La encrucijada del futuro de las Cuencas. El declive del carbón -con el cierre de las últimas minas de Hunosa programado para finales de año (en la imagen un minero en el pozo Santiago, en Aller)- convive con el desarrollo de sectores emergentes como el tecnológico
Las comarcas mineras, tras un agudo proceso de desindustrialización minera y siderúrgica, han mejorado sus comunicaciones y servicios, a la vez que buscan otro futuro en el turismo y las nuevas tecnologías

Hace cuarenta años, las Cuencas iniciaban su declive industrial. Aquella industrialización con agua, carbón y acero había durado ya un siglo desde que Pedro Duro abriese su fábrica, en La Felguera, en 1858. Pero hace cuarenta años esa industria había comenzado su decadencia. Hoy, ya sin minería ni siderurgia, los territorios mineros buscan un nuevo futuro. Es su reto para el siglo XXI. Y lo hacen con ríos limpios, mejores infraestructuras, ciudades y servicios modernos, un patrimonio industrial por explotar, unos grandes recursos naturales para aprovechar y el tirón de las empresas tecnológicas, más las ya asentadas. No es lo que había, pero tampoco es un bagaje escaso.

Las últimas cuatro décadas fueron azarosas para las Cuencas. Hunosa nacía en 1967 para recoger y agrupar a todas las empresas mineras que ya eran deficitarias. Arrancó sus tajos con 25.000 mineros. Era una solución al problema del carbón. Pero a la vez, Fábrica de Mieres, la gran siderúrgica del Caudal, creada en 1879 por Numa Gilhou, se disgregaba. Su producción siderúrgica pasó primero a Uninsa y después a Ensidesa, en los primeros años 70. El destino era Gijón. Los hornos altos de Duro Felguera se cerraron en los años 80 y su negocio se trasladó también a Gijón con nuevas áreas de actividad. La fábrica fue derruida, se conserva un refrigerador, y en este espacio surgió Valnalón, un polo de desarrollo de emprendedores e innovación fundamental en los siguientes años.

Las comunicaciones también han experimentado un espectacular progreso, con nuevas infraestructuras como el enlace de la Autovía Minera con la de Mieres a Oviedo, en la imagen

Las décadas de los 70 y 80 fueron las del desmantelamiento industrial y la mejora de algunas infraestructuras. Los por entonces Príncipes de Asturias inauguraron la carretera de los túneles de Riaño, entre San Miguel de la Barreda, en Siero, y Langreo, ahora convertida en una autovía. Mucho antes, en la década de los setenta se abrió una nueva carretera entre Oviedo y Mieres, que dio paso en 1993 a la autovía entre las dos ciudades para enlazar con la autopista del Huerna, la principal salida hacia la Meseta. Y en marzo de 2003 comenzó a circularse por la Autovía Minera, entre Mieres, Langreo y Gijón, fruto de los fondos mineros. Un año después se desdobló la entrada a Langreo y a la vez comenzó la obra del gran paso ferroviario bajo la Cordillera Cantábrica, la Variante de Pajares, aún por concluir y sin fecha real de apertura.

Las Cuencas iban avanzando en mejoras de infraestructuras, a la vez que el carbón agudizaba su decadencia. Una transformación fundamental, realizada en los años 80 del pasado siglo con cargo a fondos europeos PNIC, fue la conversión de las aguas negras de los ríos, que durante décadas fueron un sucio símbolo del arranque del carbón, en limpias y cristalinas, y sus cauces fueron saneados en los valles del Nalón y del Caudal. Fue un avance psicológico muy relevante.

Los fondos mineros, 3.000 millones de euros, no completaron el cambio esperado en los territorios

En los años 90 se forjaron las negociaciones y firma de los primeros planes de la minería para su cierre y la búsqueda de un desarrollo alternativo para las Cuencas. El detonante fue el encierro en el pozo Barredo, de Mieres, la Navidad del año 1991, de las cúpulas de los sindicatos mineros SOMA y CC OO, con el socialista Felipe González en la Presidencia del Gobierno. De la protesta salieron algunas promesas de inversiones y las primeras prejubilaciones. Pero hubo que esperar al primer Gobierno de Aznar, en 1996. Entonces tomaron forma los planes de la minería: 1998-2005, 2006-2012, y el actual hasta finales de este año. Con ellos se impulsaron unas ventajosas prejubilaciones para los mineros (retiros a partir de los 42 años) y más de 3.000 millones de fondos mineros, cuya inversión obtuvo un resultado desigual.

Paulatinamente se cerrarían los pozos de Hunosa. Hoy sólo quedan tres -Santiago, Carrio y Nicolasa- que serán clausurados a finales de 2018. La empresa, que llegó a superar los 25.000 trabajadores, apenas tiene ya 1.400. Su futuro sin minas está en las nuevas energías, el turismo y su patrimonio industrial. En Nicolasa, el 31 agosto de 1995, se produjo uno de los accidentes más graves de la historia minera, con 15 mineros muertos.

Nuevas tecnologías y turismo apuntalan el futuro económico

La caída de la industria, las prejubilaciones y la pérdida de empleo tuvieron un efecto devastador en la población. Irónicamente se decía que las autovías servían para entrar, pero más para salir. Las Cuencas han perdido en los últimos años más de un tercio de sus habitantes. De superar los 200.000, casi a partes iguales entre las comarcas del Nalón y del Caudal, a los 138.000 actuales. El ritmo es de una media de 2.000 habitantes menos al año. Otro efecto pernicioso. Los jóvenes se van y la población envejece a pasos agigantados. Más de la mitad de los habitantes supera los 50 años y sólo el 20 por ciento tiene menos de 29. La falta de empleo empuja a los jóvenes a irse.

Las Cuencas se enfrentan ahora al difícil reto de reinventarse. Sin carbón ni acero, son necesarias nuevas actividades económicas y también mantener las que ya existen, con empresas importantes como Thyssen. El campus universitario de Barredo, sufragado con los citados fondos mineros, fue inaugurado en junio de 2002, pero siempre ha estado infrautilizado, pese a disponer de unas completas y modernas instalaciones que albergan a unos 1.000 alumnos, una sexta parte de los previstos. Su impulso es imprescindible, con nuevos grados y campos de investigación.

La naturaleza como gran reclamo. Los espacios naturales de las Cuencas, como los parques de Redes y Las Ubiñas-La Mesa, tienen unos grandes atractivos para los visitantes, pero requieren una mayor promoción turística. En la imagen, montañas nevadas en Tuiza (Lena), una zona integrada en el parque de Las Ubiñas-La Mesa

La caída de la industria, las prejubilaciones y la pérdida de empleo tuvieron un efecto devastador en la población. Irónicamente se decía que las autovías servían para entrar, pero más para salir. Las Cuencas han perdido en los últimos años más de un tercio de sus habitantes. De superar los 200.000, casi a partes iguales entre las comarcas del Nalón y del Caudal, a los 138.000 actuales. El ritmo es de una media de 2.000 habitantes menos al año. Otro efecto pernicioso. Los jóvenes se van y la población envejece a pasos agigantados. Más de la mitad de los habitantes supera los 50 años y sólo el 20 por ciento tiene menos de 29. La falta de empleo empuja a los jóvenes a irse.

Las Cuencas se enfrentan ahora al difícil reto de reinventarse. Sin carbón ni acero, son necesarias nuevas actividades económicas y también mantener las que ya existen, con empresas importantes como Thyssen. El campus universitario de Barredo, sufragado con los citados fondos mineros, fue inaugurado en junio de 2002, pero siempre ha estado infrautilizado, pese a disponer de unas completas y modernas instalaciones que albergan a unos 1.000 alumnos, una sexta parte de los previstos. Su impulso es imprescindible, con nuevos grados y campos de investigación.

Los espacios naturales y el patrimonio minero, atractivos para los visitantes

La comarca del Nalón ha formado un importante polo tecnológico con empresas pujantes como Capgemini o Informática de El Corte Inglés, repartidas entre Valnalón, el Centro Tecnológico de El Entrego, que prevé la construcción de otro edificio, y el centro de Blimea. Emplean ya a unos 1.400 trabajadores, más que la minería.

Valnalón, en Langreo, es también un centro de innovación y emprendeduría, con planes de formación desde la escuela que ayudan a cambiar la mentalidad dependiente del monocultivo industrial. Sus efectos son notables. Sus programas han sido exportados ya a todas las comunidades españolas y a varios países.

El campus de Mieres, un centro a potenciar. Las instalaciones universitarias de Barredo, en Mieres, se inauguraron en 2002. Estaban llamadas a ser un revitalizador de las Cuencas, pero por falta de grados y su infrautilización, sólo cuentan con 1.000 de los 6.000 alumnos previstos. En la imagen, estudiantes participantes en la feria de la ingeniería

El turismo es otro sector con gran futuro. Por un lado, el ligado al patrimonio industrial y minero, con museos, pozos para visitar y trenes carboneros. Por otro, el vinculado a la naturaleza, con los parques naturales de Redes y Las Ubiñas-La Mesa y el Espacio Protegido de las Cuencas. No es desdeñable tampoco el sector manufacturero, con quesos, sidra, cervezas artesanales y otros muchos productos.

Las Cuencas tienen futuro, pero serán sus habitantes quienes se lo busquen.