Pero si Aldea puede entenderse como continuador de APOTH¯ECAM es porque semánticamente también sería aceptable el paso ‘lugar de almacenamiento’ —> ‘lugar habita do’ como, por otra parte, ocurre con los topónimos continuadores de una variante de CELLAM ‘habitación pequeña’, ‘bodega, almacén’ (EM) responsable de varios topónimos (241 p. 118) como Ciella (Cn), La Ciella (Cl), y su correspondiente voz gallega y portuguesa, cela, recordada en Cela (Pe).
También fue posible posponer el nombre del dueño o administrador de la bodega, como testifica el topónimo ovetense Cellagú, deformado insustancialmente has ta el colmo por los que escriben y generalizan “El Llagú” o “Llagú” (cap. 512).
Cellagú (Uv) ‘la bodega de Gotus’ es un compuesto de CELLAM y del antropónimo, en geniti vo, GOTUS, como claramente hace ver la documentación medieval que consigna “in territorio Oueti ecclesiam Sancti Thome apostoli in Cellaguti” (DCO p. 80, a. 912, c. XII) > *Cellagud(i) > Cellagú, evolución más plausible que la también aceptable *Cellaguï (p. 512).
El mismo elemento CELLAM podría justificar, tal vez, el primer elemento de Cegontín (Sr) ‘la bodega de GONTINO’ (141: 145).
También el de Zadamoño (Ei) si proviene de CELLA DE MONNIO o MUNNIO.
Es mucho más discutible ver el mismo étimo (234 p. 119) en Cermoñu (Sl) y Cermuñu (Vv) pues ahora también podríamos estar ante verdaderos hagiónimos (cap. 13).
La voz lati na CELLAM de ‘cuarto’, ‘habitación pequeña’, ‘granero, almacén’, pudo incluso pasar a significar ‘santuario’, (DCECH s.v. celda). En el sentido religioso pudo pasar a significar ‘eremitorio’, ‘dependencia de un monaste rio’ (152 p. 585), en muchos casos debido a ser éstos lugares de almacenamiento de los bienes que las iglesias o conventos recaudaban con sus diezmos y primicias.
