Aspecto del huca el 14 de junio de 2014, día de su puesta en marcha
Los equipamientos se han desarrollado mucho, pero la demanda aumenta aún más

El 14 de junio de 2014 abrió sus puertas el nuevo Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), en los terrenos ovetenses de La Cadellada que había ocupado el Hospital Psiquiátrico Regional. Culminaban así ¡26 años! -casi tres cuartas partes de las cuatro décadas que abarca este suplemento- de controversia política, y en menor medida sanitaria y social, acerca de lo que convenía hacer con el viejo Hospital General, que ya por los años 80 del siglo pasado amenazaba con derrumbarse y que, sin embargo, a día de hoy sigue en pie.

Con el nuevo HUCA, quedaba completada una red de hospitales públicos o parapúblicos que, vista desde fuera, resulta incomprensiblemente abultada para poco más de un millón de habitantes. Sin embargo, la capacidad resolutiva de este completísimo entramado parece quedarse pequeña ante la creciente demanda de una población cada vez más envejecida.

El Hospital General y la Residencia Sanitaria Covadonga abrieron sus puertas en 1961. El Instituto Nacional de Silicosis, en 1970. El Centro de Rehabilitación fue construido en 1963 y el Materno-Infantil, en 1971. Este abigarrado conjunto conformaba un laberinto de 17 construcciones y 123 puertas que fue sustituido por un bello edificio diseñado por los arquitectos Juan Navarro Baldeweg, Ángel Fernández Alba y Alfonso Iglesias. Desde el punto de vista estético y constructivo, el nuevo HUCA es seguramente uno de los grandes hospitales de Europa; desde la perspectiva social y política, representa un hito de una envergadura que tardará en verse de nuevo en el Principado.

Con casi mil camas, su coste ha rondado los 500 millones de euros. Sin embargo, y pese a que cuenta con profesionales sanitarios de notable nivel y con algunas unidades clínicas de vanguardia, hasta el momento el Hospital Central de Asturias no se ha aproximado ni de lejos al prestigio que en los años 60 del siglo pasado adornó al Hospital General, pionero a nivel nacional de la formación MIR de los médicos.

Lo cierto es que el nuevo HUCA lleva cuatro años atendiendo a los asturianos, y eso es una espléndida noticia. También en 2014 abrió sus puertas el nuevo Hospital Álvarez-Buylla de Mieres, que sustituía a la vieja sede. Con ellos daba un notable salto de calidad la red regional de hospitales y centros de salud, muy tupida, en un territorio no muy extenso, pero sí orográficamente exigente, como es el Principado.

Primer trasplante de corazón en Asturias. Fue realizado en el HUCA, el 2 de febrero de 1998. El paciente era José Luis Fernández Suárez, un minero jubilado de Morcín, de 56 años

Y todos estos equipamientos habían pasado a depender de la Administración regional el 1 de enero de 2002. El traspaso de las competencias sanitarias trajo a Asturias la gestión directa de más de 15.000 trabajadores y -actualmente- unos 1.600 millones de euros anuales (cerca del 40 por ciento del Presupuesto autonómico). Estas cifras refrendan el notable peso de la actividad sanitaria en la economía de la región.

Un sector, el sanitario, que también incluye un puñado de centros privados -concentrados principalmente en Oviedo y Gijón- y algunas empresas dedicadas a la enseñanza, la investigación y la fabricación de materiales y productos vinculados a la red sanitaria. Mención especial merece el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega, que cada año recibe en su sede de Oviedo -inaugurada en 1997– a unos 75.000 pacientes de fuera de Asturias. Y también goza de una notoria buena fama en el exterior la Academia MIR de Asturias, que desde 1988 atrae cada curso a la capital del Principado, durante siete u ocho meses, a más de mil licenciados en Medicina de toda España y Latinoamérica.

Es la sanidad, en suma, un espacio laboral, científico y generador de salud y bienestar que, adecuadamente gestionado, podría desempeñar un papel bastante más relevante en el desarrollo económico de Asturias.

Pero la sanidad tiene sentido real cuando produce, como se ha mencionado, salud y bienestar. Asturias tiene un pasado muy industrial, y este factor ha dejado una huella negativa -que poco a poco se va difuminando- en determinados indicadores de salud vinculados a la actividad laboral y al medio ambiente. Como contrapartida, la región cuenta con un elenco de instalaciones deportivas, sendas saludables y espacios de ocio que permiten desarrollar sin cortapisas una actividad física acorde a las recomendaciones de los expertos. Preocupan las elevadas tasas de consumo juvenil de alcohol y drogas, un apartado en el que la sociedad, las familias, el sistema educativo y los poderes públicos deberán ponerse las pilas sin complejos. El ejemplo de los mayores -factor clave, como en tantas esferas de la vida- no siempre es el más adecuado. Son mejorables, asimismo, las pautas alimentarias, a menudo inclinadas a comidas fuertes y a unas dietas con exceso de calorías. Y habrá que prestar atención a la elevada tasa de suicidios, muy superior a la media nacional y cercana a las tristes cotas de los países nórdicos.

Alumnos en el aula del curso MIR de Asturias

Los grandes avances sanitarios han dejado huella en Asturias. El primer bebé asturiano nacido mediante fecundación in vitro fue Sofía Quintana Haydee, alumbrada en el Hospital de Cabueñes, de Gijón, en la mañana del 31 de diciembre de 1984. La fecundación se había llevado a cabo en una clínica de Barcelona.

También ha sido apasionante el desarrollo de los trasplantes de órganos en la región, cuya historia casi se ajusta en el tiempo al intervalo que abarcan estas páginas conmemorativas. El primer injerto renal se llevó a cabo el 14 de abril de 1983; el primero de corazón, el 2 de febrero de 1998; el de hígado, el 16 de abril de 2002. También se han realizado trasplantes dobles -de dos órganos en una misma intervención- e injertos de riñón de donante vivo. Todos ellos suelen constituir episodios con cierto carácter épico en los que se entrelazan una muerte, la del donante, y una nueva vida para el receptor.

De cara al futuro, la sanidad pública asturiana deberá afrontar -como en el conjunto del país- el desafío de la sostenibilidad, amenazada por el peso del envejecimiento poblacional y la consiguiente expansión de las enfermedades crónicas. Pero, en última instancia, en la salud de una población desempeñan un papel muy relevante la prevención, los hábitos saludables, la armonía con el entorno y unas relaciones familiares y sociales constructivas. Y ahí la responsabilidad individual tiene mucho que decir.