La metalurgia, viento en popa. Avilés mantiene viva la tradición metalúrgica, pero las empresas han diversificado su actividad y conquistado mercados más exigentes como el eólico -en la imagen, piezas para aerogeneradores-, el petroquímico y el de la exploración espacial
La comarca sale fortalecida de la reconversión fabril, sanea la ría y se sube al tren del turismo

Hace ahora 40 años se produjeron en apenas 48 horas tres sucesos que dan idea de la convulsión política que se vivía en los albores de la democracia: dos enmascarados afines a la ultraderecha robaron pistola en mano un busto de Franco de la sede de la Seguridad Social, otro grupo de personas tiroteó la sede del PSOE y varios jóvenes de extrema izquierda quemaron la bandera nacional que ondeaba en el edificio de Correos y Telégrafos.

Eso pasaba en una ciudad ennegrecida por el hollín y los humos que arrojaban con impunidad las chimeneas de las fábricas, bañada por una ría convertida a fuerza de vertidos de todo tipo en un cloaca de olor pestilente y presa del temor -bien fundado por otra parte- que generaba la reconversión industrial, un terremoto que sacudió los cimientos sobre los que Avilés había construido, en los años precedentes, un proyecto de ciudad próspera social y económicamente.

Dos décadas para convertir una cloaca en un lugar paseable. Las obras de saneamiento de la ría de Avilés empezaron hace 20 años y aún a falta de remate en la margen derecha han conseguido hacer del estuario -en la imagen- un espacio con buena calidad ambiental, paseable y amigable

Ensidesa, temblando; las demás industrias de la comarca, tocadas en su línea de flotación por una crisis energética de impacto mundial; el paro, desbocado; la droga, diezmando una generación de jóvenes desilusionados; el orden político, patas arriba por el cambio de régimen; las infraestructuras públicas, bajo mínimos; la contaminación, en máximos… Ése fue el magma volcánico sobre el que Avilés empezó a trabajar con el objetivo de sobreponerse a tanta adversidad y volver a mirar al futuro con ilusión. Cuatro décadas después, muchas cosas han cambiado y todas han quedado reflejadas en estas páginas.

Si algo quedó claro en estos 40 años es que Avilés quiere seguir siendo un polo industrial, pero no a cualquier precio. Las fábricas abordaron dos reconversiones, la tecnológica y la ambiental. A consecuencia de la primera se destruyeron decenas de miles de puestos de trabajo pero se mantuvo la actividad, en algunos casos con creces; la segunda logró reducir la cantidad de emisiones contaminantes e hizo posible abordar con garantías el proceso de saneamiento de la ría.

Mudar la piel de acero que durante años dio seguridad económica a Avilés implicó aprovechar los terrenos dejados en barbecho por Ensidesa para nuevas actividades empresariales. Superado el paternalismo fabril, florecieron firmas emprendedoras y tecnológicamente vanguardistas que supieron dar nuevos usos al metal. Hoy son empresas punteras en sectores de máxima exigencia como el eólico, el petroquímico o el de la exploración espacial, entre otros. Además, su impulso ha abierto esperanzadoras vías de desarrollo para la I+D. En paralelo al reciclaje de la metalurgia, llegaron empresas tecnológicas que contribuyen a la diversificación del tejido productivo y han generado un esperanzador “efecto llamada”.

A la vez que gestionaba la reconversión industrial, Avilés acometió un profundo cambio urbanístico y puso en orden los asuntos sociales con programas pioneros de eliminación del chabolismo, de educación sexual, de lucha contra la exclusión… La peatonalización y los planes de rehabilitación del casco antiguo devolvieron a la ciudad una estampa que la mitad de la población, por cuestión de edad, sólo había visto en fotos. Los palacios volvieron a tener actividad; las calles y plazas, vida; los hoteles, turistas; hasta comenzaron a organizarse ferias y congresos… La ciudad ganó autoestima y se olvidó de los años plomizos del óxido.

Avilés afronta ahora otros retos para culminar el sueño: la eliminación de las vías del tren que la parten en dos, la descongestión del tráfico pesado en la ría, la consolidación de un parque tecnológico de referencia internacional, frenar la sangría demográfica… Seguiremos informando.

Abre el Niemeyer, un faro cultural con luces y sombras en su primera etapa. El actor Brad Pitt y el cineasta Woody Allen fueron dos de las estrellas de talla mundial que acudieron a Avilés atraídos por la construcción del centro cultural Niemeyer -en la imagen-, un proyecto llamado a proyectar la imagen de Asturias en el mundo pero que pronto sucumbió víctima de una controvertida gestión del dinero. El Niemeyer, hoy, trabaja en el ámbito cultural con miras más modestas