11 Asturias: sus tres bellezas que vale la pena contar

Toda tierra tiene su identidad natural, histórica y patrimonial, que hace que sea única: es la mejor embajada, lo que explica el atractivo ante quien nos visita, y el amable reclamo para cuantos se nos pueden acercar

Asturias: sus tres bellezas que vale la pena contar
Santa María del Naranco con Oviedo al fondo | Alfonso Suárez
Jesús Sanz Montes
Arzobispo de Oviedo

Llevo ya unos años en Asturias. Me he podido embeber de una tierra hermosa y de una gente noble: los paisanos de esta tierra y su paisaje encantador. Un asombro que me llena de curiosidad, de gratitud, de ganas de seguir descubriendo tanto de esta tierra bella y con tanta gente buena, y uno se siente inmerecidamente bendecido.

Me imagino Asturias como un museo de tres bellezas a no perderse. El gran cineasta ruso Andrei Tarkovski afirmaba que "lo bello queda oculto para aquellos que no buscan la verdad". Y su paisano Fiodor Dostoievski acuñó en clave teológica que "el mundo será salvado por la belleza". No es la belleza un alarde estético sin más, gratificante a los ojos pero estéril para el alma. Una belleza que, mirándola, nos hace bondadosos, y una bondad que se nutre de la verdad que nos constituye para hacernos creíbles y auténticos. Ésta es la obra de Dios, y lo que hace del hombre y de la mujer la criatura que más se asemeja al icono de su Creador.

Asturias es un museo natural de una belleza arcaica y esencial. La majestuosidad de sus montañas, que desde sus riscos nos presiden en todos los valles, el encanto romántico de sus bosques, que tantos secretos tienen a buen recaudo, las aguas bravas de nuestro mar Cantábrico, que bañan playas y acantilados en sus 300 kilómetros de costa, el paisaje dulce en su verdor de tantas colinas medias, de tantas praderías apacibles, que se nos hacen cotidianos en tantos jardines urbanos. Es una verdadera sinfonía de colores, de aromas, de formas diversas, todas con su encanto y su escondida o manifiesta belleza. No en vano, Asturias ha sido paseada por tantos lares como "paraíso natural". Es fácil enamorarse de esta primera belleza que tiene en la naturaleza de nuestra tierra su marchamo de calidad y el motivo de todos sus encantos.

Hay una segunda belleza que es la rica historia que relata el paso de los siglos. La belleza natural ha hecho de escenario de lo que las buenas gentes astures han ido viviendo a través de los años. Una historia que sabe de aislamiento cuando las nieves bloqueaban el paso a la Meseta o el acoso bélico arrebujaba a nuestro pueblo entre los riscos y los valles hasta la frontera de la mar. Pero también una historia que sabe de expansión, tanto la expansión misionera de tantos hijos e hijas de este pueblo que fueron hasta los finisterres todos para anunciar cristianamente una "buena nueva", como otro tipo de expansiones que tenían por objeto descubrir mundos o conseguir trabajo allende los mares para luego volver como indianos, enriqueciendo de tantos modos los lugares de partida en un mestizaje lleno de mesura y respeto.

Hay una hazaña histórica que hace de Asturias un punto referencial que pone identidad hispana y cristiana precisamente a nuestra tierra. Hay una Reconquista que hace de Asturias soberana frente a cualquier empeño invasor. No simplemente salvaguardar el terruño usurpado por los moros del turbante nazarí y la cimitarra musulmana. No fue sólo la reconquista de una tierra, sino la de un modo de ver las cosas, de vivirlas, de brindarlas y compartirlas. Esas que se habían ido forjando a través del tiempo con las virtudes humanas y los valores cristianos. Los reyes astures han ido escribiendo con su pueblo tantas páginas hermosas que se guardan en el cofre secreto con las lágrimas de sus llantos y el pálpito de sus mejores sonrisas esperanzadas. De esa historia nosotros seguimos formando parte y a diario escribimos la página que se nos ha asignado con nuestros renglones más rectos e inspirados o con nuestros borrones más indeseados.

Y habría una tercera belleza que hace de Asturias ese lugar referencial que vale la pena descubrir: el patrimonio de nuestro mejor arte. Destacan el Prerrománico, el románico, junto al gótico que se nos conserva. Pero también la belleza de nuestras iglesias, con sus espadañas barrocas y sus recoletos cabildos, cuyas paredes guardan las historias que se transmitían a los más pequeños como en un amagüestu otoñal, o los requiebros enamorados de un piropo atrevido que sonrojaba a la moza amada. La austera arquitectura de nuestros monasterios y palacios, que tienen todavía la solera solariega de algo grande. Pero también las plazuelas en nuestras villas y ciudades, los cascos históricos en los barrios con todas sus cimadevillas de sabor casi medieval.

Tres bellezas que hacen de nuestra tierra un museo vivo, ése que vale la pena pasear y abrir de par en par, porque Asturias es puerta de un paraíso natural que es digno de ser descubierto y compartido.