Durante cientos de años, las personas que defendían que la Tierra era redonda y que existía algo más que dragones y abismos eran perseguidas. El miedo paralizó durante mucho tiempo la posibilidad de descubrir el nuevo mundo.

Hoy, el miedo sigue impidiendo que las sociedades avancen hacia un futuro mejor. Los políticos nos volvemos cobardes, tenemos miedo a fracasar o a ser castigados por unos ciudadanos cada vez más exigentes y que no siempre ven el futuro, y las soluciones adecuadas a cada problema, en muchos casos, se posponen indefinidamente por el rechazo a lo desconocido, a salir de nuestra zona de confort. Y ante los grandes retos, como la globalización y la digitalización de la sociedad, uno no puede permanecer aislado.

El argumento de muchos para existir en este contexto es el de buscar un enemigo a quien culpar de todos nuestros males. Trump, en EE UU, acusa a China, México, Canadá y Europa de todo lo que padece su país; Londres señala a los emigrantes y hace triunfar un inesperado y sorprendente “Brexit”; en Cataluña persisten con el “España nos roba”…

Es imprescindible contar con una información veraz y profunda para no dejarse manipular

Ante esto, es fundamental que los ciudadanos estén formados y dispongan de la capacidad suficiente para analizar las situaciones, pero además se hace imprescindible tener una información veraz y profunda de todos los asuntos que exigen la toma de decisiones para no dejarse manipular. Es ahí donde los medios de comunicación juegan un papel crucial y tienen la obligación de ejercer su poder con responsabilidad, pues tienen en sus manos los destinos de la sociedad.

Todos debemos hacer algo más en este sentido y, desde el municipalismo, tenemos la oportunidad y la obligación de avanzar en el desarrollo del área metropolitana como un instrumento que nos debe ayudar a resolver algunos de los problemas a los que nos enfrentamos los asturianos y a mantener un nivel adecuado de los servicios públicos que debemos prestar a nuestros ciudadanos sin necesidad de aumentar la presión fiscal, encontrando en la cooperación y la solidaridad la fórmula que responda a este gran reto.

No quiero finalizar estas líneas sin mostrar mi agradecimiento a Prensa Ibérica y mi felicitación en su 40.º aniversario.