Hornos de Arcelor en la factoría de Veriña Miki López
La gran mutación: de la industria pública e inviable al motor privado y competitivo, pero aún pequeño

Es probable que muchos de los asturianos que han cumplido los 40 años tengan interiorizado que siempre han vivido en una región en crisis. Eran unos niños cuando los trabajadores del naval se enfrentaban a la Policía en las barricadas de Gijón, primer gran hito de las movilizaciones laborales que durante una parte de estas décadas agrandaron la épica obrera de Asturias. Fueron adolescentes mientras se producían los episodios mayores de las reconversiones de la minería y la siderurgia y mientras se acentuaba también el abandono del campo.

Esos mismos asturianos escucharon hablar en los años 90 de algunos éxitos y fiascos de la “reindustrialización” o de los “fondos mineros”, cuando estudiaban en los institutos. Y se adentraron en el mercado laboral en un tiempo en el que las estadísticas decían, sobre todo después del año 2000, que Asturias estaba enganchada al crecimiento de España, sin que a la vez se apagara un discurso que nunca dejó de subrayar una parte de las élites dirigentes: aunque Asturias estaba prosperando entonces, lo hacía menos que el resto del país. Luego vino la Gran Recesión global, seguida de una recuperación difícil y socialmente desigual que hoy mantiene a no pocos de quienes nacieron hace 40 años en el paro, la precariedad laboral o la emigración.

Aquéllos que, tengan o no 40 años, se vean reconocidos en estas líneas quizás participen de creencias e impresiones sobre la economía asturiana como las siguientes: que antes de todo lo descrito veníamos de un pasado mejor que el presente y que el resultado de las mutaciones de estas últimas cuatro décadas ha tenido mucho más de destrucción que de creación.

La ensoñación. Antes de 1970 se hablaba ya de una “Asturias declinante”. En 1955, era la sexta provincia más rica (en PIB per cápita) y en 1971 había caído al puesto 17.º, por debajo de la media nacional. Los estudios académicos identifican 1959 como el año del que parte el declive. El final relativo del aislamiento exterior de España -tras los acuerdos con EE UU para el despliegue de las bases militares en el contexto de la “guerra fría”- y el ocaso de las posiciones autárquicas del primer franquismo (plasmado en el llamado Plan de Estabilización del 59) empujaron a la industria asturiana al estancamiento, particularmente a la minería del carbón por el giro de la política energética hacia el petróleo.

El Estado, que históricamente había favorecido al mineral asturiano y al capital que lo explotaba con medidas proteccionistas, fue al rescate con la nacionalización de gran parte de las explotaciones y la creación de Hunosa (1967). El sector público, a través del Instituto Nacional de Industria (INI), se reforzaba como gran patrón fabril de Asturias también en la siderurgia, al absorber a la privada Uninsa (1973). Asturias se asomaba a los grandes cambios políticos, sociales y económicos que se avecinaban con un perfil productivo dependiente en extremo de empresas estatales ineficientes e incapacitadas para sobrevivir sin el auxilio del Estado, como la minería, o que precisarían fuertes reconversiones para perdurar, en el caso de la siderurgia. Hay mucho de ensoñación en quienes puedan pensar que entonces se vivía mejor (la renta per cápita se ha multiplicado por más de diez desde entonces) y también en quienes aún crean que aquel modelo económico podría haber sido de algún modo sostenible.

La entrada en la CEE aceleró un declive que comenzó mucho antes, con el giro económico que dio el franquismo en 1959

Primera herencia. La entrada de España en la Comunidad Económica Europea (CEE) aceleró desde 1986 cambios larvados en años precedentes. Los 90 trajeron planes de recorte de la minería -sobre todo en Hunosa, entonces con 18.000 mineros- caracterizados por el sesgo socialdemócrata y precedidos de grandes movilizaciones lideradas por los sindicatos: cierre gradual con prejubilaciones desde tempranas edades y retribuciones generosas para amortiguar la caída de la renta y fondos para dinamizar los territorios afectados. Hoy, 26 años después del encierro de las ejecutivas del SOMA y de CC OO en el pozo Barredo (diciembre de 1991), el carbón asturiano agoniza, Hunosa tiene 1.200 mineros y sus últimos pozos podrían cerrar a fines de 2018.

La reconversión siderúrgica tuvo el mismo perfil “no traumático” en el tratamiento de los trabajadores excedentes -Ensidesa tenía 25.000 empleos a principios de los 80 y Arcelor Mittal ocupa ahora a 5.523 personas- y también un contexto de magna movilización laboral, cuyo episodio principal fue la “Marcha de Hierro” en 1992. El objetivo era distinto al de Hunosa: garantizar el futuro de las plantas haciéndolas competitivas mediante ajustes e inversiones. En los 80, el acero asturiano sobrevivió a lances cruciales, como el intento de potenciar una siderurgia abierta al Mediterráneo en Sagunto que con el tiempo habría comprometido el futuro de la cabecera de Asturias, que también tomó ventaja sobre la vasca, con posibilidades de expansión más limitadas. La apertura en 1989 de la nueva acería LD-III en Avilés fue el acontecimiento principal de aquella primera reconversión, incompleta como luego se evidenció. La siguiente conduciría a la privatización, luego a la integración en el grupo europeo Arcelor (2002) y por último a la fusión con Mittal Steel (2006).

Hoy el acero asturiano, del que la economía regional mantiene una altísima dependencia, es propiedad de una multinacional, como también ocurre con otros negocios del antiguo INI privatizados: Endasa (hoy Alcoa) y la armamentística Santa Bárbara (General Dynamics). Es una de las herencias de estos cuarenta años económicos: la médula industrial de Asturias pasó de estar en manos del Estado y enfocada al mercado nacional a depender de corporaciones globales y de sus exigentes reglas de competitividad, algo que también se acentuó con las inversiones que la región atrajo y con las compras que el capital extranjero hizo de empresas locales (entre ellas, la eléctrica Hidrocantábrico, ahora EDP España).

Segunda herencia. Además de la preeminencia del capital público, otro rasgo característico de la región había sido el contraste entre la existencia de una industria básica muy potente, asociada a los recursos naturales (carbón y agua) y a la capacidad logística de los puertos, y un desarrollo raquítico de fábricas transformadoras, estrangulado por la condición periférica de la región y por las seculares carencias en las comunicaciones con el resto de España por carretera y ferrocarril. Las inversiones públicas que, financiadas sobre todo con los fondos estructurales europeos, recibió Asturias en infraestructuras, la urbanización de nuevos espacios empresariales y el despliegue de redes de nuevas tecnologías fueron pensados en parte con ánimo de cambiar ese paradigma, de reindustrializar la región y diversificarla. Asturias se ofrecía al mundo como localización fabril para buscar remedios al declive mientras el eje de la industria mundial viraba con ímpetu ya hacia China. Hubo éxitos de alcance (Du Pont y Thyssenkrupp) y también fracasos sonoros (General Electric o el “Petromocho”).

El catedrático de Fundamentos del Análisis Económico Joaquín Lorences suele decir que las transformaciones de estas décadas han hecho que la economía regional se haya convertido en un motor sano y competitivo, pero con tamaño y potencia reducidos. Más pequeño además tras la dura prueba de la Gran Recesión (2008-2013). De ese motor forma parte la gran industria y centenares de pymes, parte de ellas antiguas empresas auxiliares o pegadas al gran cliente que era el sector público y que ahora rentabilizan dentro y fuera de España el conocimiento y la cultura de trabajo que emanan de la tradición industrial de la región. Ese ecosistema alumbró, por ejemplo, el muy notable negocio de las ingenierías asturianas, con Duro Felguera y TSK como enseñas principales. En esa medida forman parte del legado del pasado industrial.

El empleo en los servicios pasó del 34% al 75%, y la región se enganchó al negocio del turismo, antaño marginal

Tercera herencia. Asturias ha participado de otros movimientos tectónicos que se han producido en España y en Europa, como la intensa incorporación de la mujer al trabajo o la terciarización de la economía (el empleo en los servicios suponía el 34,2% del total en 1978 y hoy supone el 75,3%). Y la región se ha subido al negocio español del turismo (11% del PIB), marginal aquí hace 40 años. Es uno de los campos -junto al dinamismo de las elaboraciones agroalimentarias, por ejemplo- en los que más ha brillado la iniciativa empresarial de los propios asturianos.

¿Qué papel ha tenido ese emprendimiento interior en los cambios de estos cuarenta años? Los estudios y encuestas -el principal de ellos, el “Informe GEM”- indican que los asturianos son los españoles que menos oportunidades de negocio perciben a su alrededor. Están también entre los que más temen al fracaso, un factor de inhibición al emprender. No hay condiciones objetivas en el entorno que lo expliquen. Puede que no tengamos más recursos que otros territorios de España, pero tampoco menos que muchos. Ni mayores barreras.

La catedrática Beatriz Junquera, responsable del “Informe GEM” en Asturias, apunta hacia dentro de los asturianos para explicar el déficit emprendedor, hacia el sesgo conservador de una sociedad que, vista como conjunto, tiende al escepticismo y a resistirse a los cambios. Es una herencia que viene de mucho antes de 1978 y que tiene raíces antropológicas, cree Junquera. En los momentos más duros de las últimas cuatro décadas se adhirió a esa herencia cultural un profundo pesimismo sobre el futuro, identificado por los investigadores del estudio “Estrategias para la Reindustrialización de Asturias (ERA)” (1992). Allí se señalaba que atemperar aquel extendido fatalismo -la gente solía pensar que las cosas no podían seguir como hasta entonces, pero tampoco creían que hubiera soluciones- era capital para que la economía se reinventara. Propiciar esa nueva mentalidad, se decía en el ERA, concernía en primer lugar a los liderazgos políticos y sociales.

Hoy, la antigua idea de la “Asturias declinante” y también aquélla otra según la cual el futuro de los asturianos depende más de otros que de nosotros mismos pueden haber perdido el volumen que tenían hace cuarenta años, pero siguen presentes en una parte no menor del discurso público.

Hitos de la economía regional

  • 1989: La nueva acería avilesina
    1989: La nueva acería avilesina
    La inauguración de la acería LD-III en Avilés despeja incertidumbres sobre el futuro de la siderurgia
  • 1992: Arrancan los grandes ajustes mineros
    1992: Arrancan los grandes ajustes mineros
    La firma del primer plan de Hunosa (1991-1994) abre paso a las prejubilaciones y al cierre gradual de pozos
  • 1992: Thyssen inaugura su primera factoría en Mieres
    1992: Thyssen inaugura su primera factoría en Mieres
    La multinacional alemana estrena la fábrica de escaleras mecánicas, la primera de varias inversiones
  • 1992: Nace Capsa, brazo industrial del sector lechero
    1992: Nace Capsa, brazo industrial del sector lechero
    Central Lechera Asturiana (Clas) activa su filial Capsa, principal brazo industrial del sector lechero asturiano
  • 1993: Du Pont comienza a producir en Tamón
    1993: Du Pont comienza a producir en Tamón
    La multinacional estadounidense inaugura su primera planta para la producción de nomex
  • 1997: El año de las privatizaciones
    1997: El año de las privatizaciones
    El capital de Aceralia, heredera de Ensidesa, sale a Bolsa. Alcoa asume la fábrica de aluminio de Avilés.
  • 1998: El Plan del Carbón trae los fondos mineros
    1998: El Plan del Carbón trae los fondos mineros
    El Plan del Carbón 1998-2005 pactado entre los sindicatos y el Gobierno del PP activa los fondos mineros
  • 2006: Mittal se hace con la siderurgia
    2006: Mittal se hace con la siderurgia
    La familia Mittal se hace con la siderurgia asturiana tras una opa sobre Arcelor, grupo europeo creado en 2002
  • 2008-2012: Récords de empleo y de paro
    2008-2012: Récords de empleo y de paro
    En 2008, Asturias supera los 450.000 trabajadores. En 2013, en lo peor de la crisis, llega a 118.000 parados
  • 2014-2018: La difícil recuperación
    2014-2018: La difícil recuperación
    El PIB asturiano entra en crecimiento en 2014. En 2017, la economía crece el 3,5%. Aún hay 63.000 parados