En 1978 comenzaba el proyecto editorial que hoy conocemos como Prensa Ibérica, del que forma parte un periódico tan arraigado en Asturias como LA NUEVA ESPAÑA. Cuarenta ilusionantes años han transcurrido desde aquellos meses coincidentes con el final de la dictadura franquista y la aprobación de la norma suprema del ordenamiento jurídico español, y este 2018 en que tanto España como Europa afrontan un periodo de crisis del que, a buen seguro, tras la autocrítica y su reformulación, saldrán reforzadas.

Aquella Constitución consagraba una serie de derechos en cuya defensa nunca debemos cejar, y entre los que están la libertad de cátedra o la comunicación y recepción libre de información veraz, amparando a quienes ejercen estas libertades con el secreto profesional y la cláusula de conciencia siempre desde el respeto al honor, la intimidad y la propia imagen, entre otros derechos reconocidos por la Carta Magna.

En 1978 encabezaba la hoy cuatro veces centenaria Universidad de Oviedo Teodoro López-Cuesta, el rector que, como titulaba el diario LA NUEVA ESPAÑA ante su fallecimiento, “transformó la Universidad asturiana”, inspirado por el denominado Grupo de Oviedo que un siglo antes, según sus palabras, había convertido nuestra institución “en algo distinto de lo que los poderes públicos entienden que es una Universidad para convertirse en lo que debe ser una Universidad: transmisora de saberes, instrumento de acción social, vocera de una conciencia que el país quiere mantener silenciosa, considerando que la ‘paz’ puede apoyarse en la fuerza que ahogue a toda voz que pida justicia, que solicite educación y cultura y que proclame la existencia de un derecho que ampare a todos por igual”.

Universidades y medios de comunicación vamos, pues, unidos de la mano en nuestra responsabilidad social y en la alta misión de servir a la ciudadanía desde el respeto y la coherencia. Por eso, proyectos con el largo recorrido de Prensa Ibérica son dignos de elogiar y alentar, ya que cumplen con el honroso y necesario papel de dar cuenta de la realidad poliédrica y las múltiples razones que explican una sociedad que merece y debe ser contada. Los últimos cuarenta años han demostrado que, sólo dando voz a la pluralidad, posibilitando su visibilización y divulgando el conocimiento, lograremos transformar esa España que es en la que debe ser. En el país con un futuro prometedor que el conjunto de las y los ciudadanos merecemos.