20 Asturias necesita una reforma fiscal

Hay que tributar, pero no más que el resto de españoles: el impuesto sobre la renta, el de transmisiones y el de sucesiones colocan a Asturias en una situación gravosa e injusta

Asturias necesita una reforma fiscal
| Pablo García
Mercedes Fernández
Presidenta del PP de Asturias

La Asturias del siglo XXI, nuestra querida Asturias, tiene muchos retos por delante, y hay que ser conscientes de que, para resolverlos, es imprescindible afrontarlos con decisión, porque del éxito de esta tarea dependerá nuestro futuro, el de nuestra tierra, el de su gente. Uno de esos desafíos, quizás el principal, tiene que ver con el hecho de que somos una comunidad autónoma muy envejecida, a la cabeza de España en esta fría estadística, que es el reflejo de una realidad muy preocupante: cada año fallecen muchos más asturianos de los que nacen, los pueblos y territorios despoblados, abandonados, se extienden como una mancha de soledad y no tenemos, ni mucho menos, garantizado el relevo generacional.

Asturias, por tanto, necesita rejuvenecerse. Necesitamos que nazcan niños, atraer y fijar población, que las familias sientan que nuestra tierra es un buen lugar para vivir, una comunidad de oportunidades. Y éste debe ser un objetivo prioritario, para el que no hay, ojalá así fuera, ni recetas mágicas ni soluciones sencillas e inmediatas. Se trata de ir tejiendo ideas, programas y proyectos de diversa índole, de abordar el asunto de forma transversal: trabajos con horarios razonables y compatibles con la vida familiar; un sistema de escuelas infantiles universal y gratuito, con ofertas diferenciadas en horarios y que se extienda a toda la región; o una fiscalidad equitativa y justa, que tenga como referente a la clase media asturiana, desactive el éxodo fiscal de los asturianos y suponga un acicate para atraer nuevos habitantes.

Es una evidencia que tenemos que pagar impuestos, pero no deberíamos tener que pagar más que el resto de españoles. El impuesto sobre la renta, el de transmisiones, el de sucesiones nos colocan en una situación más gravosa e injusta que al resto de comunidades autónomas y eso no conviene a Asturias. Actualmente, hay asturianos que se marchan a tributar fuera y son, por tanto, otras regiones las que se benefician del 50 por ciento del IRPF que perciben las comunidades autónomas. Al Estado le da igual, sigue percibiendo el otro 50 por ciento en cualquier lugar de España. El presupuesto autonómico se nutre fundamentalmente de la transferencia por IRPF y, por eso, es muy importante que tributen muchos asturianos por este concepto y que lo hagan en Asturias. Las bonificaciones fiscales se pueden redefinir y, desde luego, llegar a un punto adecuado de equilibrio.

Esta reforma es una urgencia en Asturias y no puede, no debe, esperar. Más cotizantes a la Seguridad Social, más gente joven, más contribuyentes... Y hay que impulsar políticas en esa dirección. Pero las cosas no suceden porque sí. Es importante contar con una Administración moderna y de tamaño reducido y eficiente, que no sustituya a la iniciativa privada, que ni siquiera lo pretenda, porque ése no es su papel. La función de la Administración es ofrecer facilidades y oportunidades, no entrometerse en decisiones que corresponden a las familias, a los emprendedores, a las empresas, a la sociedad asturiana.

Agilizar licitaciones, impulsar Asturias desde Asturias, barrer para casa, como hacen otras comunidades autónomas. Que Asturias gane la batalla definitiva en sus comunicaciones, pero también en internet y en telefonía móvil. Hay muchas actuaciones que tiene que hacer la Administración, pero tan importante como actuar es saber determinar en qué ámbitos no debe inmiscuirse. Es capital saber qué hacer, lo que puede parecer una simpleza, aunque no lo es en absoluto, porque ordenar espacios y actuaciones permite utilizar los recursos, muchas veces escasos, de forma más eficiente.

Nuestra región, por tanto, tiene por delante el reto de rejuvenecerse en población, pero también en mentalidad. La Asturias del futuro debe conservar lo bueno, sacudirse las rémoras y avanzar. Hay que apostar por una formación de calidad, por la investigación. Las empresas y la Universidad tienen que implicarse cada vez más. Nuestros sindicatos deben modernizarse, sin perder su esencia constitucional. Debemos ser capaces de establecer un modelo social sostenible que garantice las pensiones y los gastos sanitarios. Los recursos públicos deben gestionarse con pulcritud y eficiencia. Y, lo dicho, el papel de las administraciones debe ser el justo, en tamaño y actuaciones, sin dirigismos trasnochados. Se lo debemos a las nuevas generaciones de asturianos.