Los objetivos ambiciosos de reducción de las emisiones de CO2 que se plantea Europa sólo pueden alcanzarse mediante una revolución tecnológica orientada a la movilidad sostenible de las personas, bienes y servicios. Europa no puede renunciar a uno de sus principios básicos, como es el de la libre circulación, pero ¿cómo se pueden hacer compatibles el crecimiento esperado de la movilidad del 40% para el año 2050 con el objetivo de reducir para ese año las emisiones de CO2 del transporte en un 60% con relación a las de 1990 y, para que el horizonte no sea tan lejano, con una reducción de las emisiones de CO2 en el año 2030 del 20% comparadas con las del año 2008?

En las últimas décadas nos hemos dotado de grandes infraestructuras y en el caso de Asturias se dará un paso importantísimo cuando la variante ferroviaria de Pajares salve la barrera natural de la cordillera Cantábrica. Asturias dispondrá de infraestructuras para ser la puerta del Atlántico y los asturianos podremos conectar con el centro de España y con el Mediterráneo en tiempos muy atractivos.

Pero el desarrollo de las infraestructuras genera problemas crecientes de contaminación, de embotellamientos y de seguridad cuya manifestación más clara son los episodios de mala calidad del aire que están ocurriendo en muchas ciudades.

Debemos utilizar las infraestructuras que tenemos de una forma más limpia, más segura y más inteligente

Ha llegado el momento de pensar que ya no se trata tanto de desarrollar nuevas infraestructuras como de utilizar las que tenemos de una forma más limpia, más segura y más inteligente.

La Comisión Europea ha puesto el foco en la carretera y en las ciudades. La movilidad en estos dos ámbitos seguirá siendo muy importante y, junto con las medidas que inciten a la multimodalidad en el transporte de mercancías y al transporte en común en las ciudades , el resto de las soluciones van a ser tecnológicas.

En cuanto a las ciudades, se prevé una penetración muy importante del vehículo eléctrico y se quiere promover también el vehículo de hidrógeno combinado con la pila de combustible. El primero va muy por delante y se plantea que sus baterías sirvan también como gran almacén de la electricidad que consumimos en los hogares, que será cada vez más renovable y por lo tanto intermitente. El reto es muy importante porque el almacenamiento durante dos días de los 1,4 TWh de electricidad que se consumen en España, requeriría 180.000 toneladas de litio en 6 millones de baterías de muy alta eficiencia, cuando la producción mundial de este metal en el año 2017 fue de 43.000 toneladas. La investigación sobre las baterías, y en general sobre el almacenamiento de la electricidad, va a ser uno de los temas más importantes en los próximos años.

El vehículo eléctrico va a permitir uno de los mayores avances de los últimos tiempos como es el vehículo conectado, cooperativo y automatizado. Nuestros vehículos circularán comunicados entre sí y con las infraestructuras, utilizando una combinación de la tecnología GPS, el sistema europeo de navegación por satélite “Galileo” y los sistemas 5G.

Nuestras carreteras van a ser progresivamente equipadas con infraestructuras de conectividad digital. Esta tecnología y otras orientadas al objetivo de la movilidad “inteligente, sostenible, inclusiva y segura”, son las grandes innovaciones de “Conectar Europa” para 2021-2027, a las que podría destinar 12.000 millones. El nuevo “Conectar Europa” propone crear “corredores 5G”, siguiendo los itinerarios de los “corredores de la red básica”. En la propuesta presentada el 6 de junio Asturias no está incluida y por lo tanto hay que empezar a actuar para superar este olvido.

La sola movilidad conectada, cooperativa y automatizada no es suficiente para que sea sostenible. El segundo gran reto es el uso de carburantes alternativos, tanto los biocarburantes como sobre todo el gas natural. España dispone de la mayor red europea de instalaciones de recarga de gas natural licuado (GNL) para camiones. Esta red se desarrolló con ayudas en los “corredores de la red básica” y, ahora que Asturias va a integrarse en el Corredor Atlántico, es necesario recuperar el tiempo perdido. El vehículo híbrido gas natural-eléctrico y el camión de GNL se van a imponer poco a poco. La puesta en marcha de la regasificadora de El Musel será una gran oportunidad.

Muchas de estas tecnologías van a ir penetrando por las propias ventajas que ofrecen al usuario, pero en otros casos se impondrán por restricciones municipales al vehículo contaminante y por una fiscalidad verde que va a incentivar los modos y tecnologías más sostenibles. El gran reto de la transición a un nuevo modelo energético es el transporte, y la tecnología irá ofreciendo soluciones que modifiquen nuestras pautas de movilidad y que mejoren sustancialmente nuestra calidad de vida.

Las nuevas infraestructuras de transporte ya no serán solamente el objeto deseado del sector de la construcción, sino que serán una gran oportunidad para otros sectores de la industria en los que Asturias dispone de jóvenes muy bien preparados. La Unión Europea y esperemos también que los gobiernos de España y Asturias están aportando programas de ayuda para la superar las deficiencias del mercado de las nuevas tecnologías. Estas ayudas serán temporales y posteriormente deberá ocuparse la inversión privada o público-privada.

Todos los sectores ligados a la transición energética y de la movilidad tienen un gran futuro. Debemos por ello plantearnos los objetivos de la Asturias de 2030 y de la Asturias de 2050 y fijar lo antes posible una “Hoja de ruta”.