En 1978 las tensiones colectivas patrias se orientaban a objetivos tenidos históricamente como frustrados: libertad política, democracia parlamentaria, fin de la sangría terrorista, integración en el ámbito institucional europeo superadora de arraigados complejos… tensiones descritas por una prensa en apogeo de relevancia, lo que en Asturias ya era sinónimo del diario de común referencia LA NUEVA ESPAÑA, al poco adquirido por Prensa Ibérica. Los objetivos, no sin esfuerzo últimamente minusvalorado, se alcanzaron, cuando menos en considerable medida, y su plasmación se enmarcó en el inicio de relevantes transformaciones a nivel mundial: mutación de las otrora potencias comunistas en supuestas economías de mercado bajo el control, expreso o por testaferros, de oligarquías político-militares; resurgir del sentimiento religioso como instrumento de articulación ideológica de movimientos autoritarios y violentos frente a sociedades cuyos sistemas habían excluido el mismo como motivo de identificacion colectiva…

Hubo momentos contemporáneos sumamente difíciles, pero quizá menos difusos

Si a niveles sistémicos los cambios fueron radicales, la modificación en la configuración del cuerpo social ha sido aún más rotunda: consagración de autonomía decisora en su seno de la mujer, manifestación de multiplicidad en las formas de relaciones personales y familiares, irrupción masiva de la tecnología en todos los ámbitos, íntimos y colectivos… La muy distinta conformación del entramado social aparece sin embargo contradictoria y no siempre reconfortante. Se asiste a agotadores conflictos interestatales cuando las decisiones relevantes se han residenciado en instituciones supraestatales que difícilmente pueden atemperar la arbitrariedad de implacables grupos económicos en el marco de una globalización económica, o cuando la dimensión de la problemática excede las capacidades unilaterales: precariedad laboral de la juventud y envejecimiento demográfico europeo, movimientos migratorios masivos, robotización de actividades laborales…

Hubo momentos contemporáneos sumamente difíciles, pero quizá menos difusos. Para decidir en la niebla, hay que priorizar objetivos y tácticas, y ello presupone principios comunes por aceptados, consentimiento que sólo se puede asentar con mínima solidez si a la asunción colectiva de aquellos precede su formación sosegada por razonada. Los simplismos de los eslóganes en las redes sociales son opuestos a ello. La prensa escrita, al margen de su soporte, ha de resistir.