Aplicación de realidad virtual desarrollada por CTIC y la empresa Dogram Ángel González
Cada avance científico ha llegado puntual a la región, cuna de investigadores

El mundo ha experimentado una gran revolución científica y tecnológica en los últimos cuarenta años, y Asturias no ha sido ajena a ella. Cada avance, cada innovación, ha llegado puntual a los asturianos y ha sido objeto de debate social: las nuevas técnicas reproductivas, la clonación, los trasplantes, la transición digital, los avances en la exploración del cosmos o en la investigación sobre el origen de la humanidad… Pero además, Asturias ha sido también partícipe de muchos de estos cambios, gracias principalmente al trabajo de sus investigadores, pero también ejerciendo un liderazgo puntual sobre algunos aspectos clave, como pasó en 1997 con la firma del Convenio de Bioética de Oviedo o, unos años después, con las excavaciones de El Sidrón. Son hitos fundamentales, de una dimensión global, que junto a otros más locales han ido señalando el avance de Asturias hacia la modernidad, también en el ámbito de la ciencia y la innovación.

Antes de la década de los ochenta, la ciencia asturiana estaba capitalizada por la figura de Severo Ochoa. El único asturiano en ganar el premio Nobel, y el segundo español en ciencias tras Santiago Ramón y Cajal, retornó a España en 1985, tras varios años residiendo en Estados Unidos, y en 1990 recibió la Medalla de Oro del Principado.

Convenio de Oviedo de Bioética. El personaje del año 1997 fue una oveja: una “Finn Dorset” nacida en Edimburgo el 5 de julio de 1996. Era “Dolly”, el primer mamífero clonado. Ante las posibilidades que ese avance científico planteaba, como la clonación humana, se redactó un Convenio sobre Derechos Humanos y Biomedicina, suscrito por 21 de los 40 países del Consejo de Europa. La firma -en la imagen-se concretó en Oviedo, en el Hotel de la Reconquista, el 4 de abril de 1997

Ochoa, que recibió el Nobel en 1959, compartido con su discípulo Arthur Kornberg, por sus descubrimientos sobre el ARN y el ADN, falleció el 1 de noviembre de 1993 y fue enterrado en Luarca, su pueblo natal, junto a su esposa, Carmen García Cobián. Su testamento incluía la creación de la Fundación Carmen y Severo Ochoa.

El testigo del Nobel fue recogido primero por sus discípulos directos, como Margarita Salas, y después por una serie de investigadores que, desde la Universidad de Oviedo, han desarrollado brillantes trayectorias en los ámbitos más diversos. En la bioquímica y la biología molecular, sin ir más lejos, el año 1987 marcó un hito fundamental, con la llegada de Carlos López-Otín a la institución. Sus investigaciones sobre el cáncer y su participación en el proyecto de secuenciación del genoma de la leucemia linfática crónica situaron a la región entre la élite de la comunidad científica internacional.

Stephen Hawking. Los premios “Princesa de Asturias” de Investigación Científica y Técnica han traído a la región a los principales investigadores de la época. Pero la visita del científico más famoso desde Einstein, Stephen Hawking, estuvo vinculada a otra categoría: recibió en 1989 el premio de la Concordia. Su presencia en Asturias, que reeditó en 2005, probablemente ayudó al nacimiento de muchas vocaciones. En la imagen, Hawking, a su llegada a Oviedo
Con el nuevo milenio, la velocidad de implantación de iniciativas innovadoras se incrementó, con la creación del Parque Científico Tecnológico de Gijón y de entidades como CTIC y Prodintec

Ochoa, que recibió el Nobel en 1959, compartido con su discípulo Arthur Kornberg, por sus descubrimientos sobre el ARN y el ADN, falleció el 1 de noviembre de 1993 y fue enterrado en Luarca, su pueblo natal, junto a su esposa, Carmen García Cobián. Su testamento incluía la creación de la Fundación Carmen y Severo Ochoa.

El testigo del Nobel fue recogido primero por sus discípulos directos, como Margarita Salas, y después por una serie de investigadores que, desde la Universidad de Oviedo, han desarrollado brillantes trayectorias en los ámbitos más diversos. En la bioquímica y la biología molecular, sin ir más lejos, el año 1987 marcó un hito fundamental, con la llegada de Carlos López-Otín a la institución. Sus investigaciones sobre el cáncer y su participación en el proyecto de secuenciación del genoma de la leucemia linfática crónica situaron a la región entre la élite de la comunidad científica internacional.

Cueva de El Sidrón. En marzo de 1994, los espeleólogos asturianos Carlos Armando, Juan José y Francisco Javier del Río hallaron restos humanos en una cueva de Piloña: era una mandíbula de neandertal y otros restos óseos. Así comenzaron las excavaciones en la cueva de El Sidrón, un yacimiento clave para entender la evolución humana y que sigue aportando hallazgos relevantes en el campo de la paleoantropología. En la imagen, una excavación en la cueva del Sidrón

La apuesta se reafirmaría con los primeros planes regionales de investigación y con la creación del Parque Tecnológico de Asturias, en Llanera (1991).

Con el nuevo milenio, la velocidad de implantación de iniciativas innovadoras se incrementó, con la creación del Parque Científico Tecnológico de Gijón (2000) y de entidades como la Fundación Centro Tecnológico de la Información y la Comunicación (CTIC) o del centro tecnológico Prodintec (2004). Nuevos hitos para una Asturias que quiere mirar al futuro.