78 Cátedras de excelencia

Permitirían apoyar la competitividad de la Universidad y la sociedad asturianas del siglo XXI a través de la iniciativa social y el mecenazgo

Juan Luis Vázquez
Real Academia de Ciencias

El bienestar de los pueblos europeos se ha basado desde la Edad Moderna en el desarrollo de la industria, el comercio y los avances que la Ciencia ha aportado a nuestra manera de ver, comprender y vivir. El siglo XVIII nos aportó el prestigio intelectual del Saber como motor del Progreso a través del Movimiento de la Ilustración, que desde Francia irradió hacia toda Europa y a todo el mundo. Libertad, igualdad, fraternidad, saber y progreso son ideas cardinales de las sociedades en que ahora vivimos, sociedades mucho más justas, sanas y prósperas que las del pasado.

España vivió en tiempos de Carlos III un gran impulso reformador y se trató de involucrar por primera vez a las universidades en la modernización de los estudios y su aplicación a la economía patria, pero sin gran éxito entonces. Por otro lado, las "Sociedades de amigos del país" extendieron al mundo civil ilustrado ese sentimiento de que algo debía hacerse por mejorar la situación social e intelectual de España. Nuestra región participó de ese impulso a través de hombres ilustrados como Gaspar de Jovellanos que promocionó el Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía, fundado en Gijón en 1794, en el que se intentó aplicar las ideas de la Ilustración en la enseñanza. La empresa no tuvo un éxito permanente, pero la idea aún nos ilumina.

En el siglo XIX sucede un cambio fundamental en el papel que los estudios iban a tener en el cambio social. Siguiendo el ejemplo de la administración napoleónica francesa, se instala la acción del Estado como impulsor de los centros en que los estudios universitarios son el vector del progreso tecnológico y científico. Surgen en toda Europa escuelas de ingeniería y al tiempo se renuevan a fondo los estudios de las universidades, y se crean o renuevan las academias de ciencias y de otros saberes. El progreso es parte de la acción de los gobiernos y el saber es base del progreso. Ideas tan nuevas tardaron en tomar cuerpo en nuestro país, pues es bien sabido que las ideas liberales y progresistas tuvieron períodos muy difíciles y su versión española no siempre fue muy operativa, pensemos en Unamuno y su "que inventen ellos".

Haciendo un gran salto adelante y salvando largas vicisitudes históricas de nuestro país, el próximo paso clave sucede en los años 1960 a 90 con la acelerada expansión de los estudios medios y superiores para abarcar a amplísimas capas de la población y la creación de universidades en numerosas ciudades del país. Este notable proceso ha cambiado totalmente la faz de nuestro país, y es una tarea que se ha canalizado a través del Estado. Los datos de 2016 apuntan a un total de 83 universidades, distribuidas en 243 campus las presenciales y 113 sedes las no presenciales y especiales. De las 83 universidades, 50 son de titularidad pública y 33 privada. Es un esfuerzo gigantesco para educar a la nación para los saberes y profesiones de una sociedad moderna con alto nivel de vida.

Pero este esfuerzo no es suficiente, nada parece serlo en este nuevo siglo en que se han instalado nuevos paradigmas, como son la Sociedad Global Planetaria desde el punto de vista social y la Sociedad de la Información, el Conocimiento y la Informatización desde el punto de vista de la producción y la tecnología. Un cambio tan radical recuerda a la revolución newtoniana en la ciencia y a la revolución ilustrada en la visión social.

Una idea clave del nuevo tiempo universitario, a donde al Estado le resulta difícil llegar, es la lucha por atraer a las mentes excelentes y hacerlas vivir en nuestros campus para que impregnen el rico tejido ya formado y para que sus inventos nos iluminen a nosotros y no al competidor global, lejano e implacable. ¿Afecta este problema a otras partes del globo, naciones o regiones? El problema es crucial y afecta a todo el mundo. ¿Consiguen otros resolverlo? Sin ninguna duda, las mejores universidades del mundo lo van resolviendo brillantemente; así, el célebre Instituto MIT de Massachussetts, EE UU, tiene en sus listas de profesores no menos de 75 premios Nobel. ¿Qué podemos hacer nosotros? Yo propongo aquí recurrir a unos nuevos Amigos del País, unos Mecenas tan ricos como benéficos, que doten unas Cátedras especiales de excelencia a las que atraer a los sabios, propios o extraños, tocados por el genio creativo, para que vivan en la región por períodos apreciables de tiempo en las condiciones muy especiales que necesitan y compitiendo con las mejores ofertas. El Mecenazgo Ilustrado es la asignatura pendiente del país. ¿Dónde estarían alojadas las cátedras? En los departamentos que tuvieran un cierto desarrollo y decidida ambición de mejorar y con el firme apoyo de las autoridades universitarias. ¿Serían controladas? Nada más fácil, pues han de ser internacionalmente competitivas. ¿Funciona ya la idea? Miren lo que pasa en las 100 mejores universidades del mundo y lo entenderán. ¿Qué decir a los partidarios del poder del Estado? La respuesta es muy interesante: librado el Estado de este esfuerzo adicional, podría ocuparse mucho mejor de su labor de protector de la igualdad y la eficacia social, y llegado el tiempo podría distribuir los cuantiosos beneficios que se derivan a largo plazo de la inversión en saberes de punta. ¿Qué pasará si no se hace? Que el Estado, agobiado de otros mil gastos, no lo hará, la planta de la ciencia se agostará, la endogamia será reina de nuevo y los jóvenes más dotados se irán a trabajar a tierras más abiertas al progreso y al riesgo, donde sus capacidades serán encauzadas, apreciadas y recompensadas y su vida será tan productiva como conviene que sea.

No será fácil vencer la inercia, mucha gente vive cómoda en la crisis como si los problemas que describimos no estuvieran ya pasando. Si seguimos poniendo excusas y parches y tirando dineros a lo loco, lamentaremos el continuado declive, pues los competidores no se duermen. Pero ¿hay espacio para concluir de modo optimista? ¿Hay esperanza de que arraigue la promoción de la excelencia en Asturias? Tenemos el ejemplo de los premios "Princesa de Asturias", que nos han puesto en el mapa mundial de la cultura y son una excelente carta de presentación para atraer a nuestros futuros nuevos sabios. Busquemos luces hacia el futuro, qui scientiam sequitur in tenebris non ambulat.