56 De "paraíso natural" a "paraíso de innovación vertical"

Las tecnologías disruptivas, las que pueden remodelar nuestras formas de vida, no exigen muchos medios: sólo un "garaje" e ideas

Amador Menéndez Velázquez
Investigador del instituto técnico de materiales de Asturias y premio europeo de divulgación científica

El conocimiento acumulado por generaciones de investigadores traza un mapa de lo conocido cuya geografía podemos recorrer con mejor o peor fortuna. Pero en algún momento alcanzamos los límites del mapa y ahí comienza el viaje de verdad. En esencia, la búsqueda del conocimiento científico y del progreso tecnológico reside en aventurarse por esos caminos inexplorados, aún conscientes del riesgo inherente.

Asturias, "paraíso natural", puede ser también un "paraíso tecnológico". Y es que las grandes innovaciones de nuestros días pueden emerger en cualquier lugar del planeta y en lugares tan singulares como un "garaje". Sólo hace falta escoger las estrategias y políticas adecuadas y, por supuesto, creer en los "garajes". Pensemos en Google. Como tantas otras grandes innovaciones, nació en un "garaje" de la mano de Larry Page y Serguéi Brin. En otro "garaje" nacía el primer ordenador Apple de la mano de Steve Jobs y Steve Wozniak o la red social Facebook con Mark Zuckerberg. Los "garajes" no necesitan de grandes inversiones ni grandes infraestructuras. ¡Necesitan de grandes ideas y alguien que crea en ellas! Sus retornos pueden ser fascinantes e inimaginables.

¿Qué tienen de particular los "garajes" para favorecer la innovación? En los "garajes" no hay un "statu quo", un plan estratégico, un camino a seguir, lo cual es en cierto modo contrario a la verdadera innovación, basada en explorar nuevos caminos y abrir nuevas fronteras. Un "garaje tecnológico" no es sólo un lugar geográfico. Es también un modo de pensar, una forma de actuar.

Corría el año 1985 cuando Nicholas Negroponte fundaba el mítico MIT Media Lab, uno de los ecosistemas de innovación más prolíficos del planeta. Nicholas Negroponte puso un único requisito a las empresas y gobiernos que quisiesen invertir en tal proyecto: los inversores no deberían marcar los caminos y directrices a seguir, sino dejar plena libertad a los investigadores. El MIT Media Lab, al igual que muchos departamentos del MIT, es un fascinante "garaje tecnológico" en el que se permite y promueve explorar nuevos caminos por arriesgados que sean. Esa estrategia ha derivado en productos revolucionarios que forman parte de nuestras vidas, como la tinta electrónica, las pantallas táctiles o el GPS, por citar algunos ejemplos que han impulsado significativamente la economía americana.

Me gustaría referirme ahora a dos tipos de innovación. Por una parte está la que podríamos denominar "innovación horizontal", consistente en la mejora de productos ya existentes en el mercado. En contraposición, la "innovación vertical" hace referencia a algo radicalmente diferente, una tecnología disruptiva que puede remodelar nuestras formas de vida. Es mucho más arriesgada, pues requiere adentrarse en caminos inexplorados, pero es la que a la postre puede devolvernos mayores beneficios económicos y sociales.

La innovación horizontal es bastante frecuente en grandes empresas, las cuales tienen un objetivo claro y bien definido. Una gran empresa de aceros innovará en la generación de acero de mejores prestaciones. La innovación vertical es más propia de "garajes tecnológicos", lugares en los que no hay caminos trazados y se permite dar rienda suelta a la imaginación. ¡La innovación vertical no precisa de grandes medios, sino de grandes ideas!

Quiero remarcar que ambos tipos de innovación, horizontal y vertical, deben coexistir en la sociedad. El gran problema viene cuando, en un exceso de conservadurismo, apostamos exclusivamente por la innovación horizontal destinando a la misma todos nuestros recursos. Esto es lo que sucede en España y en muchos países europeos. Este es un buen momento para empezar a cambiar el rumbo. Apostar por la innovación vertical no significa invertir más dinero en investigación, sino distribuirlo de forma diferente, sabiendo que el retorno puede ser infinitamente mayor.

Garajes tecnológicos, innovación vertical, proyectos de alto riesgo… todos estos conceptos responden a la forma de pensar del gran físico y filósofo Gerard Holton cuando apuntaba: "El punto de partida en la Ciencia no es la objetividad, sino la creencia apasionada en algo que puede que no exista, pero que merece la pena buscar". Creo firmemente que sólo las sociedades que apuesten por la innovación vertical y por proyectos científico-tecnológicos de alto riesgo serán protagonistas del futuro. ¡Ojalá Asturias sea una de las protagonistas! ¡Ojalá nuestro "paraíso natural" se convierta también en un "paraíso de innovación vertical"! Los beneficios serían múltiples. En mi opinión, sería una estrategia muy adecuada para impulsar notablemente nuestra región y su economía.