28 Crecer como Comunidad Autónoma

Hay que buscar una salida al empequeñecimiento de Asturias, que podría ser su integración con León y Cantabria en una entidad mayor

Francisco J. Bastida Freijedo
Catedrático de Derecho Constitucional

El futuro de Asturias está lleno de malos augurios. En esta situación cualquier medida que contribuya a frenar un declive que parece imparable habría que calificarla de beneficiosa para la región. Esto es lo que ha sucedido con las políticas de parcheo de las últimas décadas, tanto en lo económico como en lo social, para paliar los daños de una crisis tan profunda como la que padece Asturias. Sin embargo, estas medidas tienen su lado oscuro si contribuyen a desincentivar una dinámica positiva de creación de riqueza y empleo. Si la crisis asturiana es estructural, habrá que pensar en soluciones estructurales y no de coyuntura.

Una de las consecuencias de la crisis es que Asturias se va achicando en tamaño industrial y social. Su peso específico decrece y aumenta su dependencia del Estado. Pudiera pensarse que en la esfera política esto no sucede porque, al ser una comunidad autónoma, su posición institucional le ayuda en la tarea de reconstrucción. Sin embargo, tal conclusión dista mucho de ser cierta. La autonomía política no ha cumplido las expectativas. En parte, porque los gobernantes regionales nunca han creído en sus posibilidades transformadoras y se han limitado a una mera gestión de las competencias previamente programadas desde Madrid por el pacto entre PSOE y PP, pero también y sobre todo porque el Principado de Asturias no tiene entidad suficiente en el concierto con el resto de comunidades. Basta estudiar cómo se han hecho las transferencias de competencias o cómo se han desarrollado los procesos negociadores de la financiación autonómica.

Llegados a este punto, puede chocar que lo que ahora se proponga como medida beneficiosa para Asturias sea un aumento de su autonomía política y, sin embargo, así es. No se trata de reformar el Estatuto de Autonomía para acceder a mayores competencias. El cambio que se plantea es más profundo y estructural.

Una salida al aislacionismo de Asturias y a su empequeñecimiento podría ser su integración en una organización mayor. La idea es promover junto con Cantabria y León la constitución de una nueva comunidad autónoma, para lo cual dejarían de ser comunidades autónomas uniprovinciales Asturias y Cantabria, mientras que León se separaría de Castilla. No se trata de que pierdan su identidad regional, sino de cobrar unidas un mayor protagonismo dentro del Estado. La operación jurídicamente sería compleja, sobre todo en el caso de León, pero éste siempre fue un territorio que tuvo mal encaje autonómico y sus vínculos con Asturias son claros, no sólo desde el punto de vista histórico, sino también en la actualidad. Hay que recordar que cuando comenzaron a formarse las comunidades autónomas se barajó la idea de crear una con Asturias y León.

Los intereses comunes son numerosos. No soy un experto y seguramente hay muchos más de los que se aprecian a primera vista, pero cualquiera puede percibir que los tres territorios tienen los mismos problemas tanto demográficos como económicos. Les une la crisis en sectores básicos como la minería, la agricultura y la ganadería, el desarrollo rural, la pesca y las infraestructuras de comunicación y transporte. Pero no sólo les asocia la crisis; también recursos tan importantes como los montes y espacios naturales, el agua, así como industrias transformadoras que están en expansión. Cuentan además con la gestión de importantes servicios cuya calidad está por encima de la media nacional, como son los casos de la sanidad y la educación.

El futuro no está en competir las regiones pequeñas entre sí, porque eso empobrece, sino en unirse para resistir mejor la crisis, en racionalizar la Administración y los servicios y en poder asumir retos que cada vez exigen contar con una mayor capacidad de investigación, innovación y desarrollo. Para todo ello el tamaño sí importa. La nueva comunidad autónoma doblaría tanto la población de Asturias como su PIB. El Estado autonómico es asimétrico y el futuro Estado federal hacia el que vamos todavía lo será más. Por ello crecer como comunidad autónoma formando los tres territorios una unidad mejoraría de manera notable su posición ante el Estado en la negociación de la financiación, las infraestructuras y las ayudas a los sectores en crisis. Además, esa fusión territorial posibilitaría unir recursos y racionalizar su productividad tanto en el ámbito público como en el privado. Esto permitiría a la nueva comunidad exhibir músculo institucional y económico, y ser atractiva para desarrollar en su seno proyectos empresariales y comerciales que de otro modo podrían irse a comunidades vecinas más dinámicas como el País Vasco o Galicia.

Finalmente y desde el punto de vista estrictamente político, a los tres territorios les vendría muy bien unirse para abrir las ventanas y renovar una endogámica clase política.