26 Asturias, potencial gastronómico internacional por explotar

La cocina asturiana puede ser un motor económico: podría aumentar las exportaciones, lo que favorecería el empleo en el ámbito rural y sería un atractivo para el turismo

Antonio Arias López
Gerente de adquisición de talento para Europa, Oriente Medio y África

En poco tiempo hará una década que dejé la tierrina. El esfuerzo personal y la buena fortuna me han llevado a vivir, estudiar, visitar o trabajar en una cantidad apreciable de países.

En las páginas de este periódico he tenido el privilegio de poder expresar mi punto de vista sobre los defectos patrios en varias ocasiones. "Te habrás quedado a gusto", me tienen dicho alguna vez.

Soy, quizás, alguien un poco criticón que continúa enamorado de una tierra cuyos defectos odia con la misma fuerza. No obstante, esta iniciativa de LA NUEVA ESPAÑA es una ocasión para desterrar al criticón y hacer bandera, en positivo, de algunos de los sectores que más le pueden dar a esta región.

Quizá conozcan ustedes a la venerable Fina, tendera legendaria de la calle Mon de Oviedo, que sigue al piE del cañón (y haciendo las cuentas a mano) en su tienda de ultramarinos a sus ya míticos 87 años. Han de saber ustedes que, entre mis amistades europeas, lo que más se espera de mis visitas no es un buen rato, ni mi grata presencia, sino un paquetito envasado de "chorizos de Fina".

Fina y sus venerados chorizos de San Martín del Rey Aurelio sirven de ejemplo para lanzar esta idea: la gastronomía asturiana es espectacular, pero nadie más allá de la Península la conoce.

La realidad es que el 99 por ciento de nuestros conciudadanos europeos no sabe lo que es la fabada, se asombran al decirles que bebemos sidra y piensan que el cachopo es un "Schnitzel". Cada vez que encuentro un producto asturiano por el mundo se me saltan las lágrimas: no por nostalgia, sino de pena por el potencial desaprovechado.

Hay iniciativas privadas muy fructíferas que traen empleo a esta región en eterna crisis, pero creo honestamente que no estamos exportando ni el 1 por ciento de lo que podríamos vender.

Que nadie piense que insinúo que los asturianos no apreciamos nuestra gastronomía ("fartón" es de las primeras palabras asturianas que le enseñé a mi futura mujer), ni critico a los que ya llevan años exportando, lo que pienso es que hasta ahora no hemos sabido vender el producto y la cocina astur a gran escala fuera de España.

Las ventajas que tendría una promoción a largo plazo, profesional, coordinada y con amplio respaldo del sector privado serían esenciales para la supervivencia de la región:

• Un aumento significativo de las exportaciones de productos regionales causaría un aumento del empleo en el sector primario, fijando a su vez una cantidad sustancial y sostenible de población rural.

• El descubrimiento de la gastronomía asturiana por parte de países de nuestro entorno atraería turismo de alta calidad, sobre todo si Asturias consiguiera, al fin, conectarse con algún gran aeropuerto europeo que no sea Madrid.

• Una experiencia exitosa animaría a otros sectores de la región en su expansión internacional.

No soy un experto en la materia, sólo un mero glotón con algo de mundo, pero creo que hay suficientes ejemplos de éxito a nuestro alrededor y mucho potencial.

Sin irnos lejos, la alta cocina vasca y el vino de Rioja hicieron esto hace ya décadas. Desde un punto de vista global, la industria de la agricultura ecológica mueve más de 70.000 millones de euros. Y si nos vamos a ejemplos masivos de exportación internacional, Parma (con su jamón y su queso) genera unos ingresos anuales de 7.600 millones de euros.

El potencial es ilimitado. Los restaurantes asturianos en Europa prácticamente no existen, a excepción de contados pero valientes emprendedores. Los grandes supermercados alemanes tienen embutido español de calidad ínfima, y el queso se reduce al manchego.

No puedo dar lecciones de comercio exterior, pero la experiencia me dice que los pasos adelante en este terreno ha de darlos el sector privado, con contado apoyo institucional. Las grandes corporaciones alimentarias asturianas tienen la oportunidad de aliarse con la muy fragmentada producción regional y crear un sello tipo "Asturian Foods", que sume fuerzas y haga gala de la diversidad y calidad de lo nuestro. La promoción ha de ser verdaderamente profesional, y cualquier dinero que dicha marca invirtiera en ello sería poco.

Enrolar en esta aventura a nuestros cocineros bandera es fundamental. Convirtamos a gente como Nacho Manzano y sus dos estrellas Michelin en los héroes regionales que deberían ser. Paseémoslos a ellos y a nuestros productos por el mundo, y el futuro será nuestro.