El Oviedo se asoma a Europa. El 18 de septiembre de 1991, el Oviedo jugó el primer partido europeo de su historia, en la Copa de la UEFA frente al Génova. El Tartiere estalló con el gol de Bango, en la foto, que no fue suficiente para una segunda eliminatoria
Cuando el Sporting rozaba los títulos. El Sporting llegó a la jornada 27 de la Liga 78-79 con opciones al título, pero lo frustró un gol de Santillana -en la foto con Rivero en Zorrilla- en El Molinón. En 1982, el Madrid también acabó con el sueño en la final de Copa
Los deportistas asturianos se subieron al carro de la excelencia española en los Juegos Olímpicos de 1992 y ahora, 26 años después, sufren las penurias de unos recortes de los que sólo se libra el fútbol

En 1978, 82 años después del inicio de la era moderna del olimpismo, el deporte asturiano sólo presumía de dos medallas, la de bronce de Enrique Rodríguez Cal en Munich-72 y la de plata de Herminio Menéndez en Montreal-76. Medallas en blanco y negro, arrancadas por pioneros que respondían con entusiasmo y sacrificio a la inferioridad de condiciones respecto a los rivales de países avanzados. En los siguientes cuarenta años, la cosecha se ha disparado con otras quince medallas, ocho de ellas de oro. Todo empezó en Barcelona-92, cuando la planificación y el dinero situaron al deporte español en el primer mundo. El impulso, 26 años después, se mantiene a duras penas por los recortes presupuestarios desde 2011. Todavía se notan poco en la élite porque, como a mediados del siglo pasado, surgen figuras por generación espontánea en los deportes más inesperados. Y, sobre todo, gracias al empuje de las mujeres, que han compensado el descenso en el número de medallas de los hombres en las dos últimas ediciones de los Juegos. Hemos pasado del Cibeles y el Naranco de la década de los 80 a la excelencia del Hostelcur y el Mavi en este 2018. Y, en los dos casos, a contracorriente. El deporte base en Asturias sufre las consecuencias de una disminución en torno al 40 por ciento de los recursos públicos. Las quejas llegan de todas partes, de los que empiezan y de los consagrados, con idéntica respuesta de los dirigentes: esto es lo que hay. Mientras los más reputados estudios demuestran la importancia de la actividad física para el desarrollo y la salud de las personas, el deporte es la primera víctima de la crisis económica. La situación no llega al extremo de aquella Asturias del 78, atrapada en el monocultivo del fútbol, pero si alguien no lo remedia, la marcha atrás puede acabar con el Principado en el vagón de cola en 2018.

Del Cibeles y el Naranco a comienzos de la década de los 80, al Hostelcur y el Mavi, símbolos del auge del deporte femenino

En 1978, el Sporting de Quini parecía lanzado hacia el primer título de Liga del fútbol asturiano, que se esfumó una tarde de abril de 1979 en El Molinón. Fue un año clave para la rivalidad asturiana, con, el contraste entre el Euro-sporting y un Oviedo por primera vez en su historia en Segunda B. Cuarenta años después, los dos grandes coinciden en Segunda tras una trayectoria guadianesca: de 1991, con la clasificación para la Copa de la UEFA, a las dudas sobre la supervivencia del Oviedo en 2003 y el Sporting en 2005.

Dacal abrió la cuenta. La única medalla para España en los Juegos Olímpicos de Munich-72 llegó gracias al talento de un candasín, Enrique Rodríguez Cal, Dacal, bronce en el peso minimosca. En la foto, en el podio, a la derecha.
Jessica Alonso, femenino y plural. Pocas horas después del oro de Pumariega, Jessica Alonso marcaba el gol definitivo que daba el bronce a la selección de balonmano en Londres, el último de momento para el deporte asturiano

La edad de oro del Sporting se había roto en 1998 con el descenso más vergonzoso de la historia de Primera (trece puntos, sólo dos victorias en 38 jornadas). El Oviedo, que en 1988 había vivido el ascenso más celebrado de su historia, tardaría sólo tres años más en reencontrarse en Segunda con su vecino. Tenía nuevo estadio, pero lo peor estaba por venir: un doble descenso que puso en peligro 77 años de historia, con un enemigo inesperado, el alcalde De Lorenzo.

Curiosamente, a 28 kilómetros fue el Ayuntamiento el que salvó al Sporting con la compra de Mareo, a la espera de la llegada del hombre que lo cambió todo: Manolo Preciado. A los dos años logró un ascenso que, como el de Abelardo en 2015, no esperaba nadie. Dos entrenadores levantaron un club marcado por la gestión de la familia Fernández. En Oviedo ha habido mucho más movimiento accionarial, hasta que en 2012 llegaron los millones de Carso para poner la guinda a la reacción de la afición.

Toda una vida con El Brujo. Sin títulos ni proyección mediática, Enrique Castro Quini es el futbolista asturiano más popular de la historia. En los 70 lideraba al mejor Sporting, con remates como el de la foto. Su fallecimiento en 2018 fue un acontecimiento con eco mundial.
La huella asturiana del Mundial. La selección española de fútbol tocó techó en 2010 con la conquista del Mundial en Sudáfrica. Villa fue decisivo y, junto a un jovencísimo Mata -ambos en la foto-, estableció la cuota asturiana a un éxito largamente esperado.

Individualmente, por encima de colores, el icono del fútbol asturiano durante estos cuarenta años fue Quini: estaba en el punto más alto de su carrera en 1978 y su muerte el 27 de febrero de este año se convirtió en un acontecimiento de alcance mundial. Jugadores como Abelardo, Luis Enrique y, sobre todo, Villa han superado de largo su palmarés, pero Quini trasciende a lo futbolístico. No necesitó mundiales, eurocopas, Champions ni balones de oro para convertirse en un mito del deporte asuriano.

Pese a las limitaciones demográficas y económicas, un buen puñado de nombres acompañan al Brujo en el Olimpo. Y muchos de ellos por su aparición en los Juegos que acaparan la atención mundial cada cuatro años: a Dacal y Herminio Menéndez (hombre récord español durante décadas por sus tres medallas, dos de plata y una de bronce) se unió la cosecha de Barcelona: los arqueros Antonio Vázquez Megido y Alfonso Menéndez Vallín, la jugadora de hockey Masángeles Rodríguez y los futbolistas Abelardo, Luis Enrique y Manjarín, todas de oro.

Otro futbolista (Miguel Ángel Angulo) reinició la cuenta en Sidney 2000 (plata), con un repunte espectacular en Pekín: oro para el ciclista Samuel Sánchez, plata del jugador de hockey Juan Fernández y bronce para tres jugadores de balonmano (los hermanos Alberto y Raúl Entrerríos, y Rubén Garabaya) que ya habían sido campeones del mundo (2005). Desierto el palmarés en Río 2016, el último subidón asturiano llegó en Londres 2012, con el oro en vela de Ángela Pumariega y el bronce de Jessica Alonso en balonmano. De Londres también volvió con el oro el maratoniano Alberto Suárez Laso (plata en Río), continuador de una saga de asturianos que brillaron en los Paralímpicos: la nadadora Ana Belén Bernardo (cinco medallas), el atleta José Manuel González Santamaría (cuatro), los ciclistas José Andrés Blanco (dos) y Francisco Javier Suárez (una), el arquero José Fernández (una) y el judoka Raúl Arrizabalaga (una).

Fernando Alonso y Yago Lamela pusieron a Asturias en el mapa de dos prestigiosos deportes
De repente, un genio en la Fórmula 1. La Fórmula 1 era un mundo inaccesible para los españoles hasta que un asturiano, Fernando Alonso, irrumpió con una fuerza y un talento que le llevaron a ganar dos títulos mundiales consecutivos, el primero en 2005 en Brasil, en la foto
El salto a la historia de Yago Lamela. Yago Lamela apuntaba muy alto desde pequeño, pero fue en 1999, tras reencontrarse con Juanjo Azpeitia, cuando explotó sus extraordinarias condiciones: 8,56 en Maebashi, en la foto, y 8,40 en Sevilla, válidos por dos subcampeonatos del mundo

Yago Lamela nunca logró llegar a unos Juegos en el estado de forma que le convirtió en uno de los mejores saltadores de longitud del mundo en 1999, con su famoso 8,56 en Japón y el 8,40 de Sevilla, dos brincos prodigiosos que sólo le sirvieron para ser subcampeón mundial. Su fallecimiento el 8 de mayo de 2014, a los 46 años, fue el final de una vida plagada de vaivenes deportivos y personales.

En estos cuarenta años, un puñado de asturianos llegaron a la cumbre en su deporte, pero ninguno con la proyección de Fernando Alonso. En 2001 ingresó en el exclusivo club de la Fórmula 1 y en 2002 batió récords de precocidad. Entre 2005 y 2006 enlazó dos títulos mundiales, que aventuraban una carrera mucho más exitosa. A punto de cumplir 37 años, la impresión es que su capacidad para elegir equipo nunca estuvo a la altura de su talento al volante.

Con Herminio empezó todo. Herminio Menéndez, primero por la izquierda en la mítica K-4 campeona del mundo, junto a Celorrio, Díaz Flor y Misioné, sigue siendo el asturiano con más medallas olímpicas: una de plata en Montreal-76 y una de plata y otra de bronce en Moscú-80

A la cima también llegaron, literalmente, varios alpinistas asturianos que escalaron la montaña más alta, el Everest, pero sólo Jorge Egocheaga ha conseguido hasta el momento completar los catorce “ochomiles”. Y siempre con tiempo y fuerzas para convertir sus expediciones en un instrumento de ayuda a los más desfavorecidos.

Hasta un segundo escalón de uno de los deportes más competitivos, el tenis, llegó en 2017 Pablo Carreño, décimo del ranking mundial. Ya es el mejor tenista asturiano de la historia, superando los logros de Juan Avendaño y Galo Blanco, y aspirante a ser el primero en conquistar la Copa Davis en la cancha. Desde el cargo de capitán lo logró dos veces Avendaño.