Red Bull, atascado en su propia fiesta
Sin categoría | 9 de Noviembre, 2010
La llamada de Red Bull colapsa la noche paulista, empujones a la puerta de Daslú. Discoteca de diseño para la fiesta de la escudería con coches de otra galaxia. Casting a la entrada, gorilas inflexibles: tú pasas, tú no. El disc jockey exprime los platos, se celebra el título de constructores sin pilotos en el baile. Webber y Vettel no son de juergas, tampoco para festejar lo nunca visto en una escuadra con sólo seis años de carreras en la hoja de ruta. Christian Horner se harta de la cola, aparta una valla, se salta el turno, para algo es el director de la escudería. Confusión entre los porteros. “¿Quién es este tipo?” Llega Adrian Newey, el diseñador de los monoplazas energéticos, el padre de las criaturas. Más jaleo, vuelan manotazos y móviles furtivos graban la escena. No pasa de ahí, es una noche alegre. Todos adentro y santas pascuas, hay más motivos de alegría que de bronca.
El primer trofeo está en casa, prestigio en las carreras y dinero para la caja, 100 millones de dólares a favor de la casa. Presupuesto arreglado y gran noticia para Dietrich Mateschitz, que paga la fiesta de la Fórmula 1.
Triunfar en el baile de Abu Dabi sería la guinda. Pero llegan con una guerra civil abierta. Vettel, su niño bonito, producto de marketing moldeado en la casa, todavía tiene opciones. Pocas. Debe ganar y que Alonso caiga a la quinta posición. Por eso no se han entregado con Webber, obligado a la victoria y a desplazar al asturiano al tercer lugar. No están convencidos de que pueda salir, se llenan de dudas. Horner tiene cada vez menos peso. Él, un tipo de las carreras, amigo de Webber, socios en un equipo de GP3, habría solucionado el asunto en un momento. Favor al australiano y título finiquitado.
Pero su papel es secundario, un muñeco en manos de Helmut Marko, asesor externo e ideólogo del programa de formación de pilotos, la cuna en la que creció Vettel. Su triunfo justificaría la inversión.
Fernando Alonso tiene mucho que decir. El Mundial está en sus manos. El segundo puesto manda la corona directamente a Maranello. Y no habría más que hablar. Sería una lección para Red Bull, que ha vendido como sello de identidad la guerra abierta entre sus pilotos. Igualdad total en la casa energética, deporte puro, lucha abierta entre sus dos titanes. Habría que ver cómo manejarían un liderato claro de Vettel.
Alonso, la fuerza familiar
Sin categoría | 28 de Octubre, 2010
Vivía Italia el septiembre pasado la resaca de una apoteósica victoria en Monza. Fernando Alonso puso al país en pie y al otro día tenía trabajo en la fábrica. Quiso conocer el último rincón de Maranello, llegar hasta las entrañas. Pidió que le enseñaran el departamento que fabrica las pistolas con las que aprietan las ruedas en el cambio de neumáticos. “Complimenti ragazzi”. Ojos como platos de los operarios. La estrella había llegado hasta allí y les daba la enhorabuena por su trabajo. Una buena maniobra en el garaje le había ayudado a ganar y quería saber de dónde venían los destornilladores mágicos. En los hornos altos de Ferrari no olvidan aquella mañana.
La vida nómada de Alonso comenzó de niño. El traslado a Barcelona para crecer en el karting en casa de la familia Marcó y los viajes de fin de semana a Italia le revistieron de dureza. Aprendió a pasar sin los suyos malos y buenos momentos, creció, maduró y supo que, por mucho que encontrase fuera, no hay nada como el hogar propio. Lleva diez años en la Fórmula 1 y un puñado de meses en Ferrari. Los italianos le hicieron ojitos hasta que el romance cuajó en un enamoramiento profundo y mutuo. Viéndole con ellos no parece un recién llegado.
Tenían su perfil muy estudiado y le querían para suplir a Raikkonen, un finlandés frío, distante, individualista y poco comunicativo. Gran piloto, sí, pero incapaz de transmitir la pasión que piden en el universo del Cavallino.
“Soy un poco chapado a la antigua, tradicional. Mi sistema de valores está ligado a mi pasado, a mi tierra, a mi familia”, confesaba Alonso en una entrevista reciente. Perfecto para el molde de Ferrari, vieja casa italiana de férreas tradiciones.
Nada que ver con su soledad en McLaren. Ahora, su sombra en el circuito es Edo Bendinelli. Fisioterapeuta y cuñado, se le puede encontrar en el segundo plano de las fotos del piloto, espigado y con barba de una semana.
La primera llamada después de ganar en Corea fue la del presidente de la marca, Luca di Montezemolo. Qué mejor prueba del paternalismo ferrarista. Y Alonso, listo, lo ha captado al momento. Él también sabe hacerlo, como lo es echarse a la espalda el error de un mecánico al que se le atascó una tuerca en plena ruleta por el título. “Fue error mío, no he colocado bien el coche”. El muchacho lo adorará.
Al rato de ponerse al mando del Mundial, un vehículo le esperaba para viajar a Seúl. Era el punto y final a tres semanas en Asia. En los días libres antes de Corea le acompañó su clan íntimo en el paraíso de las Islas Marianas. La condición para ir: que hubiera una pista de karting. Pasó una tarde por allí Alonso y preguntó por el record de la pista. “Con su peso será imposible”, le dijeron sin reconocerle. En la primera vuelta lo había rebajado 1,5 segundos. Se fue con una sonrisa, feliz con su última travesura.
Desea que la temporada se termine para volver a su curso de piloto de avioneta. “Ya he volado solo”, dijo en una entrevista exclusiva el pasado jueves con LA NUEVA ESPAÑA antes de ganar en Corea. También busca tiempo para su familia y el puñado de amigos de la infancia. Verá algo más a Ricardo y a Dani, que le quitan muchas preocupaciones, y también a Alberto, ingeniero y recién reclutado para la factoría de Maranello. Alonso se queda en su apartamento cuando viaja a la fábrica. No necesita un gran hotel, vive en ellos 200 días al año. “Las amistades fuertes que tengo no las perderé nunca. Puede haber menos intensidad en cuando a la distancia pero no en el sentimiento”, reconoció a este periódico.
Alrededor de Alonso crece un núcleo familiar diseñado por su padre, José Luis. Se le ve menos por los circuitos. Ya no es tan necesario, está bien atendido en Ferrari y no hace falta que le cuide de las puñaladas que le intentaban pegar en McLaren. Además, su nieta María, la última en llegar, tiene cautivada a los Alonso.
Antes de bucear en la familia, de desaparecer un mes y medio, le espera el gran reto de su carrera. Viajes a Brasil y a Abu Dabi para ganar su tercer Mundial ¿Podría hacerles un regalo mejor?
Ensalada con Ron Dennis
Sin categoría | 28 de Septiembre, 2010
Singapur, día 1 (miércoles):
Infame el asiento economy de la aerolínea inglesa. Pie al fin en Singapur y bofetada húmeda al explorar la calle: treinta grados, ochenta por ciento.
“El tráfico de drogas se pena con la muerte”, aviso en el control de pasaportes. Viven cuatro millones en la ciudad-estado ejemplar. Calles impecables, ni un papel en el suelo. Prohibido arrojar colillas y chicles. Multa: 300 euros. De escupir ni hablamos. Civismo extremo, nadie cruza en rojo.
Cena en un japonés, teppanyaki pasable. Restaurante español en el local vecino. “Tapas, chorizo, gambas”, anuncia el cartelón. El café, en una terraza. “Señor, aquí no se fuma. A cinco metros de las mesas, por favor”.
Singapur, día 2 (jueves):
Paseo hasta el circuito. Nada de coche. En la Hispania de los romanos una ardilla podía cruzarla sin pisar el suelo. Siglo XXI: un hombre atraviesa Singapur sin poner el pie en la calle, bajo tierra, por centros comerciales. Se agradece el aire acondicionado.
Reencuentros en la pista. “Buenos días”, costumbre de las carreras. Pero son las seis de la tarde. Cosas de la cita nocturna.
Inevitable cenar a las tantas de la madrugada. ¿Opciones? El imperio de la “M” amarilla o el hotel Conrad, cocina de supervivencia 24 horas al día. Caesar salad y club sándwich, el salvavidas internacional. Ron Dennis le pone caritas a su chica dos mesas más allá. Lisa ya es historia. Se van, le abre la puerta. Caballero inglés, sí señor.
Singapur, día 3 (viernes):
Madrugón para jugar al fútbol. Los técnicos de televisión no pueden con los periodistas. El calor y la humedad sí pueden con todos. Sofocón. ¿Y el oxígeno?
Ferrari sirve pasta en la trasera de su campamento. Dos muchachas se informan en el paddock: “¿Qué pilotos están solteros?”. Suerte. Diez de la noche, segunda tanda libre. Tres de la madrugada, todos al hotel.
Singapur, día 4 (sábado):
“Pase por aquí, caballero”, dice el policía. Un agente a cada esquina, no dan tregua. “Llevo tres días usando esta entrada”, contesto. “Hoy ha cambiado”. A la orden.
Alonso en la pole, Ferrari asusta, Red Bull ya no tanto. Multitud a la espera del poleman. La dura vida del piloto, autógrafos en serie y fotos en plena noche. El periodista se retira. Taxi en hotel de lujo, crecen como setas junto al circuito en rascacielos infinitos. “Lléveme al de los mortales, por favor”.
Singapur, día 5 (domingo):
Vida en Asia con horario de Europa, sol en la ventana, tres de la tarde. Puede ser un gran día. “¿Qué desea comer?”. “Café y zumo de naranja”. Miradas. Sobredosis de vips en el circuito. Beben cerveza y bailan en el paddock club, el edén de la Fórmula 1. El horario les anima. Gana Fernando. Éxtasis rosso. Espera otra pista, la de Amber Lounge.
Singapur, día 6 (lunes):
Feliz resaca con el Mundial más ceñido que los vestidos del paddock. Envío el último texto. Paseo por Singapur, los aviones a Europa salen de noche. Primer caos en las calles, media ciudad cortada para desalojar el aparejo del circuito. Espectacular vista desde el piso 57 del Marina Bay Sands. Visitas organizadas para turistas. Esto es el lujo señores que, por cierto, ustedes no pueden pagar. Al aeropuerto a escape. Quedan 24 horas de puerta a puerta. Hasta Japón.
Héroes en la trastienda
Sin categoría | 14 de Septiembre, 2010
Son tipos anónimos. Un casco sin cara, guantes sin manos, un mono ignífugo con hombre dentro. Aguardan en su silla con la pistola cargada, alertas para sofocar los incendios de las carreras. Miran a la pantalla, siguen a sus chicos sin parpadeos, se mesan el pelo, manos a la cabeza si el coche deja la lengua de asfalto.
Llegan los primeros al circuito y ensayan en la vía de servicio durante días para su intervención estelar. Son los curritos de la escudería, lo mismo dan una victoria a Alonso con un cambio de neumáticos fugaz, que desmontan el campamento el domingo por la noche.
Gente dura de la Fórmula 1, trabajo sin horario, comidas a destiempo en la trastienda, un plato de pasta entre cajas, la purpurina está sólo a unos metros. Miradas de reojo a los taconazos del paddock, al paseo de los vips, a las visitas deslumbrantes de cada fin de semana.
Carreras hacia la parrilla, hay que llevar el material y preparar la salida. Que todo esté como quiere el piloto, como indica el ingeniero. Un poco de hielo para refrigerar, pantalla humana ante miradas espías, ¡paso, que llevo un neumático!
Ya van unas cuantas vueltas, nuestro coche es segundo, ¿cómo están las gomas? Bien. Aguantamos. Esperamos al inglés. No entra Button. Pues salimos ahora, chicos. Espera, que viene el McLaren. ¡Fernando, una vuelta más, a tope! Lo otro es cosa nuestra.
Llega el coche rojo, frenazo antes de la línea, 300 metros a 80 por hora, el limitador activado. Empieza el ballet. ¡Ruedas fuera! Un segundo, dos tres. Ya está. Señal arriba. ¡Acelera, Fernando! Camina el Ferrari por el carril, sale a la pista. Viene Button lanzado. Luchan los dos monoplazas. ¡Somos primeros! Ahora te toca a ti. Aguanta al inglés, se va, abre hueco. Lo consigue ¡Victoria en Monza! Se viene abajo Italia.
“Gracias chicos sois los mejores”, agradece el piloto. “Este triunfo es vuestro”.
¿Qué le pasa a Alonso?
Sin categoría | 6 de Septiembre, 2010
La pregunta del millón exige respuestas porque el aficionado esperaba a un Alonso arrollador a bordo del monoplaza rojo y se encontró con una aventura muy complicada para el final feliz de los cuentos. El Ferrari varado en Spa dibuja un campeonato cuesta arriba, un puerto fuera de categoría con seis revueltas por recorrer y el ciclista del mono rosso descolgado, con la lengua fuera por haber tenido el amarillo a tiro de piedra, pero otra vez alejado en un abrir y cerrar de ojos. Bastó un leve traspié, más bien un resbalón, para verse relegado. No tuvo piedad la santa pista (GP Cast dixit) de Spa, siempre esquivo el templo de las carreras para el genio astur, sin victorias allí en la F1.
Anunciaban paseo militar con el fichaje por Ferrari, España olvidó las peleas de antaño, cuando el Robin Hood ovetense robaba a los ricos para dar la gloria a los pobres de Renault, y el país hizo suyo el cavallino.
Alonso conoció la gloria ferrariana, su glamour, su sabor de carreras, su pasión… Maranello, Fiorano, el escondite de postal en Madonna di Campiglio, el mimo de coser a mano la tapicería de una bestia de calle con 400 caballos, la artesanía hecha precisión.
Él mismo se obligó a ganar el Mundial en su estreno, presión autoimpuesta por un carácter que sólo sabe de victorias. Venía de sufrir en su versión 2.0 en Renault y el tren de Maranello pasó en el momento justo. Siente gratitud por los italianos y una única forma de devolver todo el apoyo. Ganar es todo lo que puede hacer por ellos y no parará hasta que lo consiga, ya sea este año, al que viene, o al otro…
Pero ni en los tiempos más duros le vino todo tan del revés. Australia, Malasia, Mónaco, Turquía, Valencia, Inglaterra, Bélgica. Más que problemas en siete estaciones del campeonato. Un golpe, una mala decisión bajo el agua, un trompazo en los ensayos libres, el coche que no va ni para atrás, comisarios empeñados en fastidiar, el error de pilotaje cuando rueda a la desesperada en la lluvia…
Dicen los detractores, que los hay y muchos, que ya no es el mismo, que está mayor, que le falta ambición, que los jóvenes vienen fuerte, que esto no se le hace a la Scuderia… Pero en Ferrari ya le aman. Adoran su implicación, su espíritu de equipo, su determinación, también su cabezonería, a la que algunos achacan sus males, pero que le dio todo lo que tiene.
Le pasa que para ganar no basta con tener manos y un buen coche. Se necesita la sonrisa cómplice de la suerte, la que te acompaña cuando te sales de la pista y te permite volver intacto, o que saca a ese coche de seguridad en el momento justo y no cuando peor te viene. Es necesaria cuando las fuerzas se igualan tanto, cuando en la lucha hay un coche que se llama Red Bull, una flecha los sábados contra el crono y un McLaren con Hamilton de dulce y suertudo con los árbitros en el primer tramo del año.
No hay campeón sin poles (lo hay pero es rara avis, Hulme, 1967 y Lauda, 1984) y por ahí sangra Ferrari, que se lastra antes de empezar, se retrasa en la parrilla y deja para el domingo lo que pudo adelantar el sábado. De ahí vienen algunos problemas, como el último golpe de Spa, con Alonso obligado a lucir entre secundarios y embestido por Barrichello.
Y también hay que acertar en el muro, ver la estrategia buena desde el banquillo, elegir calzado con tino cuando chispea y no calzar katiuskas si va a dejar de llover.
No le vendría mal a Ferrari liderar la carrera tecnológica algún año. El doble difusor de Ross Brawn, el diseño maravilloso de Red Bull, el conducto F de McLaren… ingenios que dan victorias y mucho tiempo ganado al inventor, relegado el resto a la improvisación de la copia, al trabajo a contrapelo.
Pero no se queja Alonso, ni por sus errores, ni por los del equipo. Vive feliz en el universo Ferrari y fue el primero que llamó al optimismo después del revolcón de Spa. Cree en sus posibilidades, tiene una fe enorme en sí mismo, un empeño a prueba de bomba, el mismo que le llevó al Mundial de karting, a la Fórmula Nissan, a la 3.000, el que le hizo bicampeón junto a Briatore, el que se llevó a McLaren para desafiar a molinos de viento o el que guardó en la maleta de vuelta a Renault.
Se le ha puesto muy complicado pero sólo desistirá frente a la implacable calculadora. Hasta ese momento pensará en su tercer campeonato.
Alonso contra los hijos del imperio
Sin categoría | 28 de Julio, 2010

EFE
Se buscan culpables y cada uno encuentra los suyos. Que si Massa, por no asumir con más madurez que, él solito y en la pista, se ha encargado de convertirse en el segundo piloto de Ferrari. Que si su ingeniero, Rob Smedley, por ser tan torpe por radio y pedirle perdón a Felipe tras mandarle levantar el pie con el eufemismo habitual. Que si Stefano Domenicali, por no gestionar el asunto como es debido y dejar las cosas claras de antemano. Que si la FIA, por mantener la norma más hipócrita de todo el reglamento, violada carrera sí, carrera también por absolutamente todos los equipos. Y también por decidir investigar, multar y mandar a Consejo Mundial al equipo al que viene machacando en las últimas carreras.
Al que me cuesta encontrar algo que echar en cara es a Fernando Alonso. Y es el que más palos recibe. Esta vez no cometió errores, no habló de más, no eligió junto al equipo una mala estrategia… Hizo su carrera, una gran carrera, muy buen fin de semana y se benefició de una decisión desde el muro. Sin más por lo que a él respecta, más allá de que eleva al infinito la potencia de su imán para las polémicas.
Pero llegó a la rueda de prensa y se las llevó todas. El espectáculo que vi en el media centre de Hockenheim fue de lo más bochornoso que recuerdo. No sé si orquestado, como en 2007 cuando la tropa de periodistas ingleses llegaba bien aleccionada al motor home de McLaren. Pero vergonzoso, muy vergonzoso.
Curiosamente eran los mismos que le machacaron por no ocultar un caso de espionaje en McLaren. Ellos, que quisieron tapar que un ingeniero había robado y fotocopiado un tocho de 500 páginas con datos de Ferrari. Los que miran hacia otro lado cuando la escudería inglesa se mete en líos, pero que ondean la bandera del juego limpio y la transparencia si ellos no están de por medio.
No recuerdo una escandalera similar hace dos años, también en Hockenheim, cuando Kovalainen trazó la horquilla como un juvenil para facilitar el avance de Hamilton. Ni en Brasil 2007 con Massa y Kimi, ni hace unas pocas carreras en Turquía con Button y Hamilton, ni…
El ataque del domingo fue feroz, despiadado y del peor estilo. Chusco, bronco, barriobajero. Ahí no había periodismo y ansias por conocer la verdad sino una provocación en toda regla.
Le preguntaron si no le daba vergüenza ganar así; si había tenido que pedir al equipo la victoria porque era incapaz de adelantar a Massa; le dijeron que por una vez fuese honesto y reconociese que le habían puesto el triunfo en bandeja; un tipo del Daily Mirror le espetó que si llega a ganar el Mundial será un campeón sucio; otro preguntó que si colocaría este primer puesto junto al de Singapur 2008.

EFE
(Allí ganó gracias al coche de seguridad tras un accidente de su compañero Nelsinho Piquet. Un año después, el brasileño denunció que todo había sido un amaño para favorecer al asturiano).
Otro (este no era inglés) que se dejase de cuentos de hadas y que si esto ahora le parecía un deporte, después de haber dicho ¡¡en 2006!! que la F1 nunca más lo sería para él.
La transcripción de las preguntas más duras está en la edición de este martes de La Nueva España y también en www.lne.es
Querían cobrar facturas atrasadas pero buscaron al moroso equivocado. Alonso se mordió la lengua y apenas entró al trapo, más que dos o tres veces. Demasiado poco me parece porque en algún momento temí que se fuese a levantar.
Y ya que estamos, voy a desvelar una pequeña anécdota. Cuando Fernando fichó por Ferrari, su jefe de prensa, Luca Colajanni, nos citó en Madrid a todos los periodistas españoles que trabajamos en la F1. Nos conocíamos, pero ya que íbamos a trabajar juntos quería tener un acercamiento. Allí le preguntamos qué opinión tenía de nosotros, qué le habían contado de la prensa española. Y nos dijo que éramos “agresivos y desordenados”. De ahí nació una broma con la que llevamos todo el año y que Luca saca a relucir cada vez que le alborotamos un poco el motor home.
Ahora me pregunto yo quién de verdad es agresivo, quién de verdad es desordenado y quién, añado de cosecha propia, malintencionado.
“¿Qué ha dicho el pulpo Paul?”
Sin categoría | 9 de Julio, 2010
Al camarero del Strada, restaurante italiano en el centro de Milton Keynes, muy cerca de Silverstone, no le lleva ni un minuto averiguar nuestra procedencia. “¿Españoles?”, pregunta nada más tomar nota de la cena, por cierto, a las 7 de la tarde y a pleno sol. “Van a ganar el Mundial, lo creo desde hace un mes”. Nadie le ha pedido opinión pero el tipo se queda tan ancho ante la sonrisa del cliente y se va serpenteando entre las mesas.
Decepcionó Inglaterra en el Mundial pero igualmente en el paddock las conversaciones giran alrededor del fútbol. “Y el pulpo Paul, ¿ya ha dicho quién ganará?” Pues sí. Se ve que ha escogido a España. Nunca un cefalópodo tuvo tanto protagonismo lejos de una cazuela y unos cachelos.
Andaban los Fórmula 1 en la sesión libre de la mañana y de reojo veíamos a un Alonso enfrascado en mil y una pruebas, muy lejos de los mejores. Por la tarde todo fue un poco mejor, respiro en la casa “rossa”, pero el tema del día era el fútbol.
En cuanto te cazan la nacionalidad, no hay inglés que no te hable del domingo y de paso, aproveche para darle una colleja a su equipo. También los alemanes, italianos y franceses. Y cada uno lo ve a su manera. Un periodista de la tele francesa me decía que ya había visto a España muy fuerte en Saint Denis. ¡Y eso que fue un amistoso de enero! De Alemania llega la felicitación desde una envidia que parece sana y los italianos, tan quisquillosos ellos, dicen que a la selección le falta gol. ¡Pues anda que están para hablar!
No habrá que tomárselo muy en cuenta, por lo menos a los de Ferrari. Hoy viernes ya nos han confirmado que somos bienvenidos en su casa para la final. Lo vienen haciendo todo el Mundial. Montan una merienda, bajan la pantalla gigante y… a disfrutar del partido. Esta vez es posible que hasta Fernando Alonso se quede porque tiene pensado hacer noche en Londres. No pudo en el España-Chile porque Emilio Botín quiso tenerle con él entonces y los dos se refugiaron en el motorhome privado de la escudería.
Normalmente habría salido pitando hacia Suiza después de la carrera pero esta vez llegaría muy ajustado y no quiere perderse la final por nada del mundo. ¿Habéis olvidado ya esa imagen suya en la final de la Eurocopa celebrando como un loco el gol de Torres en el Ernst Happel de Viena?
Los chicos de Hispania Racing preparan también una buena. Ya en Valencia vimos en su barco el España-Chile y José Ramón Carabante, el dueño del equipo, andaba ayer revolucionado por el paddock de Silverstone. “He comprado camisetas de España para todo el equipo”, decía. Habrá sorpresa en sus coches, que el domingo llevarán un lema de apoyo a la selección española. Por cierto, que Bruno Senna se ha caído de su alineación de pilotos y en Inglaterra será el japonés Sakon Yamamoto el compañero de Karun Chandhok. No han querido dar muchas explicaciones pero no hace falta ser adivino para pensar que se trata de un asunto económico.
Gracias a Ferrari ha quedado resuelta la pregunta del fin de semana. “¿Dónde vas a ver el partido?” Ellos abren su casa y seguro que Hispania propone otra opción. La otra duda, la del pulpo Paul, también está despejada. Solo falta que gane España. Y cuidado, que con el despiste general, Fernando Alonso dijo después de los libres que no descartaba ganar en Silverstone. Que así sea, aunque los Red Bull van a ir como balas.
Fórmula 1 en privado
Sin categoría | 27 de Mayo, 2010

Massa celebra la victoria en Turquía. REUTERS
Llega el Gran Premio de Turquía y aparece uno de los grandes lamentos de la temporada. En Estambul (en realidad está a una hora de coche) Hermann Tilke diseñó posiblemente la mejor pista de las de nueva generación. Los constantes toboganes, un sube y baja de vértigo, la hacen divertida para los pilotos, entretenida para seguir por televisión y retadora para la mecánica. Sufren mucho los neumáticos y, de remate, está la curva 8, un embudo eterno, un viraje de cuatro vértices con el acelerador a fondo que convierte el habitáculo en una batidora, y que pone el cuello de los protagonistas al rojo vivo, con fuerzas hasta cinco veces superiores a la de la gravedad.
Entonces, ¿dónde está la pega? Pues en la tristeza que transmite el entorno. Una instalación modélica convertida en un desierto. Miles de metros cuadrados de asfalto vacíos, sin gente. Y un paddock que serviría como pista de aterrizaje, prácticamente muerto.
Será como disfrutar de un pase privado de Fórmula 1, con más personas trabajando en el circuito que en las tribunas. A las enormes gradas les colocan lonas negras para tapar la colección de sillas vacías. Si el domingo aparecen por allí 15.000 espectadores ya sería un éxito.
Pasa un poco como en China. Que el Gran Premio se convierte en un acontecimiento clandestino para una población descomunal, ignorante del circo que se levanta a la vuelta de la esquina. En Estambul se cuentan unos 14 millones de habitantes en su área metropolitana. Aunque no acaba de calar en ellos. Los precios tampoco ayudan, nada asequibles para la mayoría de los ciudadanos.
Pero igual que en Shanghai, Bernie Ecclestone cree que allí hay futuro. Y como si fuera un juvenil empresario insiste en sembrar con la ilusión de recoger dentro de un tiempo. Hasta entró en el grupo de propietarios del circuito para salvarlo de los números rojos. Por eso el Gran Premio cambia de fecha con tanta facilidad. Ya fue a finales de agosto, otro año en abril, y ahora a finales de mayo.
Para Fernando Alonso y Ferrari el fin de semana se anticipa como otra lucha contra el dominio de Red Bull. Deberían volar aquí los coches de las alas, pero el F10 llega preparado para dar guerra con la primera evolución importante en el conducto F.
En el fondo todos los equipos llegan con la ilusión por las nubes. Después del atracón asiático y de enlazar luego Barcelona con Mónaco, por fin han tenido tiempo para trabajar en las fábricas. Quien más y quien menos sueña con esas décimas de mejora que les pongan un poquito más arriba. Como Schumacher. Ahora que por fin le ha tomado la medida a Rosberg, fantasea con la idea de asomarse al podio.
También es una cita importante para Felipe Massa, si no quiere perder más terreno con Fernando Alonso en la lucha interna por el liderazgo del equipo. El brasileño llega a su circuito talismán. Es el único donde ha ganado tres veces (2006, 2007 y 2008) y ahora debe recuperarle puntos al español, para no confirmar lo que muchos en Ferrari se huelen: el capo es Fernando Alonso.
El altavoz de Schumacher
Sin categoría | 17 de Mayo, 2010
Hay un tipo que anda noveno en la clasificación del Mundial. Tiene 22 puntos y lo más brillante de su tarjeta de visita es un cuarto puesto en Barcelona. En Mónaco debió acabar séptimo pero a última hora se pasó de listo. Castigado. Los puntos del día, fuera. Su equipo reclamó y el revuelo creció. Parece irresponsable provocar la reunión del tribunal de apelación cuando la norma es tan clara. Pero claro, ahora deben luchar por unos puntos que su piloto perdió por irresponsable. Viene a decir el artículo 40 en su apartado trece lo que sigue. Si la carrera termina bajo la disciplina del safety car, éste se retirará al pit lane para dejar a los coches pasar bajo la bandera a cuadros. Lo harán respetando el orden de ese momento y sin adelantar. Más claro, imposible.
Resulta que el equipo reclamante es Mercedes y el protagonista de la historia se llama Michael y se apellida Schumacher. El peso de sus siete títulos y el halo de su historia de leyenda pesan más que sus números de este año, lastrados por un coche más flojo de lo que se esperaba. Ahora parece haberle tomado el pulso a su regreso y ya lleva dos carreras que le gana a su compañero Rosberg. Antes, ni eso.
El morbo por su maniobra aumentó al estar Alonso de por medio. Nuevo encuentro en La Rascasse entre dos enemigos íntimos. Allí aparcó el Kaiser su Ferrari en 2006 para que el asturiano no lograse la pole. También le castigaron entonces.
Lo del domingo pareció más una confusión que un intento de engaño. Ahora no hace falta esperar al paso por meta cuando se va el safety car. Salvo en la última vuelta de la carrera. Por ahí pudo venir el error. Terminó el Gran Premio, se inició la investigación y la vida en el paddock quedó detenida.
Si está Schumacher de por medio, cualquier detalle se convierte en una cuestión de vida o muerte. Tiene un altavoz, él mismo es un gran amplificador de noticias. Lo merece por su historial, por su tronío, por su porte arrogante en las carreras. Parece que levita, que está por encima de todo en la Fórmula 1. Michael pasea con su rostro anguloso a bordo de un Mercedes, el sello de excelencia alemán, el orgullo de un país. Es el embajador perfecto porque aunque ya no gane carreras siempre podrá hablar por su (pre)potente altavoz.
p.d. Edito y copio el articulo 40.13 del reglamento deportivo.
40.13 If the race ends whilst the safety car is deployed it will enter the pit lane at the end of the last lap and the cars will take the chequered flag as normal without overtaking.
Si la carrera termina mientras el coche de seguridad está en acción, éste entrará en el pit lane al final de la última vuelta y los coche pasarán normalmente bajo la bandera a cuadros sin realizar adelantamientos.
La mirada del tigre
Sin categoría | 12 de Mayo, 2010
¡Hola a todos!
Tenía pensado escribir sobre la carrera de Montmeló y avanzar algunas cosas de Mónaco pero esta foto me ha cautivado y no me he podido resistir. Es de Ángel González, el fotógrafo que me ha acompañado durante todo el fin de semana en Montmeló. Tiene tal fuerza que se comenta por sí misma. Esos ojos son de Fernando Alonso, metido en el coche durante una pausa, con la pantalla de tiempos frente a él. Ángel trabaja en La Nueva España y publica sobre todo en la edición de Gijón del periódico. Os recomiendo su trabajo. Aprovecho para mandarle un abrazo y otro también para David Orihuela, un apoyo impagable en la tarea periodística estos últimos días. ¡Con un equipo así da gusto viajar!
Cuando Ángel me enseñó la foto se me vino a la cabeza la canción que da título de este post, “La mirada del tigre”. No es muy original, ya lo sé. “Eye of the Tiger” fue número 1 en USA durante muchas semanas, a comienzos de los ochenta. Le ayudó ser uno de los temas de la banda sonora de Rocky III.
La canción habla de la emoción del combate, de la capacidad para levantarse después de los fracasos, de supervivencia… Vamos, que casi 30 años después le viene al pelo a Fernando Alonso, por cierto, nacido en 1981. ¿O acaso no es un superviviente un tipo que lleva 9 años en la Fórmula 1? La mirada, el eje de la canción, es una seña de identidad de Fernando. Es dura, fija, penetrante… intimidatoria a veces, pero limpia. Y refleja siempre concentración, mucha concentración, determinación, un fuerte deseo de superarse. Todo lo que se ve en la foto de arriba.
Así logró el domingo un segundo puesto que vale su peso en oro. No cejó en su empeño, siguió ahí, vuelta a vuelta, en solitario, aburrido sin batallas directas pero al quite. Vettel y Hamilton tuvieron problemas (no diré que fallaron pues alguien ya me ha llamado fanático por eso y en cierto modo tampoco sería justo con ellos) y entonces apareció para empujar el balón a la portería. Fue como ese delantero ausente, escondido en el área, siempre atento al rechace, que en el minuto 90 se coloca donde nadie le espera para conseguir el gol de la victoria.
Todo lo contrario que Vettel con su estratosférico Red Bull. El alemán fue un Maradona, un rey de la gambeta, del adorno, un regateador. Pero llegó al área pequeña y la tiró por encima del larguero. Problemas en el pit lane y unos frenos que le dejaron tirado. Al menos salvó el tercer puesto.
¿Y Hamilton? No encuentro explicación a su pinchazo. El reventón le pudo mandar contra las protecciones, aunque por suerte el castigo se terminó con la pérdida de puntos. Hace dos años a McLaren le pasó lo mismo con Kovalainen. Se dio un buen golpe el finlandés, empotrado en la barrera de neumáticos.
Pero lo de Red Bull es para hacérselo mirar. Tienen el coche más rápido con diferencia. El sábado, Webber le colocó a Alonso un segundo en los dos últimos sectores. ¡Una barbaridad! Pero la clasificación del Mundial no les tiene como líderes, ni siquiera segundos. Mandan Button (70 puntos) y Alonso (67). Vettel (60) es tercero y Webber (53), cuarto. Un balance muy pobre para haber copado las cinco poles en juego. Pero ojo, que no van a estar todo el año fallando.
A estas alturas el nombre de Adrian Newey ya no es desconocido. Es el gurú de Red Bull, su diseñador estrella, un mago con el ordenador y dicen los que trabajan con él, un obseso de los coches, empeñado en arañar milésimas de donde sea. Y va por libre. Ya el año pasado ignoró el doble difusor y su monoplaza terminó el año siendo el más rápido. Ahora pasa del famoso conducto F y arrasa. Las noches previas a la carrera la luz no se apagó en el garaje del equipo.
Llegaron con un paquete completo de novedades y había que ponerlo en marcha: kit aerodinámico, difusor, retoque en suspensiones… Un poco de todo, vamos. Newey recuperó el concepto pull-rod para la suspensión trasera y logró así una zaga más ligera. “Cuando hay poco dinero, manda la imaginación”, dice él. Pero que nadie se engañe. El presupuesto de Red Bull es de los más fuertes, muy cerca ya de los de Ferrari y McLaren. Son un equipo de carreras en toda regla y han aparcado un poco su carácter festivalero. Nadie va a la Fórmula 1 a perder el tiempo y si se puede ganar, por qué no luchar por ello.
Pero esto sigue, no nos podemos dormir pensando en Barcelona. Yo tengo un pie ya en el avión hacia Niza, a unos 40 kilómetros de Mónaco. Cruzo los dedos por la suerte de mi viaje. Ya el lunes sufrimos en El Prat un retraso de cinco horas. Había problemas en el tráfico aéreo por culpa de la famosa nube tóxica del volcán islandés. A ver qué pasa mañana. Si me vuelve a tocar, creo que debería ir corriendo al casino nada más llegar a Mónaco. Porque para salir de Shanghai también sufrIó de lo lindo después del GP de China, en plena crisis volcánica.
Creo que el panorama no cambiará mucho en el Principado. A Ferrari le tocará sufrir otra vez. Una pista que pide tanta carga aerodinámica no le va nada bien al F10. De momento, ya han decidido que aparcarán el conducto F para ocasiones mejores. Red Bull debería ser muy fuerte otra vez, pero en Montecarlo todo es un poco lotería. Los famosos guardaraíles tienen mucho que decir y en esa pista, no cabe el mínimo error de pilotaje. Un despiste y estás fuera. Así que ya veremos qué pasa.
¡Estás de enhorabuena! Acabas de conseguir un pase de paddock para todo el Mundial 2010. Será virtual, eso sí, porque la idea es compartir mi acreditación de este año con todo el que quiera pasarse de vez en cuando por aquí. Hablaremos sobre todo de Fórmula 1 pero también intentaré trasladar a la pantalla unas pinceladas de lo mucho que no se ve de este gran teatro ambulante. No os perdáis las actualizaciones en tiempo real a través de twitter, ni las informaciones complementarias a las entradas del blog. Abro ilusionado la primera página de este cuaderno de viaje donde también os contaré algunas de las peripecias que me suceden por el mundo. ¡Bienvenidos a Pase de Paddock!








