Hace cuarenta años, cuando yo estudiaba segundo de Derecho y conforme a las leyes anteriores aún era menor de edad, la información que recibíamos a diario era de tal intensidad que hasta la asignatura de Derecho Constitucional, entonces llamada Derecho Político II, se gestaba a golpe de Telediario, según lo que se iba aprobando en el Congreso de los Diputados. Estaba naciendo la Constitución, una ley que cambió nuestras vidas y que, de repente, tras su aprobación, a mí y a los de mi generación nos hizo mayores. La narración de ese alumbramiento en directo nos hizo darnos cuenta del valor de la información periodística.

Los tabloides en blanco y negro, como si de esquelas se tratara, hacían hasta ese momento la información poco o nada atractiva y la manipulación y la censura habían alejado a una joven estudiante como yo del interés por el saber político y social. Pero aquel año 1978 nos obligó a estar atentos y empezamos a enamorarnos de la información independiente. Comenzamos a interesarnos por lo que sucedía y, sobre todo, por lo que podía suceder.

El mismo año en el que celebramos el cuadragésimo aniversario de nuestra norma fundamental, uno de los grupos editoriales más importantes del país, Prensa Ibérica, conmemora también sus cuarenta años. No es una mera coincidencia temporal; el periodismo ha sido una argamasa fundamental en estas cuatro décadas de libertades y conquistas sociales.

La libertad, la verdadera libertad, sólo es tal si descansa en la información

Nadie discute el papel de los medios de comunicación en la Transición, pero la recesión económica y las nuevas tecnologías han hecho que nos estemos enfrentando a la que seguramente es la mayor crisis de su historia. La autorregulación profesional y la autocrítica, que siempre caracterizaron a nuestros medios como antesala de un periodismo fuerte, riguroso, honesto, profesional e independiente, deben reforzarse para luchar contra algo que hoy se disfraza de prensa, donde cualquiera se erige en informador y destroza vidas, bajo la sola premisa de “según fuentes bien informadas” o “presuntamente”.

La pluralidad de la información y la libertad de expresión, incuestionables en la actualidad, eran un anhelo hace solo cuarenta años. Coincido con Javier Moll, presidente de Prensa Ibérica, en que una información libre es el garante de los derechos de una ciudadanía comprometida. La libertad, la verdadera libertad, sólo es tal si descansa en la información. El conocimiento objetivo de los hechos es lo que nos permite tomar decisiones independientes y formar nuestra propia opinión, considerando todos los puntos de vista. El verdadero periodismo es, hoy, más necesario que nunca.