Manos nuevas para los viejos teitos de Somiedo. Las cabañas de techo vegetal, símbolo del Parque Natural que cumple 30 años, se renuevan cada cierto tiempo: en la foto, un niño en Villar de Vildas
La comarca supera el aislamiento mientras cambia su modelo económico

El Occidente. Ese lugar donde todo el mundo quiere ir de vacaciones y pocos deciden quedarse. Conforman la parte más occidental de Asturias la comarca Oscos-Eo, el valle del Navia, el Suroccidente y la comarca vaqueira.

Es la zona donde la despoblación más aprieta, a un ritmo vertiginoso que casi da miedo. Sólo Cangas del Narcea se sitúa entre las veinte poblaciones más habitadas de Asturias y aun así lo hace en un discreto puesto 16. El Occidente ha perdido más del 25% de su población en la última década. Las malas comunicaciones han sentenciado al ala oeste de Asturias a un desarrollo tardío y lento. La Autovía del Cantábrico, cuyo último tramo se inauguró en diciembre de 2014, fue una de las “bendiciones” para la zona occidental. Hace cuarenta años, un viaje entre Navia y Oviedo llevaba casi cuatro horas por la carretera de La Espina, que obligaba siempre a hacer parada por el mareo de los viajeros. Hoy, Navia-Oviedo son 50 minutos.

El Occidente siempre ha vivido a rebufo del resto de Asturias, pero a pesar de luchar con el viento en contra, algo tiene el carácter del asturiano occidental que le llevó a reinventarse. Nadie podría pensar hace cuarenta años que los malagueños o los catalanes pudiesen elegir Boal, Taramundi o Somiedo para pasar sus vacaciones. Hoy son muchos los que lo hacen y repiten. Hasta un presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, pasó un verano en Los Oscos.

Una autovía que frenó el aislamiento. La piragüista Patricia Sánchez pasa por debajo del puente de la autovía en Navia Miki López

En 1986 se inauguraba en Taramundi el primer complejo de turismo rural del Occidente. Aquel proyecto de “locos” fue el germen que animó a muchos otros, que agobiados por las imposiciones de la entrada en la Unión Europea vieron cómo sus pequeñas explotaciones ganaderas dejaban de ser rentables. Hoy quedan pocas explotaciones de leche en el Occidente, la mayoría en la costa, donde las fincas llanas facilitan los trabajos. Pero el modelo de vida cambió; todo menos el ritmo, que sigue siendo lento. Y el aire sigue también puro. De hecho, un informe elaborado este mismo año apunta que los concejos del Occidente de Asturias son los más saludables de toda la región.

Quizás fue ese envite, el de la UE y sus imposiciones de producir más leche y comprar cuotas lácteas, el que le hizo al Occidente darse cuenta de lo que era, ver que los teitos de Somiedo eran un valor que el mundo debería conocer, y que el hecho de no haber sido explotado turísticamente era precisamente una de sus mayores bazas. La Asturias más real está en estos concejos. Intacta.

Pero no puede olvidarse que al final lo que cuentan son los votos y es por ello que hoy la comarca sigue exigiendo sus derechos, ésos con los que sí que cuentan los que viven en Oviedo, Gijón o Avilés y que son básicos para desarrollarse: banda ancha, mejora de las comunicaciones, institutos y colegios… la lucha para que todo esto se mantenga se repite año tras año mientras la Administración va dando concesiones a cuentagotas. La inauguración de los hospitales de Jarrio, en marzo de 1989, y Carmen y Severo Ochoa, en Cangas del Narcea, en junio de 1986, supuso el final de un ciclo que condenaba a todos los occidentales a desplazarse a Oviedo para cualquier prueba. ¡Cuántos niños nacieron en el hospitalillo de Luarca porque el camino era demasiado largo desde que empezaban las contracciones hasta el parto!

Hoy, el Occidente, bien comunicado al menos en la rasa costera, lucha por sobrevivir. La despoblación es sin duda el peor de los diagnósticos y parece que nada es capaz de paliar esta sangría. Pesoz, Illano, Villayón… son concejos que pierden y pierden habitantes y en los que el nacimiento de un niño es casi un milagro.

Pero si alguien decide ir para quedarse será acogido con el abrazo de quienes, valientes, aún confían en que ése es su lugar.