51 Apostar por las personas

Potenciar el talento y la capacidad de emprender de los asturianos con un cambio en las políticas regionales para apoyar el esfuerzo, el riesgo y la generación de riqueza

Alejandro Martínez Peón
Consejero Delegado de Telecable

¿Qué tienen en común países tan diversos en el mundo como Estados Unidos, Israel, Suiza, China o Singapur? Son pueblos con identidades históricas, culturas, costumbres y religiones totalmente distintas y diversas. Sin embargo, todos ellos han logrado erigirse como polos de innovación, de desarrollo tecnológico y de prosperidad. Como rasgo común, ciertos aspectos sociales: su fuerte carácter reivindicativo, su arrogancia y permanente desafío a lo establecido, un menor miedo al fracaso y, en definitiva, un marcado coraje y determinación que les empuja a prosperar.

No conviene minusvalorar la relación directa entre los factores socio-culturales y el progreso económico. Es más, si de veras queremos modificar nuestro modelo productivo, debemos priorizar la construcción de aquellos valores, actitudes y conocimientos necesarios para la innovación, el emprendimiento y la aplicación de la tecnología.

No son pocos los debates que se han sucedido acerca de la conveniencia de especializarnos en un sector económico específico. O en desarrollar las infraestructuras físicas para conectarnos al mundo. Estos enfoques "clásicos", junto con nuevas soluciones a nuestros viejos problemas (envejecimiento de la población, exportación de talento o la ausencia de empresas medianas y grandes), no son suficientes.

La globalización y la revolución tecnológica requieren de otros activos. Se basan en capital humano y talento. No tenemos otra opción que dedicar todos nuestros esfuerzos en esta tarea.

Los asturianos tenemos grandísimas virtudes. Una de ellas, nuestro orgullo de ser asturianos. En la parte menos positiva, somos una sociedad demasiado conformista, estática y poco innovadora. A menudo, señalamos al Estado como garante de nuestro bienestar, liberándonos de esa carga que supone la búsqueda individual de nuestro progreso personal.

Si queremos modificar nuestro modelo productivo y económico debemos inculcar un nuevo conjunto de valores en las generaciones venideras, forjando en ellos un nuevo carácter que les aleje del conformismo e incite a abrirse al mundo, a equivocarse, a desafiar lo establecido y, en definitiva, les enseñe a vivir (y competir) en este mundo global.

Y aquí reside otra gran diferencia respecto a otros planteamientos más tradicionales, más estáticos. No basta trabajar únicamente en el modelo educativo, sino que es necesario un planteamiento completo desde la educación en edades tempranas hasta los modelos de compartición de conocimiento y de desarrollo del talento en la etapa laboral. No es cuestión de fabricar conocimientos o de importar tecnología, lo único relevante y realmente difícil es crear el entorno adecuado en el que el talento se desarrolla y se atrae y, como consecuencia, la economía al completo se transforma y desarrolla:

-Inculcando y fomentando la cultura del esfuerzo desde edades muy tempranas en contraposición a los complejos actuales para reconocer el esfuerzo durante el proceso educativo.

-Mejorando la calidad de la enseñanza universitaria respecto a un modelo basado en la cantidad (muchas especializaciones y grados y un alto porcentaje de jóvenes con estudios universitarios).

-Elevando la ambición respecto de los idiomas. Si queremos competir a nivel global, deberíamos anticiparnos e ir un paso más allá, incorporando no sólo la obligatoriedad del manejo fluido del inglés en la Educación Secundaria y universitaria, sino también de una tercera lengua.

-Enlazando Universidad y empresa a través de sociedades semipúblicas que unan ambos espacios, busquen ideas en nuestros jóvenes y faciliten la financiación necesaria.

-Creando un programa regional de incubadoras que permita a muchos jóvenes montar su propia empresa como mejor camino para innovar y aprovechar su talento. Deberíamos poder destinar recursos públicos a empresas de nueva creación a cambio de participaciones en los futuros ingresos o beneficios.

-Implantando programas público-privados de capital riesgo donde se canalicen fuentes de financiación para proyectos empresariales necesitados de recursos para crecer.

-Modificando el actual sistema impositivo para fomentar la generación de riqueza, en contraposición al actual modelo regional causa de la fuga de empresas, empresarios y directivos.

La globalización y la nueva revolución tecnológica se basa en las personas, en su capacidad individual y en su carácter innovador, desafiante y competitivo. Por este motivo sólo podremos prosperar como sociedad si construimos desde abajo hacia arriba y apostamos todos nuestros recursos en formar las mejores generaciones de jóvenes de España y, posteriormente, les dotamos de las condiciones de entorno adecuadas para desarrollar su talento en nuestra región. De este modo no sólo retendríamos nuestro capital humano, sino que conformaríamos un polo de atracción de talento como inicio de un círculo virtuoso que nos permita modificar nuestro modelo productivo y solucionar nuestro problema demográfico.