En 1978 yo empezaba a comprender qué era la democracia. Era una palabra que había escuchado muchas veces en mi infancia, en conversaciones de adultos y en televisión, pero que terminó de tomar forma en aquellos primeros paseos, a mis doce o trece años, en que acompañaba a mis padres al colegio electoral. Fueron días de gran eclosión de mítines y de carteles, de siglas políticas para una sopa de letras, y de liderazgos emergentes. España veía cómo la política echaba a andar, por fin, al encuentro de su madurez democrática, y en ese viaje un poco quijotesco fue siempre de la mano de la prensa, ahora en su papel de Sancho, menos vistoso que el de aquellos candidatos hidalgos, pero fundamental para la consolidación democrática y la fiscalización del poder.

En medio del frenesí político, la prensa ponía cordura en unas páginas que también aprendí a hojear aquel año. El periódico se convirtió en mi casa en un objeto de deseo que yo trataba de disputar a mi abuela a la salida del colegio, y que mi padre nos arrebataba a ambos tras volver del trabajo. Eran tiempos, todavía, de férreas jerarquías.

La vida ha dado muchas vueltas en los últimos cuarenta años, pero aquel objetivo de conquista democrática tuvo final feliz, no deberíamos olvidarlo ahora que algunos cuestionan los valores constitucionales. En este periodo, la política y la prensa han conocido decenas de protagonistas que fueron y vinieron. Pero, por encima de todos, han sobrevivido las instituciones, de la democracia y del periodismo, como LA NUEVA ESPAÑA, magnífico ejemplo de prensa libre que ha sabido adaptarse a este nuevo tiempo inaugurado tan sólo hace 40 años.

Hoy es mi hija la que me disputa el ipad para leer su prensa

Hoy es mi hija pequeña la que me acompaña al colegio electoral, y también la que me disputa el ipad para leer su prensa. Los tiempos han cambiado. Ya no está en juego la democracia. Ya no escuchamos el ruido de sables que amenazó con la involución militar. Ya no amanecemos con los muertos de la causa de la libertad a manos de los asesinos de ETA.

Los retos son otros. Hoy los españoles esperan de los políticos que sepamos abordar los desafíos que plantea la corrupción, el secesionismo, la educación, las pensiones o el paro. De todo ello tendremos que responder ante los españoles, en las urnas y el Parlamento. De todo ello seguirán dando cuenta LA NUEVA ESPAÑA y sus hermanos de Prensa Ibérica.