El 21 de febrero de 1984 la vida empezó a cambiar para LA NUEVA ESPAÑA, un periódico que pertenecía a Medios de Comunicación Social del Estado, denominación que desde 1974 había adquirido la cadena de Prensa del Movimiento. Si hasta entonces había sido un periódico de titularidad estatal, ese día pasó a manos privadas al ser adquirido en pública subasta por un joven empresario que tenía dos cabeceras en Las Palmas de Gran Canaria: un diario de la mañana llamado «La Provincia» y otro vespertino, «Diario de Las Palmas», agrupados bajo el rubro de Editorial Prensa Canaria. Como no se tardaría en comprobar, se iniciaba entonces la etapa más brillante de LA NUEVA ESPAÑA, un periódico que había nacido en diciembre de 1936, en plena guerra civil española. Y, en paralelo, su comprador, que al mismo tiempo y en la misma subasta adquiría dos cabeceras más Levante«, de Valencia, e «Información«, de Alicante-, daba un impulso decisivo a la estructura del que no tardaría en convertirse en uno de los grandes grupos editoriales españoles bajo la denominación de Prensa Ibérica.

El empresario que había adquirido LA NUEVA ESPAÑA se llamaba Francisco Javier Moll de Miguel y tenía 33 años. Su padre, militar, había visto nacer por toda la geografía española los vástagos de una familia muy numerosa, como consecuencia de los cambios de destino propios de la milicia. A Javier, el octavo de los hijos, le tocó nacer en Zaragoza. Era un joven licenciado en Derecho que ya se había casado con Arantza Sarasola y que, con 28 años, se sintió con fuerzas suficientes para adquirir Editorial Prensa Canaria y asumir con Niceto Flores Ganivet la responsabilidad ejecutiva de la empresa. Era el año 1978 y, además de fuerzas, hacía falta también mucho valor, porque la prensa se enfrentaba a una doble crisis: la general de la época, herencia de la pasividad con que el tardofranquismo había respondido a la crisis del petróleo de principios de los 70, y la específica del negocio periodístico, obligado a afrontar una reconversión tecnológica -la venerable linotipia se veía expulsada de sus seculares dominios por la informática- que sembraba el terror urbi et orbi: periódicos-institución como «The Times» llegaron a estar cerrados diez meses. En ese complicado escenario Javier Moll y su equipo supieron hacer cierto el dicho de que las crisis brindan siempre oportunidades.

Tras su adquisición por el grupo, alcanzó los mejores resultados de su historia hasta consolidarse como uno de los más importantes periódicos españoles

Una etapa muy nueva. La nueva propiedad se hizo cargo de la gestión de LA NUEVA ESPAÑA en mayo de 1984. El periódico estaba al frente del mercado asturiano prácticamente desde su fundación. Esa posición dominante no se derivaba exclusivamente del hecho de que, como consecuencia de la guerra civil, hubieran desaparecido cabeceras muy arraigadas en Asturias y de que tuviera el apoyo del Gobierno del que dependía. En otros lugares de España se habían dado circunstancias similares y no por ello la Prensa del Movimiento se había impuesto. Algo habrían tenido que ver Francisco Arias de Velasco, director del periódico desde los primeros tiempos y por un largo periodo, y sus colaboradores para conseguir la hegemonía en un terreno que, por otra parte, no era precisamente el idóneo para la práctica del mejor periodismo, por la falta de libertades. Pero ese dominio del mercado asturiano empezó a dar señales de agotamiento, que se acentuaron cuando se ensancharon los márgenes de la libertad de prensa. A principios de los años 80 la difusión del periódico había bajado a las cercanías de los 30.000 ejemplares y se comenzaba a ver amenazado por la competencia. Luchar por afianzar la primacía en el mercado era uno de los retos a los que se enfrentaba José Manuel Vaquero cuando fue nombrado director, a finales de 1982, un momento en el que el periódico todavía pertenecía a la cadena de Medios de Comunicación del Estado. Y con esa intención había comenzado una renovación del equipo profesional del periódico, que ya estaba muy avanzada cuando se produjo el cambio de titularidad. Puede sonar pretencioso que por parte de un miembro de aquel equipo, como quien firma este artículo, se diga que la nueva propiedad tuvo un acierto al ratificar con su confianza lo que ya se había puesto en marcha antes de su llegada, pero los hechos disculpan esa licencia, sobre todo si, como es el caso, se apela para demostrarlo a la elocuencia de los números. Si en 1983 la suma de las difusiones de sus competidores asturianos superaba en unos 12.000 ejemplares a la de LA NUEVA ESPAÑA, 25 años después la situación había dado un vuelco total y el número de ejemplares vendidos por término medio al día por LA NUEVA ESPAÑA superaba en más de 23.000 al del conjunto de sus competidores.

En esa evolución espectacular influyó sin duda el cambio de gestión. Frente al modelo centralizado de la etapa anterior, uno mucho más próximo y flexible, servido en la gerencia y la administración del periódico por profesionales cuya cualificación tuvo desde el primer momento el apoyo de la empresa, no tardó en mostrar sus efectos positivos. Fue sin duda decisivo que Prensa Ibérica respaldara con sus inversiones la respuesta a las necesidades que planteaba el crecimiento del periódico. Gracias a ello LA NUEVA ESPAÑA pudo mejorar y ampliar sus instalaciones, mejorar su equipamiento, mantenerse en la vanguardia tecnológica y, en una palabra, responder a los retos específicos que se le presentaban en cada momento. El último, de ahora mismo, desenvolverse en el doble frente del periódico tradicional -el de papel- y el digital para adaptarse a lo que demanden sus lectores.

Oportunidad para el buen periodismo. En el núcleo de ese negocio estaba, obviamente, el producto, del que habían de ocuparse los periodistas. Y para ellos se abrió una oportunidad cuyo carácter excepcional se vio reforzado por el momento en que se produjo. La llegada de la democracia a España había creado el nuevo marco de libertades que muchos profesionales de la información estaban deseando desde hacía mucho tiempo. Llegaba el momento de aprovecharlo a fondo para convertir en realidad el periodismo ideal con el que soñaban, en el que no habría otros dueños de las noticias que los propios lectores y en el que el adoctrinamiento o la manipulación serían desplazados por el respeto al derecho del público a crear libremente sus propias conclusiones a partir de una información objetiva y la máxima pluralidad de opiniones.

Esa oportunidad ideal podía verse interferida por la propia empresa periodística en el caso de que quisiera defender unos intereses concretos, ya fueran políticos, económicos o de otro tipo. Por suerte, los periodistas de LA NUEVA ESPAÑA pudimos comprobar en seguida que Prensa Ibérica no defendía otros intereses que los puramente periodísticos. Su objetivo, perfectamente legítimo, era hacer de sus periódicos unas empresas rentables. Y en cuanto que lo fueran -y eso en este periódico se produjo desde el primer momento- se cerraría un círculo virtuoso que se convertiría en la mayor garantía de independencia. De ésta a la credibilidad, que es el mayor patrimonio al que puede aspirar un periódico, sólo hay un paso, que es la buena práctica profesional. No es un paso fácil, pues requiere conceptos claros, calidad profesional para aplicarlos y altas dosis de autoexigencia. En LA NUEVA ESPAÑA el esfuerzo por cumplir esos requisitos ha sido y es una norma básica.

La plantilla de «LA NUEVA ESPAÑA» posa en el Club Prensa Asturiana en el 80.º aniversario del periódico

Un periódico asturiano. Entre las características de Prensa Ibérica destacó desde el principio su especialización en la prensa regional. Asumir esa peculiaridad se convirtió para LA NUEVA ESPAÑA en algo tan natural como el refrendo de su vocación más intensamente sentida. Esa vocación no es otra que la de ser un periódico asturiano. De todos los asturianos. Si en algo se ha esforzado a lo largo de estos años es en profundizar en la relación con su público, en el que se da la afortunada circunstancia de que el amor por su tierra coincide con la característica de ser un gran lector de periódicos.

El acercamiento se ha realizado en todos los planos posibles. Desde luego, en el contenido general del periódico, en el que los asuntos de temática asturiana han sido siempre un objetivo preferente. Una profundización aún mayor se ha conseguido con las ediciones comarcales y locales, que tuvieron desde su nacimiento respuestas espectaculares. Pero si algo caracteriza al lector asturiano es que su localismo no resulta excluyente sino todo lo contrario, pues no renuncia nunca a una visión global de Asturias. Y, al mismo tiempo, inserto como está en la larga tradición de consumir una prensa de calidad, no se contentaría con un periódico que no contextualizara la información, cuanto más minuciosa mejor, de lo que pasa en Asturias con lo que ocurre a la vez en España y en el mundo. O, por utilizar conceptos que están de moda, ese público lector desea que se compatibilice el periodismo hiperlocal con el global. En LA NUEVA ESPAÑA tenemos asumido que son nuestros lectores los que nos han enseñado a hacer el periódico que debemos. Estar a la altura de estas demandas es una gran exigencia, pero, a la vez, el mejor estímulo posible, en la medida de que sabemos que nuestro esfuerzo tendrá una respuesta generosa. ¿No lo es acaso saber que, con un mercado limitado a una región de poco más de un millón de habitantes, LA NUEVA ESPAÑA se ha consolidado desde hace mucho tiempo como el octavo periódico más leído de España?

El reto digital. Si esos resultados se refieren al periódico de papel, LA NUEVA ESPAÑA no es ajena al reto de trasladarlos a la edición digital, tarea en la que se afanan en la actualidad las cabeceras periodísticas de todo el mundo. El esfuerzo que está realizando en ese sentido, que implica no tanto el cambio de mentalidad, que a fin de cuentas continúa siendo la periodística, sino el de la utilización de medios técnicos diferentes, está teniendo respuestas cada vez más satisfactorias. Como muestran los cinco millones de usuarios de lne.es cada mes, los 330.000 lectores diarios o los más de 180 millones de páginas leídas en lo que va de año. Ello no hace sino refrendar que la identificación de los lectores de LA NUEVA ESPAÑA con su periódico traspasa las barreras tecnológicas.

Sede de «LA NUEVA ESPAÑA» en Oviedo, en la calle Federico García Lorca

Una oferta amplia y plural. Persuadido de esa identificación, LA NUEVA ESPAÑA no ha dejado de buscar nuevos cauces de comunicación y encuentro. El deseo de conectar con el interés de los asturianos por conocer mejor su tierra en todos los aspectos llevó a la creación de una Biblioteca Básica Asturiana, formada por obras originales encargadas a los mejores especialistas que fueron entregadas gratuitamente en fascículos y que, si bien contaron siempre con una gran acogida, llegaron en alguna ocasión a cotas excepcionales, como la «Historia de Asturias», que hizo que la difusión del periódico de los domingos, con el que se entregaba el fascículo, alcanzase los cien mil ejemplares, una cantidad que queda como referencia histórica.

En 1988 Prensa Ibérica puso en marcha en la sede de LA NUEVA ESPAÑA de Oviedo el Club Prensa Asturiana, una iniciativa que ya había experimentado con éxito en Canarias y que suponía abrir un ámbito a todo tipo de iniciativas, tanto las promovidas por el propio periódico como por la sociedad, a la que está abierto de forma desinteresada. Desde el primer momento el Club tuvo una acogida extraordinaria, que se plasmó en una altísima frecuencia de actos, de los que no pocos quedarían en el recuerdo como acontecimientos memorables. La larga y fructífera relación con Tribuna Ciudadana puede ponerse como ejemplo de colaboración con instituciones culturales de la región.

El Club, cuyo local experimentó en 2017 una remodelación total que mejoró notablemente sus instalaciones, ha acogido, por otra parte, iniciativas del periódico como la Semana de la Ciencia, que pronto se han institucionalizado, poniendo de relieve la cada vez más intensa sintonía entre LA NUEVA ESPAÑA y los aspectos más creativos de la sociedad asturiana.

La actividad del Club no se limita, por otra parte, a Oviedo. Gijón, Avilés y las Cuencas cuentan también con locales en los que desarrollan programaciones específicas.

Otra iniciativa de LA NUEVA ESPAÑA que se ha institucionalizado con gran éxito ha sido la concesión del «Asturiano del mes», una distinción que comenzó a conceder en 1996 y con la que el periódico intenta reconocer los méritos de los asturianos más relevantes y ponerlos de relieve ante la sociedad asturiana como un ejemplo estimulante.

Compromiso con Asturias. Todas estas iniciativas, y otras más, están orientadas a reforzar la idea clave que mueve a LA NUEVA ESPAÑA como periódico: su compromiso con Asturias. Ejercido desde la independencia, con una actitud respetuosa y a la vez integradora hacia todas las opiniones y sin renunciar nunca a una voz propia en cuyo registro quepan tanto el estímulo como la crítica, aspira cada día a ser reconocido por todos los asturianos como su periódico.