas electorales, y siempre surge la propuesta de modificar la Ley Orgánica Electoral General para introducir, por lo menos, dos o tres modificaciones que la madurez del sistema podría permitirse; una de ellas, importante, como la de desbloquear las listas electorales, primando a los electores sobre los partidos, canalizadores constitucionales de la actividad política y de la voluntad popular.
Hoy la madurez de los comportamientos electorales y el conocimiento de los personajes políticos a través de los medios y de las nuevas tecnologías permitirían dicho cambio, que al principio hubo que desechar. Otro debate sugiere la controvertida cuestión de introducir una segunda vuelta electoral para el Congreso de los Diputados, que obligaría a los partidos y coaliciones a llegar a acuerdos previos a la segunda vuelta.
Otros cambios podrían también introducirse, pero no creo ser yo el más indicado para sugerirlos. La representatividad proporcional corregida es un buen sistema, siempre que la igualdad electoral se aplique in extenso. ¿Se debería exigir un porcentaje igual para todos para acceder al Parlamento?
Para el Senado, sin embargo, convertido en Cámara de las Autonomías, debería introducirse un sistema que dotase a las CC. AA. de mayor representatividad, bien eligiendo a más senadores por circunscripción o modificando las mismas para adaptarlas a la realidad de las diferentes Comunidades Autónomas.
Además, los ex presidentes de CC. AA. deberían tener escaño vitalicio en el Senado, donde podrían aportar sus experiencias y sabiduría.
Más modificaciones se me ocurren, pero creo que con estas pinceladas queda clara la intencionalidad.
POLLOFRITO
CIERTO.
El sistema español favorece alos grandes partidos. Menos mal siquiera que no tenemos el sisterma mayoritario como francia, donde puedes tener varios milones de votos (FN, LCR...)y no tener un misero diputado nacional. Las circunscripcions provinciales solo hacen acentuar la injusticia de favorecer a los partidos mayoritarios, (en pro he escuchado-leido alguna vez) de la gobernabilidad, al no meter a tropozientos partidos en el parlamente con un partido mayoritario debil. Vale. El caso de italia hasta que modificaron la ley electoral podria servir como ejemplo, habia partidos de todo el arco ideologico, desde los neofascistas hasta los comunistas radicales, pero entre un punto y otro, hay uno intermedio, que pensando, yo, cavilando, podria ser poner las circunscripciones regionales, ahi el reparto seria mas justo. Ademas ¿para que sirve que un diputado sea De caceres, sea elegido en Caceres o en Albacete? En teoria defiende a la provincia que lo ha elejido pero todos sabemos que sus señorias solo atienden a los intereses del partido y tienen que tragar con todo incluso si es contraproducente para la provincia que lo eligió.


El sistema proporcional puro (% de votos,% de escaños), es a estas alturas una quimera, una utopia, los grandes saben bien como jugar y ellos se han preocupado de poner bien claritas las reglas, siempre a su favor. Luego no nos extrañemos de abstenciones brutales.

Tambien es cierto que un voto de Soria no vale lo mismo que uno de Madrid, ya que para elegir un diputado en madrid se necesitan mas votos que para uno de Soria, o de Cuencia, pongamos por caso.

Una de las cosas que nunca se ha tocado mucho que yo sepa, reformado o mejorado, o adaptado a los tiempos es la ley electoral y el sistema electoral, que por otra parte está en la constitucion creo con bastante definicion, asin haber quien es el guapo que intenta modificarla., cosa imposible sin un amplio consenso de los legisladores, usease de los mismos que están en las poltronas de la carrera de San Geronimo gracias a la ley dhont.

Uffff. blink.gif
Yastá.



Queco Jones
DEMOCRACIA ALEATORIA

Andrés Trapiello

¿Se puede mejorar el sistema de representación directa conocido como democracia, basado en el principio de "una persona, un voto"?. Se puede.

La carrera de Bobby Fischer es apasionante. Comparándola con otros maestros del ajedrez mundial, Spassky, Karpov o Kasparov, la suya es legendaria y se hablará de ella mucho tiempo después de que los nombres de sus contrincantes se hayan olvidado para siempre. En realidad se recordarán en tanto se recuerde a ese enigmático genio que apenas conseguido el campeonato mundial de ajedrez, con veintinueve años, desapareció de forma misteriosa. Solo esporádicas apariciones lo han traído a este mundo, una vez para presentar un "reloj Fischer"y otra, en 1996, para proponer un "Ajedrez aleatorio Fischer". En éste, "las piezas mayores se sitúan en posiciones aleatorias en la fila de salida, siguiendo ciertas reglas relativas a los alfiles y las posibilidades de enroque. Existen 960 posibles posiciones de salida, ,lo cual hace que los conocimientos tradicionales sobre aperturas sirvan de poco a los jugadores de esta variante del ajedrez".

Es irrebatible que la democracia es el mejor de los sistemas políticos conocidos, pero no quiere decir ello que no pueda ser perfeccionado. Hace unos años presenciamos, en un día de votaciones, cómo los aprientes de un pobre retrasado le ponían una papeleta en la mano, ante su incapacidad de discernir entre todas las que tenía delante. el sistema se basa precisamente en eso : pesea a no ser todos iguales, nuestro voto vale y contabiliza lo mismo : el voto aquilatado tanto como el improvisado, el consciente tanto como el falto de raciocinio, para lo que hay que tener unas arraigadas convicciones democráticas, dicho sea de paso.

La modesta propuesta de uno en realidad no altera el principio "una persona, un voto". Lo que se alteraría sería la dirección de éste (y dejamos ahora de lado la justísima aspiración a un voto ponderado en listas abiertas, que con tanta sospechosa y terca casuística rechazan los políticos). Debería estarnos permitida la posibilidad de poder votar no solo a favor de tal o cual partido o candidato, sino la de poder votar.... en contra. Cuanta mayor sea la ponderación, más perfecto será el sistema. Acaso ayudará a indecisos, quizá acabara con el abstencionismo. A menudo no hay una opción que nos convenza, pero sí otra que merecería nuestra censura explícita. El pensamiento negativo ha dado origen a muchas situaciones positivas. se presentan la opción A y la B. Ninguna nos agrada, incluso ambas nos repugnan. ¿No deberíamos tener la posibilidad de votar en contra de A o de B?. Ünicamente tendríamos que ponernos de acuerdo en la contabilidad de esos votos negativos. Como negativo sería razonable que no valiera lo mismo que uno positivo. Por ejemplo : dos negativos contra A inutilizan uno positivo de A. Piensen en ello. Las posibilidades se multiplicarían de forma interesante, suprimien do el llamado "mal menor", o sea, votar a A para frenar a B. Pues uno, que ha votado (con el llamado voto útil)A porque aún le parecía peor B, está harto de ver como los de la opción A se pavonean ante los de B por los votos obtenidos de gentes inadaptadas como yo.


raitanucu
CITA(Queco Jones @ Jul 10 2007, 08:47 AM) *
DEMOCRACIA ALEATORIA

Andrés Trapiello

¿Se puede mejorar el sistema de representación directa conocido como democracia, basado en el principio de "una persona, un voto"?. Se puede.

...//...

La modesta propuesta de uno en realidad no altera el principio "una persona, un voto". Lo que se alteraría sería la dirección de éste (y dejamos ahora de lado la justísima aspiración a un voto ponderado en listas abiertas, que con tanta sospechosa y terca casuística rechazan los políticos). Debería estarnos permitida la posibilidad de poder votar no solo a favor de tal o cual partido o candidato, sino la de poder votar.... en contra. Cuanta mayor sea la ponderación, más perfecto será el sistema. Acaso ayudará a indecisos, quizá acabara con el abstencionismo. A menudo no hay una opción que nos convenza, pero sí otra que merecería nuestra censura explícita. El pensamiento negativo ha dado origen a muchas situaciones positivas. se presentan la opción A y la B. Ninguna nos agrada, incluso ambas nos repugnan. ¿No deberíamos tener la posibilidad de votar en contra de A o de B?. Ünicamente tendríamos que ponernos de acuerdo en la contabilidad de esos votos negativos. Como negativo sería razonable que no valiera lo mismo que uno positivo. Por ejemplo : dos negativos contra A inutilizan uno positivo de A. Piensen en ello. Las posibilidades se multiplicarían de forma interesante, suprimien do el llamado "mal menor", o sea, votar a A para frenar a B. Pues uno, que ha votado (con el llamado voto útil)A porque aún le parecía peor B, está harto de ver como los de la opción A se pavonean ante los de B por los votos obtenidos de gentes inadaptadas como yo.


blink.gif
Necesario es, desde luego, modificar la ley electoral... pero no hasta convertir el voto poco menos que en una misión imposible que requiera, como mínimo, de una titulación superior. Su propuesta es divertida y probablemente se conseguiría con ella unos resultados más ponderados... unsure.gif como también entra dentro de lo posible que los resultados fueran precisamente todo lo contrario. No me quiero ni imaginar, además, cómo se desarrollaría la campaña electoral. wacko.gif
Queco Jones
Necesario es, desde luego, modificar la ley electoral... pero no hasta convertir el voto poco menos que en una misión imposible que requiera, como mínimo, de una titulación superior. Su propuesta es divertida y probablemente se conseguiría con ella unos resultados más ponderados... como también entra dentro de lo posible que los resultados fueran precisamente todo lo contrario. No me quiero ni imaginar, además, cómo se desarrollaría la campaña electoral.


Queco Jones : Pero no me digas que nunca habías imaginado una cosa similar. ¿No?, pues yo si. Y me pasa constantemente, lo mismo que ir a colgar algún artículo y ver que el amigo Raitanucu lo había hecho ya. y en el foro correspondiente, se ve que se molesta en buscar donde encaja cada artículo u opinión. En lo de este artículo de Trapiello, algo así tengo yo barruntado, hasta que él lo ha plasmado en un artículo. Artículo, por otra parte, en la línea del autor, muy recomendable.

Saludos
raitanucu
CITA(Queco Jones @ Jul 10 2007, 11:04 AM) *
Queco Jones : Pero no me digas que nunca habías imaginado una cosa similar. ¿No?, pues yo si. Y me pasa constantemente, lo mismo que ir a colgar algún artículo y ver que el amigo Raitanucu lo había hecho ya. y en el foro correspondiente, se ve que se molesta en buscar donde encaja cada artículo u opinión. En lo de este artículo de Trapiello, algo así tengo yo barruntado, hasta que él lo ha plasmado en un artículo. Artículo, por otra parte, en la línea del autor, muy recomendable.

Por imaginar... sólo que no alcanzo el "maquiavelismo" del articulista ni, al parecer, de Queco Jones. Yo soy más simplón. mellow.gif


cool.gif
Queco Jones
No se si hay maquiavelismo o no, sencillamente me llamó la atención que alguien se devanara las meninges reflexionando sobre lo que explica Trapiello de los partidos o candidatos A y B. Por ejemplo, cuando termina con "Pues uno, que ha votado (con el llamado voto útil) A porque aún le parecía peor B, está harto de ver como los de la opción A se pavonean ante los de B por los votos obtenidos de gentes inadaptadas como yo", pensamiento que comparto totalmente. En todas la elecciones hay candidatos o partidos (A o B, da igual), que agitan cientos de miles de votos como afines o fieles a sus principios o programas, cuando en realidad son el "mal menor", un "voto a A, que no me convence, porque B es aún peor". Y lo del "voto negativo" tampoco es tan extraño, de una manera u otra, además de votar por A, B o C, estamos votando "contra" D o E, pues hagámoslo directamente. ¿Tres votos negativos anulan uno positivo, por ejemplo?. No me parece tan mal, estoy mucho más dispuesto, se con mucha más exactitud quien no quiero que me gobierne que quien sí quiero que lo haga.
Cyberxanin
El voto negativo ya se propuso por estos lares hace un tiempo.
raitanucu
CITA
Votos electorales y porcentajes
La propuesta de que gobierne siempre la lista más apoyada es incuestionablemente inconstitucional.

02/09/2007 JOSE ANTONIO Martín Pallín

Los especialistas en sistemas electorales no terminan de encontrar la fórmula adecuada para que los representantes de los ciudadanos encarnen, de manera mimética y exacta, la voluntad de los electores. Los países democráticos han debatido arduamente sobre el sistema más genuinamente representativo.

Las críticas a nuestra ley electoral no provienen de la técnica de recuento, sino de la existencia de circunscripciones baratas en la relación voto-diputado y de la permanencia de las listas cerradas. No es el momento de abordar en un trabajo periodístico los ajustes e incluso las sustituciones por otros sistemas electorales.

El Instituto Nacional de Estadística elabora el censo de votantes para cada llamamiento electoral. Las listas de las elecciones generales abarcan la totalidad de ciudadanos que, teniendo la plenitud de sus derechos cívicos, pueden entregar su voto en las urnas. Su voluntad, unida a la de otros muchos, determinará el grado de aceptación de ofertas electorales de los partidos políticos que han solicitado el voto para las listas que, previamente, en un proceso poco democrático, han elaborado utilizando criterios más que discutibles.


LA DIVERSIDAD sociológica e ideológica del censo electoral es prácticamente infinita. El más variado mosaico humano se puede observar en cada convocatoria electoral. Sus piezas se componen de segmentos de edad, actividades profesionales, opciones sexuales, creencias religiosas o convicciones éticas y valores ciudadanos tan denostados por los fundamentalistas católicos. No quedan fuera de estos fragmentos las opciones, matizadas por un cierto pragmatismo que no siempre hace coincidir el voto con la idea. El cómputo del total de votantes nos da la cifra de partícipes. Algunos han ejercido su derecho inutilizando su papeleta o depositándola en blanco para mostrar su desconcierto o desánimo. Los votos son la muestra individual y la cuota indivisible de la soberanía popular y han sido entregados a los políticos para su custodia y administración.

Resulta perturbador para la consolidación de la conciencia democrática comprobar que las cifras y porcentajes se manejan sin ocultar estrategias alejadas de los núcleos de las voluntades o ideas que acompañaban al voto.

En mi opinión, el sistema de segunda vuelta podría ser incompatible con los valores y derechos constitucionale s. Reducir la opción a dos alternativas deja fuera del campo electoral a múltiples posiciones minoritarias, que ven mermadas sus posibilidades de acceder a los órganos representativos y de participar en la vida pública.

La fijación de un porcentaje mínimo para formar grupo parlamentario sirve para evitar una excesiva fragmentación de las escalas parlamentarias. Fuera de este corte selectivo, nada es admisible en detrimento del ejercicio de la libertad de voto y del derecho constitucional a la participación democrática en el acceso a cargos públicos. Nuestra Constitución es eminentemente participativa, por encima de fórmulas que recorten el derecho fundamental de nuestro sistema representativo, periódicamente renovado.

Las posiciones favorables a que gobierne la lista más votada me parecen incuestionablemente inconstitucionales. La lista más votada solo representa un factor numérico infinitamente variable. Según los casos, la opción política puede no superar el 20%. No se puede ostentar ningún derecho constitucional con tan exigua cantidad de votos y dejando fuera de toda posibilidad opciones que, sumadas, representan el 80% de la voluntad de los electores. La idea de que solo puedan optar al Gobierno de la nación los que obtengan el 30% es contraria al derecho de participación y al valor superior del pluralismo político. Solamente podrían acceder al Gobierno tres partidos, dejando fuera de toda posibilidad a los grupos minoritarios que no alcanzasen dicho techo.

No creo que la propuesta resista el filtro de constitucionalidad que traza el marco de nuestro sistema. Cuantitativa y cualitativamente, una opción que consiga aglutinar distintas minorías que formen una mayoría, exigua o fuerte, es la única formula que respeta el pluralismo político. Si la alianza se muestra inestable, las salidas están previstas: pasan por la convocatoria de nuevas elecciones. Las crisis políticas son el síntoma de la madurez de la democracia.

La ansiedad por explotar el respaldo a las minorías mayoritarias es la más perfecta expresión de la ambición por el poder, que no es, ni mucho menos, un valor que pueda esgrimirse como paradigma de la normalización y racionalización del funcionamiento de una sociedad democrática. El respeto por las minorías consolida el sistema y da mayor coherencia a la diversidad y pluralidad de una convivencia de la que todos se sienten, en mayor o menor proporción, protagonistas y responsables.

Los sistemas implacablemente mayoritarios producen la desertización ideológica y anulan cualquier posibilidad de establecer un debate enriquecedor entre las diversas tendencias sociales, inevitablemente existentes en las sociedades vivas y con posibilidades de consolidar un futuro siempre enigmático y sorprendente. El porvenir solo está escrito en las conciencias de los que viven de forma apasionada y optimista el presente.

*Magistrado del Tribunal Supremo.



Sahuka
Salud:

La Ley D'homd no funciona por porcentajes.

Lo que verdaderamente favorece a los partidos mayoritarios e que se concedan escaños territoriales (provincias o comunidades) y al no sumar todos los votos obtenidos los partidos pequeños en el territorio nacional puede que nunca lleguen a obtener un escaño, ya que a menor numero de escaños repartidos más ventaja para los grandes.

Lo de que el voto en blanco favorece al partido más votado es una leyenda urbana, excepto claro que todos los que votan en blanco votasen a la 3ª o 4ª fuerza política en discordia, caso en el cual si podría haber algún escaño que bailase.
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