07 Asturias oficial vs Asturias real

Un consorcio para recuperar el patrimonio industrial y minero de la región, de los más importantes de Europa, en el que las administraciones se den por fin la mano - y renuncien al regate corto y los codazos

Aníbal Vázquez
Alcalde de Mieres

Una región que lleva treinta años debatiendo sobre los grandes proyectos que necesita sin conseguir apenas avances tiene un grave problema en la sala de mandos. La Asturias oficial se ha hecho especialista en perder el tiempo (y las oportunidades) y se ha instalado cómodamente en una dimensión paralela a la Asturias real. No se puede conducir mirando permanentemente al retrovisor, como tampoco se puede gobernar desde la parálisis, el lamento o la resignación. Son lujos que no nos podemos permitir porque somos poco más de un millón de personas, concentradas en su mayoría en el área central, tenemos una población activa que no llega al medio millón y un preocupante "pool" de indicadores en números rojos: envejecimiento, desempleo o emigración.

Y frente a esta Asturias oficial, está la Asturias real. Tan sólo debemos ir más allá del "parte oficial" para comprobar cómo está cambiando la economía asturiana, el impulso que están protagonizando nuevos sectores como las tecnologías y el conocimiento o la capacidad de resistencia de municipios que llevan años enfrentándose a la crisis por entregas. La que protagonizan a diario nuestros trabajadores en la industria, el mar o el campo; la de los brillantes profesionales que desarrollan proyectos punteros aquí y más allá de Pajares; la de las pequeñas y medianas empresas que han logrado internacionalizarse o la de los autónomos que lograr abrir sus negocios cada día, sosteniendo buena parte de nuestra economía. Que nadie se equivoque, mis palabras no son fruto de un optimismo militante ni de una ingenuidad diletante.

Hemos perdido en demasiadas ocasiones el tren, hasta el punto de ser auténticos campeones europeos, pero no podemos permitirnos el lujo de ser víctimas de la resignación o la mediocridad. Ambas han sido letales para Asturias en las últimas décadas. En otros lugares hicieron los deberes y ahora disfrutan de los buenos resultados. ¿Dónde está la diferencia? En todos esos casos, los actores políticos, económicos y sociales fueron capaces de levantar la mirada para pensar a medio y largo plazo y alcanzaron acuerdos para poder desarrollar grandes actuaciones. El regate corto y los codazos quedaron al margen en los asuntos estratégicos, donde la cooperación fue la norma y no la excepción. Por desgracia, por estas latitudes somos expertos en generar brillantes, prolongadas y estériles polémicas que permiten entretener al auditorio (más bien aburrir) y justificar que nunca pase nada.

Un ejemplo: Asturias tiene un patrimonio industrial y minero de los más importantes de Europa que está siendo pasto del óxido, el polvo y la maleza. Hace más de dos años propuse al presidente del Principado que se creara un consorcio público en el que estuviéramos presente todas las administraciones implicadas y Hunosa, para poder afrontar la tarea de recuperar y aprovechar el importante patrimonio que tenemos. Una iniciativa basada en la experiencia de éxito de otras regiones europeas y que es el único camino si queremos abordar en serio el asunto, porque permitiría planificar una acción global y compartida, en la que todos arrimemos el hombro y trabajemos en torno a una misma hoja de ruta, con diferentes actuaciones que configuren una oferta que puede ser única y que serviría de tractor para el desarrollo económico y local de un importante número de municipios.

Puede resultar paradójico, pero una parte de nuestro futuro puede pasar por saber aprovechar nuestro pasado. No es la pócima mágica a todos nuestros problemas, de hecho también debemos afrontar otros retos, como, por ejemplo, preparar nuestros sistemas públicos de salud y bienestar social para el reto que supone el envejecimiento y la crisis demográfica; pero podría jugar un relevante papel en la necesaria diversificación de nuestra economía, creando empleo y, sobre todo, inyectando dinamismo a unos territorios que llevan años escuchando hablar de reactivación, pero siguen sin saber lo que significa. Eso sí, supone remangarse y ponerse a trabajar en una tierra en la que muchos prefieren perder el tiempo a golpe de titular.

Como todos suponen, nuestra propuesta no ha tenido ni tan siquiera respuesta por parte del presidente del Principado. Ni un triste acuse de recibo. Es tan sólo un botón de muestra, un simple ejemplo de la parálisis y la falta de iniciativa política que nos toca vivir, una de tantas cosas que lastra a Asturias. Podemos seguir dándonos codazos o empezar a darnos la mano para poder aspirar algún día al oro. Es cuestión de prioridades.