Libertad, justicia, igualdad y pluralismo político eran, a finales de la década de 1970, valores clave para construir un nuevo tiempo en una nueva España. La Constitución del 78, culmen de la Transición Española, se erigía en la mejor expresión de democracia y consenso, y consagraba eso que Adolfo Suárez llamó “la devolución de la soberanía al pueblo español”.

Fueron años de transformación social que los españoles vivimos con cierta impaciencia, altas dosis de incertidumbre y una incontenible ilusión.

La Ley Fraga de 1966 había abierto una pequeña rendija por la que, en los estertores del franquismo, empezaron a filtrarse conatos de libertad de expresión. Pero, realmente, fue tras la muerte del dictador cuando la prensa se sintió protagonista y su aportación resultó decisiva para afrontar con éxito el proceso de transformación en curso.

Nuestra voluntad de celebrar el 40 aniversario es consecuencia de nuestro sincero y humilde agradecimiento hacia todas aquellas personas que nos acompañan en esta travesía: socios, lectores, anunciantes y profesionales de la información

En diciembre de 1978, me embarqué, junto a mi esposa Arantza, en una aventura empresarial que marcaría el rumbo de nuestra vida para siempre. Con mucho esfuerzo, y más sueños de juventud que certezas, adquirimos Prensa Canaria, editora del periódicoLa Provincia y del vespertino “Diario de Las Palmas”.

Aquella operación, que casualmente coincidió en el tiempo con la promulgación de la Carta Magna, fue el germen de Prensa Ibérica, que cumple su 40 aniversario habiéndose convertido en uno de los principales grupos de comunicación de nuestro país.

Prensa Ibérica celebra cuatro décadas de información, servicio a los lectores, defensa de los principios democráticos y compromiso con el progreso de los territorios en los que está presente. Han sido 40 años informativamente intensos en los que el mundo ha experimentado cambios profundos. La caída del comunismo, la revolución tecnológica, las nuevas formas de comunicación, el protagonismo de la mujer en la sociedad actual y los signos evidentes de deterioro ecológico del planeta son solo una muestra de esta transcendental metamorfosis.

“Nuestra labor consiste en investigar y describir el mundo contemporáneo, que está en un cambio continuo, profundo, dinámico y revolucionario”, escribió el gran maestro Ryszard Kapuscinki en “Los cínicos no sirven para este oficio”, todo un tratado sobre el buen periodismo.

Desde su dimensión local y regional, los diarios de Prensa Ibérica han sido testigo y altavoz del devenir de la Humanidad en un período en el que España, gracias a la llegada efectiva de la democracia y a su integración en la Europa comunitaria, ha alcanzado cotas de libertad, paz y prosperidad económica jamás alcanzadas a lo largo de su historia.

Nuestra voluntad de celebrar el 40 aniversario es consecuencia de nuestro sincero y humilde agradecimiento hacia todas aquellas personas que nos acompañan en esta travesía: socios, lectores, anunciantes y profesionales de la información.

Gracias a su confianza, nos sentimos con más fuerza que nunca para encarar los nuevos desafíos de la comunicación, explorar nuevos modelos de negocio y perseverar en el camino de ese periodismo honesto, fiable y de calidad que hemos convertido en sello corporativo.

Tenemos motivos para sentir orgullo por el trabajo que realizan nuestros periodistas que, cómplices del lector y amantes impenitentes de la verdad, consultan múltiples fuentes, se afanan en contrastar los hechos y cuentan las historias de forma fidedigna, accesible y cercana.

Como editor considero esencial respetar la independencia de los periodistas en el ejercicio de su profesión. Coincido, por tanto, con el análisis que Hannah Arendt realiza en “Verdad y mentira en la política” cuando afirma que “entre los modos existenciales de la veracidad sobresalen la soledad del filósofo, el aislamiento del científico y el artista, la imparcialidad del historiador y el juez, y la independencia del periodista”.

En Prensa Ibérica amamos la esencia de nuestro oficio. Y, en un momento en el que los ciudadanos se sienten abrumados por la incesante avalancha de información que reciben a través de un aluvión de soportes, reivindicamos el papel del periodista como garantía auténtica de criterio y rigor en la selección de las noticias, en la exposición ordenada de los hechos y en el análisis certero de los mismos.

Se equivocan quienes piensan y proclaman que Internet representa una amenaza para la industria de la información puesto que, en realidad, amplía nuestro horizonte de oportunidades. De hecho, ahora se lee más que nunca.

Es cierto que la eclosión digital obliga a una redimensión y redefinición de nuestros medios de comunicación impresos, pero también es verdad que, mediante los procesos de digitalización, nos ha transformado en grupos multimedia capaces de llevar los contenidos, como valor diferencial, a distintos medios, soportes y formatos.

Prensa Ibérica siempre ha estado a la vanguardia de los avances tecnológicos aplicados a la información. En los años 80 fuimos pioneros en la introducción de los ordenadores en la redacción; a finales de los 90 nuestros periódicos se dotaron de las mejores rotativas, comenzaron a lanzar sus ediciones online y digitalizaron sus hemerotecas, y en la actualidad estamos inmersos en un ambicioso plan de transformación digital que brinda a nuestros profesionales los más avanzados recursos tecnológicos.

Los nuevos ingenios no socavan, sin embargo, nuestra fe en las formas de comunicación impresas, que atesoran más de cuatrocientos años de historia y que tienen por delante, sin duda, un futuro de armoniosa convivencia con otros soportes.

El 40 aniversario constituye la oportunidad de acercarnos a los lectores de todos nuestros diarios impresos y digitales. Periódicos entre los que ocupa un lugar prominente LA NUEVA ESPAÑA, que es, por su liderazgo y su buen hacer periodístico, uno de nuestros buques insignia.

La integración en 1984 de la histórica cabecera en uno de los grupos periodísticos más importantes del país, que hoy tiene diecisiete periódicos impresos y digitales en nueve comunidades autónomas, además de plantas de impresión, canales de televisión y una emisora de radio, consolidó su liderazgo.

Sin perder la perspectiva global del mundo actual, el amor que el asturiano profesa hacia su tierra cristaliza en un acentuado interés por lo que, por proximidad, más le afecta. Esta predilección por la información local, unida a la excelencia periodística de los profesionales de LA NUEVA ESPAÑA, convierte a nuestro periódico en la mejor voz y el mejor espejo de Asturias.

Querido lector, la edición especial que tiene delante constituye un acercamiento a Asturias a través de su proyección y dinamismo económico, social y cultural. Sus páginas son fiel reflejo del ímpetu de una tierra que tiene en la calidad humana de su gente el mejor de sus patrimonios.

Disfrute de su lectura.