Por contraste con un tiempo anterior singularmente estático , lo que durante los últimos cuarenta años, esto es desde la implantación de la democracia en España hasta el tiempo presente, ha caracterizado el mundo de la comunicación, y especialmente a cuanto se relaciona con los diarios, ha sido la aparición y, sobre todo, la persistencia y el carácter vertiginoso de los procesos de cambio que han afectado a todos los terrenos del mundo de la información y de la comunicación periodística: cambios tecnológicos, culturales, políticos, morales, generacionales, que día a día se han hecho más intensos y radicales.

Durante este tiempo los medios de comunicación escritos, como LA NUEVA ESPAÑA, han tenido que reinventarse varias veces, asumiendo reconversiones y fórmulas muy distintas, algunas impensables muy poco tiempo antes de que se convirtieran en imprescindibles, como es el caso, ejemplar, pero en absoluto único, de la necesidad de ofrecer versiones digitales de los periódicos, con sus efectos, trascendentales sin duda, en la gestión y en la economía de las empresas periodísticas. En una competencia muy dura, que la democracia hizo cada vez más transparente, impidiendo alteraciones abusivas del mercado de la comunicación e intervenciones determinantes en el mismo de poderes ajenos al empresarial, el conjunto de los cambios tecnológicos y culturales operados determinó obligadamente un amplísimo y a veces triste y cruel proceso de destrucción creativa, en el que desaparecieron muchos medios de comunicación que, hasta entonces, habían llevado una vida más o menos próspera pero estable y segura.

El caso de Prensa Ibérica es paradigmático. Nació en el momento en que España se abrió a la democracia y también coincidiendo con los determinantes procesos de cambio señalados, a los que se ha adaptado perfectamente, para llegar al presente como una de empresas más sólidas, más influyentes y con más futuro del ámbito mediático español, que está presente desde Levante a Galicia, Canarias; Castilla y Asturias, y que ha solventado con éxito, con fortuna, las múltiples dificultades inherentes a esos complejos procesos, algo a valorar especialmente porque son esas dificultades las que han dejado a muchos competidores en el camino que hoy recorre Prensa Ibérica con cumplida y merecida satisfacción. Por ello, en el 40.º aniversario de Prensa Ibérica, pienso que lo que más procede es, a la par de constatar el éxito, augurar su mantenimiento.