En 1978 los españoles aprobábamos la Constitución y, en Canarias, se organizaba el grupo Prensa Ibérica. Echemos la vista atrás para hacernos idea cabal de la importancia que han tenido estas cuatro décadas. Iniciábamos la democracia y el adulterio era delito para “la mujer casada que yace con varón que no sea su marido (…)” pero no para quien yacía con señora ajena. Por primera vez una mujer, Carmen Conde, accedía a la Real Academia Española. Alfredo Evangelista se proclamaba campeón de los pesos pesados en una Europa en cuya Unión no éramos todavía aceptados ni deportivamente visibles. Tarradellas daba lecciones de lealtad e inteligencia política en una entrevista con Suárez que fue mal, pero de la que dijo a la salida: “El cambio de impresiones ha sido sumamente satisfactorio: excelente”. Y los españoles empezábamos a disfrutar de la libertad de prensa. En Asturias, Ensidesa y Hunosa constituían nuestra base económica y los asturianos utilizábamos monos de la siderúrgica y toallas de la empresa pública minera. Las explotaciones lácteas familiares desconectaban los aparatos eléctricos a la hora de ordeñar. Nos visitaban veraneantes, pero apenas turistas. Y hubo elecciones al Senado porque Wenceslao Roces comunicó desde México, a Tini Areces, que no pensaba volver.

De una sociedad conservadora a un país tolerante y secularizado

Pasamos de una sociedad conservadora, de moralina religiosa con la mujer postergada, que magnificaba cualquier triunfo deportivo, a la que se aconsejaba, desde el Pardo, no meterse en política y que pensaba que era mejor que inventaran ellos, a un país tolerante y secularizado, que asume con naturalidad el liderazgo de la mujer y el matrimonio gay, exhibe con legítima satisfacción los triunfos de la Roja que admiran en una Unión Europea de la que somos socio respetado, a la que le apasiona el debate político, aunque reniegue de sus representantes, y se muestra orgulloso de un astronauta ministro de Ciencia.

Cuatro décadas excitantes para un cronista con libertad de expresión. Prensa Ibérica tuvo ese honor y lo ejerció con honestidad, rigor y solvencia. En Asturias, a través de la Nueva España. Mi más sincera enhorabuena.