Una de las primeras medidas que adoptan todos los regímenes totalitarios cuando alcanzan el poder es intervenir los medios de comunicación. Esto da medida del innegable papel que juegan en la salvaguarda de la democracia y la libertad de los ciudadanos.

Los medios de comunicación tradicionales, en papel, están sufriendo una grave crisis como consecuencia de la implantación de las nuevas tecnologías. Ahora bien, creo que gracias al esfuerzo y a la excelente labor de sus profesionales están consiguiendo mantenerse y avanzar en este sin duda duro proceso de adaptación, para seguir prestando su imprescindible servicio a la sociedad.

Yo soy de la época del papel y, por ello, su lectura en este formato me produce sensaciones muy evocadoras. En mi casa familiar se compraba diariamente la prensa y LA NUEVA ESPAÑA siempre estaba. Tengo asociado a mis recuerdos ver a mi padre y a mis abuelos todos los días leyéndola con los consiguientes comentarios y debates que en muchas ocasiones se suscitaban al hilo de alguna noticia, fundamentalmente política o futbolística. Durante la Transición, el periódico era de lectura diaria obligatoria para el seguimiento de los acontecimientos políticos, se leía con fruición, se interpretaban las noticias y las opiniones de los periodistas, leíamos lo que estaba escrito y lo que suponíamos que nos querían decir entre líneas convirtiéndose así el periódico, en muchas ocasiones, en nuestro guía político. Uno de los pequeños placeres que sigo manteniendo es el de leer el periódico por la mañana acompañando un café y mejor si es en una cafetería porque siempre cabe la posibilidad de que puedas comentar las noticias con otras personas, lo que contribuye a facilitar las relaciones interpersonales.

Leer el periódico por la mañana, un placer que mantengo

Por todo ello, quiero transmitir mi agradecimiento y más sincera felicitación a Prensa Ibérica, grupo al que pertenece LA NUEVA ESPAÑA, por haber sabido desarrollar una labor tan fundamental como es la de informar con enorme profesionalidad, veracidad, rigor y seriedad de la realidad de Asturias, de España y del mundo. Sólo me resta desear que continúe siendo así por muchas décadas más.