Cualquier celebración periodística es una gozada en estos tiempos de zozobra para la profesión, pero en este caso el festejo multiplica sus alicientes porque muestra el vigor y la irrenunciable vocación de futuro de un grupo que con el nombre de Prensa Ibérica viene regando de información solvente desde hace cuatro décadas gran parte de las plazas más importantes de nuestro país.

Sus promotores, Javier Moll y Arantza Sarasola, siguen al pie de aquel cañón que dispararon por primera vez en Las Palmas de Gran Canaria al tiempo que España estrenaba su Constitución. Firmemente comprometidos en dar con la tecla que resuelva las negras nubes que se ciernen sobre el negocio periodístico en la era de internet cubren esa zozobra de una esperanza fundamentada. Sí. Todo está en el aire porque nos han comprado con el señuelo de la información gratuita. Sin saberlo, nosotros somos el producto en una oferta irrechazable de información basura al por mayor. La calidad es sustituida por la cantidad que produce una morbidez informativa letal para los valores democráticos porque tener mucha información no significa necesariamente estar bien informado, como hemos visto en Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia o Cataluña.

Prensa Ibérica se ha propuesto encontrar la luz al final del túnel porque por difícil que resulte el empeño, y lo es si miramos la categoría y los recursos de quienes llevan tiempo en ello en todo el mundo, no habrá desmayo en su búsqueda como no lo hubo desde aquel 6 de diciembre de 1978 cuando el matrimonio Moll-Sarasola decidió emprender su aventura con un nombre bien significativo del tamaño de su ambición, tan legítima como encomiable , de aportar luz a la sociedad para ayudar a cada cual a pensar por sí mismo.

Ver el mundo desde Asturias y traer el mundo a Asturias ha funcionado en este periódico. Es lo que distingue a la prensa local de la mal llamada prensa nacional

Hace cuarenta años LA NUEVA ESPAÑA llevaba una etapa declinante . Dependía, como casi todo en Asturias, del Estado, al que le importaba muy poco aquel periódico, del que únicamente quería botafumeiro y que no le diera problemas. Lo paradójico es que fueron los socialistas y no UCD los que decidieron sacarlo a subasta pública para ponerlo a disposición de la iniciativa privada, una actividad escasamente valorada en la Asturias de aquellos tiempos.

La anémica sociedad civil asturiana de entonces no se atrevió con aquel envite, pero Moll y Sarasola, que tenían como hombre de confianza en Prensa Canaria a Guillermo García Alcalde, un periodista excepcional que había salido precisamente de una camada de grandes periodistas de LA NUEVA ESPAÑA, no dudaron en jugársela por el periódico que seguía siendo líder en Asturias aunque sus competidores aprovechaban sus debilidades para tratar de arañarle ejemplares en los últimos años del franquismo y en los primeros pasos de la democracia.

LA NUEVA ESPAÑA fue el primer salto de Prensa Ibérica de Canarias a la Península y hoy es el periódico que tiene el honor de abrir la feliz celebración de los primeros cuarenta años del grupo, al que se sumó en febrero de 1984, llegando a erigirse en un semillero de brillantes directivos para el grupo. Luego le seguirían «Informacion», «Levante», «Faro de Vigo», «Diario de Mallorca», «Diario de Ibiza» , «Regió7», «Diari de Girona» y varios periódicos de nueva creación con la cabecera común de «La Opinión», plantas de impresión, emisoras de radio y televisión, productoras de contenidos audiovisuales, editoriales en España, Londres y Australia y hasta un instituto para el estudio de la pintura flamenca.

En medio de ese conglomerado con la comunicación como denominador común, LA NUEVA ESPAÑA protagonizó un crecimiento espectacular dejando atrás las rigideces y la atonía de la última etapa, dominada por el convencimiento general de que carecía de sentido que el Estado tuviera periódicos a su servicio.

LA NUEVA ESPAÑA se integró en Prensa Ibérica y Prensa Ibérica se integró en LA NUEVA ESPAÑA con una facilidad pasmosa. En una simbiosis perfecta, todos querían aprender de todos. Nadie se quedaba atrás en el decidido empeño por trascender la marca local a la marca general sin perder un ápice de su identidad. Ver y escuchar con humildad y sorprenderse con elegancia y gratitud de los aciertos de los compañeros en vez de rivalizar con ellos son las divisas que han hecho grande a este grupo y son las mismas que inspiran a la segunda generación de la familia Moll-Sarasola, con su hijo Aitor a la cabeza como consejero delegado, en la tarea de definir el periodismo de hoy, favorecido por una vertiginosa revolución tecnológica con el único inconveniente de que apenas deja tiempo para pensar en el paso siguiente, que de ninguna manera puede renunciar a los valores esenciales de esta profesión de servicio a la comunidad.

El periodismo intenta interpretar las circunstancias de su tiempo desde un lugar y con un paisanaje concretos. Sus reglas son universales pero su aplicación es singular. Prensa Ibérica es la marca. LA NUEVA ESPAÑA es esa marca al estilo asturiano erigida en portavoz de las preocupaciones y las metas propias de los asturianos, algunas coincidentes pero otras muy diferentes de las de otras comunidades.

Ver el mundo desde Asturias y traer el mundo a Asturias ha funcionado en este periódico. Es lo que distingue a la prensa local de la mal llamada prensa nacional porque, en contra de lo que pueda creerse, nunca ha llegado a existir como tal en España por su escasa implantación fuera de Madrid.

Algunos de estos conceptos han quedado arrumbados por el camino porque con internet han desaparecido las distancias y con ello muchas furgonetas de reparto y casi las rotativas, pero la esencia se mantiene. Hoy se puede leer LA NUEVA ESPAÑA digital lo mismo en Ribadesella que desde Singapur, pero lo que está pendiente de inventar es el modelo de negocio que lo soporte manteniendo la irrenunciable exigencia de fomentar la igualdad de oportunidades entre la gente con una información veraz y rigurosa de riesgos y oportunidades al alcance de todos.

La vida discurre por ciclos. Aquel periódico declinante de comienzos de los 80 encontró una plataforma de relanzamiento deslumbrante en Prensa Ibérica, la matriz de este grupo, dirigido y elaborado por excelentes profesionales altamente motivados para responder a los excitantes retos del mundo de la información de hoy. Las dificultades son conocidas, pero las experiencias vividas en estos cuarenta años, no exentas de problemas no mucho menores, animan a abordar el futuro con optimismo. Y en eso consiste precisamente la esencia de esta celebración. ¡A por los próximos 40!