69 Asturias, paraíso musical

Coordinar esfuerzos, aprovechar infraestructuras y contar con el talento asturiano para que haya un festival en verano y más actos por toda la región

Asturias, paraíso musical
| Pablo García
Emilio Sagi
Director de escena

Asturias tiene un potencial inimaginable en la escena cultural. Hay talento más que suficiente y sólo falta la imprescindible unión de voluntades que logre desterrar el mal de las rivalidades estériles y los localismos que todo lo enfangan. Los asturianos hemos demostrado que, cuando queremos, podemos. Cuando agrupamos fuerzas y no perdemos tiempo ni energías en luchas que no conducen a nada logramos lo que nos proponemos. En estos tiempos de globalización en los que las fronteras se desvanecen y las autopistas de la comunicación permiten acercar horizontes que hasta hace poco considerábamos inalcanzables, un proyecto común que ponga a la cultura en primer plano traería a nuestra tierra evidentes beneficios de todo tipo y condición. ¿Por qué no podemos contar con un festival de ópera que involucre a las tres ciudades más importantes agrupando así fuerzas y afinidades? Un festival regional que acerque la música clásica a todos los rincones, que no haya nadie excluido, que se convierta en un punto no sólo de placer sino también de educación y enganche para las nuevas generaciones. En ese plan expansivo, el eje central debería estar construido a partir de la alianza entre las tres grandes ciudades asturianas. Oviedo, Gijón y Avilés yendo de la mano hacia unos objetivos compartidos que redundarían en la oferta cultural de cada una de ellas con el incremento importantísimo de posibilidades que se produce cuando el trabajo no se parte sino que se comparte. Esa unión conllevaría, además, una imagen poderosa de cara al exterior y redundaría en la facilidad para atraer a nombres de primera fila seducidos por el compromiso de todos los asturianos. La profesión debe sentirse en Asturias como su casa, un lugar donde aportar todo lo que saben, acogiendo también a los artistas desde sus inicios y no sólo cuando ya están consagrados.

Los antecedentes avalan esta posibilidad: la Ópera de Oviedo ya organizó eventos en Gijón con gran éxito. Con el apoyo de las instituciones nacionales y regionales se podría convertir lo excepcional en habitual. La base está puesta. Hay que desarrollarla y consolidarla. Y no sólo en la villa de Jovellanos. El maravilloso teatro Palacio Valdés avilesino podría acoger óperas de cámara, joyas de Haydn o Mozart que no exigen grandes despliegues. Si en Oviedo hay más medios para montar un gran Rossini, por ejemplo, ¿por qué no hacer lo mismo en otra localidad con un Rossini más modesto y que las dos propuestas vayan en el mismo abono? Que las instituciones políticas no se escuden en el tópico de que la ópera es elitista. Lo fue. Ya no.

Y no hay por qué limitarse sólo a la ópera o a la zarzuela. Hay infinidad de posibilidades musicales que no exigen gastos tan importantes e infraestructuras de cierto nivel. No es necesario fichar a grandes orquestas o famosos maestros, basta con una orquesta de cámara para proponer citas musicales en cualquier localidad asturiana, sea cual sea su tamaño. Sin olvidar que tenemos la formidable Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, cuya labor extraordinaria se podría complementar con un buen festival de verano. Recordemos, además, que hay muchísimos artistas asturianos de prestigio internacional que estarían encantados de poner su granito de arena. En verano Asturias se pone de moda. Llegan turistas de todas las partes de España, incluso de todo el mundo. Los estudios indican que cada vez hay más veraneantes que prefieren un tipo de turismo distinto al que se puede encontrar en las zonas de sol y playa, que buscan lugares donde el clima es benevolente con las temperaturas y en los que no importa tanto si llueve o no porque las intenciones son otras. Ahí adquiere una importancia capital la diversidad en la oferta turística, siempre bajo criterios de calidad. Tenemos el paisaje. Bello como pocos en el mundo. Tenemos el paisanaje, hospitalario al máximo y que consigue que nadie se sienta forastero. Tenemos una gastronomía que seduce a quien la prueba, fiestas populares en las que la diversión está asegurada y una cultura rica y fascinante enraizada con nuestra poderosa historia y nuestro arte. Pero la música clásica no tiene la importancia que debiera. Llanes, Navia, Ribadesella, Cudillero… La lista de lugares a los que acuden miles de turistas es interminable, y si en muchos de ellos hubiera pequeños eventos musicales que se añadieran al catálogo turístico, el atractivo de la región para ese visitante que busca un plus de ocio artístico en sus vacaciones sería evidente. Infraestructura hay. Falta aprovecharla, ayudarla y coordinarla. El año pasado asistí a un concierto en el Museo Arqueológico y me impresionó por su gran dignidad musical y por la gran afluencia de público. ¿Por qué no ampliar las propuestas tanto en Oviedo como en otras localidades?

En definitiva, Asturias debe tener un espíritu que asegure a los que llegan que nada de lo que va a ver ahí es lo de todos los días. La gente necesita superar en uno o varios grados lo que le ofrece su vida cotidiana. Debe primar la imaginación, la creatividad, la originalidad. Tender puentes y no muros que nos dividan. Y la música clásica en cualquiera de sus variantes puede aportar muchos beneficios en todos los terrenos. Con la llegada de más turismo de calidad habría más ingresos económicos. Y con la extensión de los eventos, aislados o en forma de festivales o ciclos, no sólo se generaría un clima de mayor respeto, conocimiento y aceptación entre todas las capas de la población, incluidas aquellas que pueden mirarla con recelo por considerarla aburrida o elitista, sino que sentarían las bases para que las nuevas generaciones la vieran como algo natural en sus vidas y como una posible vía para su desarrollo personal y profesional. Y ese concepto de la música como fuente de energías y sinergias positivas haría de Asturias un auténtico paraíso musical.