75 Crecer para mejorar

Aumentar el tamaño de las empresas debe ser parte de la estrategia agroganadera e industrial

Crecer para mejorar
| Pablo García
José Armando Tellado
Director General de Capsa Food

La globalización ha estresado las competencias empresariales necesarias para tener éxito en los mercados: atracción del talento, capacidad de innovación y gasto en I+D+i, diversificación de fuentes de financiación, captura de economías de escala productivas, gestión de la cadena de operaciones global y acceso a mercados y nuevas geografías.

El concepto dominante del mundo empresarial globalizado es la "productividad". De su mejora depende la competitividad de la oferta que será la que determine la capacidad de crecimiento empresarial, con el consiguiente aumento del empleo y mejora salarial que impactan en el bienestar de la sociedad.

Y la productividad, entre otras variables, depende de la dimensión de la empresa. Un informe realizado por el Círculo de Empresarios en 2014 subraya que si la estructura empresarial española fuese igual a la de Alemania, la productividad de nuestra economía sería un 13% mayor. Según datos del INE en su Encuesta Industrial de Empresas, la productividad de las grandes corporaciones (más de 250 empleados) multiplica por 2.85 veces la de las empresas pequeñas de menos de 10 empleados. También con datos del INE podemos apreciar que mientras que la gran empresa obtiene más de un 30% de su facturación en el exterior, la microempresa no llega al 7%. E igualmente sucede cuando observamos los costes de financiación, que pueden suponer una prima del 100% cuando hablamos de una pequeña empresa en relación a una grande con datos de Funcas.

En España el 93,8% de las empresas no alcanza los 10 empleados, y sólo el 0,8% tiene más de 50. El tamaño medio de la empresa es de 4.7 empleados, por debajo de Francia, con 5,7, y muy por debajo del Reino Unido, con 11, y Alemania, con 11,7.

Nuestra realidad en Asturias es que las empresas con más de 50 trabajadores sólo representan el 0,5% del total, y que además su número se ha reducido desde 2008.

Las razones de esta pequeña dimensión son variadas y diferentes: desde razones laborales y fiscales (trámites administrativos y burocráticos, distintos tipos de Impuesto de Sociedades o diferentes tratamientos fiscales en la sucesión empresarial), hasta la propia estructura macroeconómica del país y la tipología de la demanda (en España el peso del turismo y la hostelería promueve sociedades de reducido tamaño, y en Asturias el peso del sector agrario y de los servicios explican también el minifundismo empresarial).

Si ponemos el foco en el sector agroalimentario, tan relevante en Asturias, encontraremos que la diferente dimensión entre los agentes de la cadena genera importantes asimetrías en la negociación de precios con fuerte impacto en el reparto de valor generado desde el distribuidor hasta el productor. Ello unido a la creciente importancia de la dimensión territorial en las políticas europeas de reparto de fondos nos sitúan ante la tesitura de crecer… o crecer, si queremos ser competitivos y aspirar a una parte del pastel global.

Es por ello que debe ser parte de nuestro Plan Estratégico Industrial y Agroganadero impulsar el crecimiento empresarial como fuente de competitividad y sostenibilidad futuras. Debemos estimular la colaboración horizontal y vertical como paso previo a una mayor integración empresarial, aplicando políticas positivas de estímulo al crecimiento, para potenciar la productividad de nuestras empresas y su acceso al mercado global. El futuro vendrá definido por la productividad y el exterior: ser o no ser un operador competitivo con acceso al mercado global.

Ese será nuestro reto: crecer para mejorar, creando valor sostenible para una sociedad mejor.