Trenes

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El autor

Julio Herrera

El fotógrafo gijonés, especializado en naturaleza, aborda en una nueva serie los temporales marítimos y comenta cómo 'caza' esas tormentas
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Faro de Lastres

Primer destello de la noche

Nikon D810, objetivo Nikon 70-200 f/2.8, a f/2, ISO 400, 1/250 s
Está situado en un lugar apartado, solitario y de gran belleza que contrasta especialmente en primavera con el verdor de los prados que lo rodean. He ido muchas veces hasta este faro haciendo fotografías muy diversas. En esta ocasión había estado fotografiando un campo de orquídeas junto a él: en realidad estaba haciendo tiempo hasta el atardecer, ya que, según las previsiones meteorológicas, en ese momento entraría una fuerte borrasca. De repente el cielo empezó a tomar un aspecto de gran dramatismo con pinceladas rosáceas: era el instante mágico. En ese momento el faro encendió su luz y a los pocos segundos, como si el cielo se hubiera dado cuenta, desapareció toda esa magia. No me dio tiempo ni a usar filtro. Afortunadamente ya había localizado el mejor lugar para esta fotografía.
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Puerto de Santander

Entrando a puerto

Nikon D810, objetivo Sigma 400 f/5,6, a f/8, ISO 100, 1/500 s
Este día había ido a fotografiar las enormes olas que rompían contra la Isla de Mouro. No me imaginaba que con semejante temporal fuera a aparecer un barco intentando entrar en el puerto de Santander. Ante mi sorpresa, cambié rápidamente de lugar para poder encuadrar mejor el barco que subía y bajaba impulsado por las grandes olas, quedando a veces totalmente tapado. Bajé el trípode para intentar ponerme en un plano lo más cercano a la superficie del mar y captar mejor la lucha del barco intentando avanzar contra las olas. Esperé a que apareciese una ola en primer plano para conseguir profundidad e ilustrar mejor el temporal. Hice tres tomas y esta creo que es la que mejor ha captado la emoción del momento.
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Faro de San Esteban de Pravia

Fuerza del Noroeste

Nikon D700, objetivo Nikon 70-200 f/2,8, a 200 mm y f/8, ISO 200, 1/250 s
A principio de febrero de 2014, una serie de borrascas enlazadas bajaron del norte de Europa hasta las costas del mar Cantábrico generando unos fuertes temporales. Ese día ya tenía la foto en mi cabeza, sabía la hora de mayor altura de las olas y su máxima frecuencia, así como el momento de la marea alta. También había calculado por dónde saldría el sol y a qué hora, así que cogí el equipo y salí, antes del amanecer, hacia el pueblo de San Juan de la Arena, donde ya había estado y tenía calculado el mejor encuadre. Caminé, aún de noche, hacia el final del dique para colocar el equipo. No veía las enormes olas golpeando contra el faro de San Esteban de Pravia pero sí las podía oír, era estremecedor. Ya con los primeros rayos de sol comencé a ver el espectáculo. Esperé antes de colocarme temiendo que alguna ola me pudiera alcanzar. Monté mi 200-70 sobre el trípode con una abertura de F/8 para lograr una calidad óptima y una velocidad que congelase el golpe de la ola. Los primeros rayos de sol de febrero ya iluminaban las olas dándoles un tono dorado que me encantó. Esperé a que la naturaleza me ayudase a formar la fotografía que tenía en mente y disparé.
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Faro de San Vicente de La Barquera

La baliza inclinada

Nikon D700, objetivo Nikon 24-120 f/4, a 24mm y f/10, ISO 200, 1/100 s
A la entrada de la ría de San Vicente de la Barquera se sitúan dos balizas (verde y roja) para delimitar sus riberas. La de estribor (roja) tiene una curiosa forma, inclinándose hacia el mar como si quisiera lanzarse a él. Una fuerte tormenta se estaba acercando; el mar se volvió de un intenso color marrón y el cielo se tornó gris ceniza. Durante unos pocos minutos, salió un rayo de sol creando una intensa luz dorada. Rápidamente preparé la cámara y cerré el diafragma para conseguir la suficiente profundidad de campo que me permitiese ver bien la baliza del otro lado de la ría. Aunque la luz era espectacular, en el encuadre me faltaba algo, quería darle dinamismo a la imagen, así que esperé hasta que una ola rompiese contra las piedras. Se creó así un fuerte contraste entre la baliza del primer plano, inclinándose hacia la ola, y la baliza del fondo, que me sirvió para dar profundidad a la imagen.
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Tazones

Tazones, cuando el mar se impone

Nikon D700, objetivo Nikon 24-120 f/4, f/7, ISO 200, 1/200 s
Tazones es una pequeña villa marinera de Asturias. Su puerto está protegido de los vientos del noroeste, pero cuando se descuelgan los grandes temporales del norte de Europa, el mar se vuelve contra él con toda su furia. En marzo del 2014 se produjo un fuerte temporal sobre la costa cantábrica. Conozco muy bien el puerto de Tazones, pero decidí ir porque el temporal coincidía, en su máxima fuerza, con una marea viva. No me decepcionó, y nada más llegar vi cómo las olas entraban en el puerto y rompían con una inusitada violencia contra las casas. Probé varios puntos de vista (desde uno estuvo a punto de pillarme una gran ola) hasta decidirme por uno desde el que pude captar, en una imagen, la emoción, fuerza y belleza que ese momento me trasmitía: era la fuerza de la naturaleza contra un pequeño pueblo marinero. Usé un objetivo Nikon 24-120 f/4 a 70mm dado que no estaba muy alejado y las fotos las hice sin trípode con VR.
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Faro de Mouro, Santander

Mouro, espectáculo natural

Nikon D810, objetivo Sigma 400 f/5.6, f/6, ISO 100, 1/800 s
Quizá sea el faro de Mouro el que nos brinda uno de los espectáculos más hermosos de todo el mar Cantábrico durante los fuertes temporales. Desde el nivel del mar hasta la linterna mide 38,7 metros (la torre desde el suelo tiene 18,39 metros). Cuando los fuertes vientos del noroeste empujan las olas contra la isla de Mouro, rompen con toda su furia llegando a sobrepasar la linterna del faro en más de 20 metros de altura. Es una imagen sobrecogedora donde sobran las palabras. He querido trasmitir esa profunda emoción a través de una fotografía, y, para ello, compuse un encuadre en el que saliera en primer plano una de las olas más pequeñas que pasaban frente a la isla. Así, aumentaba la sensación de profundidad de campo (que un teleobjetivo siempre tiende a disminuir) y el encuadre servía de referencia para apreciar mejor las dimensiones de la gran ola rompiendo contra el faro. Esperé con el cable disparador a que la naturaleza hiciese el resto y a que la parte más alta de la ola no me saliese de encuadre. El fondo negro del cielo me ayudó a recortar la ola y una espléndida luz le dio textura.
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Faro de Mouro, bahía de Santander

Mouro, desafiante belleza

Nikon D810, objetivo Sigma 400 f/5.6, f/6, ISO 100, 1/800 s
Ya conocía el sobrecogedor espectáculo que el faro de la isla de Mouro ofrece durante los fuertes temporales que azotan la costa cántabra. Este día fui a buscar unas imágenes que tenía desde hacía tiempo en la cabeza. Tras haber probado desde varios lugares para instalar el trípode, en esta ocasión me decidí por centrarme en la playa del Sardinero. Observé que las olas rompían más por su izquierda, tapando ese lado en el momento de máximo alcance. Coloqué un objetivo de 400mm que me permitía acercarme lo suficiente y coger también algo de mar en primer plano. Encuadré una zona de espuma con tonos dorados y esperé con el espejo levantado a que una ola golpeara con furia sobre la isla. Una parte de la ola pasó por delante del faro, dejando ver la parte más alta de la linterna mientras otra se elevaba por detrás. Así, se creaba una bella composición que dejaba ver solo lo necesario para apreciar las dimensiones de la ola. La luz era ideal, ya que modelaba la ola en claros-oscuros con unos delicados tonos dorados. Probé con varias velocidades, en esta ocasión dejé 1/800 s velocidad alta pero que no congelaba totalmente el movimiento.
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San Juan de Gaztelugatxe

Gaztelugatxe: La ermita mágica

Nikon D700, objetivo Nikon 70-200 f/2.8, a 80mm f/4, ISO 200, 1/200 s filtro polarizador slim B+W
Desde el cabo Machichaco salí hacia a la ermita de Gaztelugatxe. Conforme avanzaba, veía cómo un cielo gris se acercaba poco a poco: era el frente de una borrasca que venía desde occidente. Los últimos rayos de sol, que iban a sucumbir ante el avance de la tormenta, me llamaron la atención. Se creó un bello contraste entre los tonos fríos del temporal y la calidez de esta luz sobre el mar y la ermita de Gaztelugatxe. Busqué un encuadre en el que sacar toda la isla frente a un mar de color esmeralda y un cielo plomizo. Esperé a que el sol iluminara claramente la ermita y disparé. Esta luz apenas duró unos segundos, al instante todo quedó negro y empezó un fuerte aguacero. Para resaltar los colores usé un filtro polarizador. Hacía un viento tan fuerte que, a pesar de tener montada la cámara sobre un trípode, tuve que utilizar una velocidad relativamente alta para evitar posibles vibraciones.
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Donosti

Paseo Nuevo

Nikon D810, objetivo Nikon 24-120 f/4, a 82mm f/4, ISO 1000, 1/125 s
Tras varios intentos para acceder al paseo nuevo de Donosti, ya que la policía municipal había cortado los accesos debido al gran riesgo que se corría al romper las fuertes olas contra la costa, logré acercarme por el único punto que no estaba cerrado. Cuál no sería mi sorpresa cuando al cabo de un rato vi cómo una persona, con una cámara dentro de una funda de plástico, se tumbó en el paseo delante del punto donde rompían las mayores olas. Estaba amaneciendo y la luz era muy débil: necesitaba una velocidad lo suficientemente alta como para congelar la acción, así que subí la sensibilidad a 1000 ISO y esperé a coger la ola en el punto más alto.
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Cabo Mayor, Cantabria

Cabo Mayor

Nikon D810, objetivo Nikon 24-120 f/4, a 24mm f/5, ISO 64, 1/80 sg. filtro polarizador
Llegué de noche a la playa del Sardinero en Santander con la idea de sacar unas imágenes del amanecer sobre la isla de Mouro. Fue un amanecer impresionante y cuando el sol empezó, tímidamente, a iluminar el cielo, vi, en dirección a cabo Mayor, cómo un cielo negro iba avanzando hacia su faro. Recogí rápidamente el equipo y subí hasta el faro. Era un espectáculo irreal, de película de grandes hecatombes: unas nubes negras, que se movían a gran velocidad, se iban acercando formando en el centro otro grupo de nubes blanquecinas a modo del ojo de la tormenta sobre un mar verde esmeralda. En un instante surgió un rayo de sol que iluminó el faro: fue el momento para tomar unas fotografías. Esa luz duró unos segundos, tan solo me dio tiempo a tomar dos imágenes.
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Casa Belza, Biarritz

La casa del mar

Nikon D810, objetivo Nikon 24-120 f/4, a 75mm f/22 ISO 64, 20 s, filtro neutro B+W de 6 pasos y un degradado haida transición suave de 0,9
Ya había visto alguna imagen de la llamada casa Belza (situada antes de llegar a Biarrizt, en el País Vasco francés), una vieja mansión romántica construida sobre una roca junto al mar, y sabía que me podía dar mucho juego. Quería crear una imagen de sabor romántico, soledad y quietud que evocara a su vez el temporal y la tormenta que se avecinaban. Para conseguirlo, busqué un encuadre donde los protagonistas fueran la casa y las rocas. Para suavizar el mar y las nubes, bajé el ISO a 64, cerré el diafragma a f22 y coloqué un filtro neutro de 6 pasos; de esta forma, dejé una velocidad de 20 s. Finalmente, para que el cielo no se me quemara, monté un filtro degradado neutro de 0,9 pasos.
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Faro de Burela

Mar de plata

Nikon D810, objetivo Nikon 300 f 2.8, a f/6, ISO 100, 1/800 s
Llegué al puerto de Burela en Lugo con previsiones de fuerte oleaje. Sin embargo, la borrasca todavía no había entrado de lleno y se notaba esa extraña calma que antecede a la tormenta; comenzaban con fuerza unos vientos rancheados sobre la superficie del mar. Busqué un ángulo adecuado para que el mar reflejara los rayos del sol sobre su superficie y procuré que no hubiese otros elementos en la imagen que no fueran el faro, el mar y la costa. Hice varias tomas, pero me resultaba excesivamente “zen”, así que esperé a que alguna gaviota se situara en un punto adecuado. En ocasiones me gusta jugar con elementos pequeños, que parecen insignificantes, pero que a la hora de leer la imagen tienen mucho peso. Usé un objetivo 300 2.8 apoyado sobre una barandilla (mi forro polar me sirvió para protegerlo) y una velocidad algo alta (1/800) para que la gaviota no saliera movida.
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La Providencia, Gijón

Descargas eléctricas

Nikon D810, objetivo Nikon 24-70 2.8, f/3, a 24 mm ISO 250, 61 s
Las previsiones meteorológicas apuntaban a posibles tormentas eléctricas sobre la costa asturiana. Tengo un par de programas de alerta de rayos en mi móvil (Gosh y Lightning Radar) y comenzaron a registrarlos a tiempo real, cada vez más cerca y en la dirección que me interesaba. Cogí el equipo y un paraguas y me fui a su encuentro. Aprovechando que no llovía, y que la tormenta estaba a una distancia lo suficientemente segura para montar el equipo al exterior en zona abierta, subí al punto más alto de Gijón en la Providencia. Me interesaba combinar la luz artificial que reflejaba sobre las nubes la ciudad de Gijón con el frío resplandor de los rayos. Para que el encuadre no resultara demasiado soso, metí a la izquierda un pequeño islote y a la derecha la punta de un cabo en el que se veía un pequeño punto de luz de un faro. Bajé el espejo para disminuir las vibraciones y comencé con series de 30 a 60 segundos y este fue el resultado.
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Faro de la ría de Avilés

La Luna y el Faro

Nikon D800, objetivo Nikon 70-200 2.8, y teleconvertidor 1.7, f/8, a 280 mm ISO 1000, 1/80 s
Para realizar esta fotografía hice una doble exposición. Primero me centré en el faro y su haz de luz; quería que quedase bien claro sobre la noche para situar la luna al final. Después de varias pruebas, enfoqué a la luna cambiando el punto de foco y la relación diafragma velocidad. La luna, sobre todo cuando está llena, refleja una luz muy intensa. Como quería que su superficie tuviera textura y se distinguieran los cráteres, tuve que reducir bastante la luz. Generalmente, y como ejemplo, con un ASA de 125 y un diafragma de 5.6 habría que ir a una velocidad de 125 0 250. Finalmente la situé en la posición que aparece en la imagen.
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Isla de Mouro, Santander, Cantabria

Amanecer sobre la isla de Mouro

Nikon D800, objetivo Nikon 70-200 2.8, f/16, a 90 mm ISO 64, 1,6 s
Las previsiones de temporal fuerte sobre Santander no estaban muy claras, pero no quería perderme el amanecer; sabía que, por la posición de la salida del sol, el cielo me podía dar mucho juego. Llegué al final de la playa del Sardinero todavía de noche y comencé a instalar el trípode (un Manfrotto). Monté el objetivo 70-200 2.8 y esperé. El cielo se iba tiñendo de unos irreales colores rosáceos a medida que iba amaneciendo. Las nubes rompían la homogeneidad del cielo dando una sensación pesada sobre la isla de Mouro. Encuadré unos dos tercios del cielo, ya que su espectacular luz lo invadía todo, y esperé a que el faro diese el destello. Solo pude hacer tres fotos antes de que la luz cambiase, pero mereció la pena madrugar.
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Faro de San Esteban de Pravia

Faro de San Esteban de Pravia

Nikon D700, objetivo Nikon 70-200 2.8, f/14, ISO 200, 0,5 sg.
En un día de fuertes vientos, la tormenta empezó a arreciar a última hora de una tarde de diciembre de 2014. Eso era lo que me interesaba, ya que quería captar las olas rompiendo contra el faro de San Esteban de Pravia cuando se encendiese. Tenía muy poco tiempo, pues quería aprovechar también la luz del crepúsculo para poder experimentar. Llegué con bastante tiempo para situar el trípode y preparar el encuadre antes de que oscureciese demasiado. Para conseguir la textura sedosa de las olas probé varias velocidades hasta dejarla en medio segundo. Con el espejo levantado y el cable disparador, esperé hasta hacer coincidir el destello del faro con la ola rompiendo contra él.