03 Demografía

Conseguir que los niños y los mayores no constituyan una carga soportada básicamente por las familias y sí una obligación para el conjunto de la sociedad y las instituciones es el camino a seguir

Gabino de Lorenzo
Delegado del Gobierno

Uno de los problemas graves de Asturias y de España es la baja tasa de natalidad que, unida al aumento de la esperanza de vida, provoca un importante y creciente envejecimiento de la población.

Cada vez nacen menos niños y se vive más tiempo, lo que trae problemas como el déficit en el sistema de pensiones y un aumento del gasto en sanidad y, en general, en los servicios públicos de atención a las personas mayores.

Afirmo que una sociedad moralmente sana no puede abandonar nunca a sus mayores y que, por tanto, cualquier solución a este problema debe partir del mantenimiento del sistema público de pensiones, sin recortes, y del mantenimiento de los servicios públicos de atención a las personas mayores.

El principio de solidaridad está en la base de nuestros valores morales y, por tanto, es irrenunciable.

¿Cómo resolver este difícil problema?

En primer lugar, desde el consenso de las fuerzas políticas y del conjunto de la sociedad. Este asunto no puede tener color político ni ser objeto de enfrentamiento partidista, ya que todos estamos de acuerdo en la necesidad de desarrollar políticas de familia que promuevan la natalidad.

Tener niños no puede ser una carga para las familias y mucho menos para las mujeres. Los niños son un bien para el conjunto de la sociedad.

Es imprescindible conciliar que las mujeres jóvenes puedan tener una profesión, un trabajo y, a la vez, ser madres.

Afortunadamente, se está produciendo en España un cambio cultural y los niños no son sólo responsabilidad de las madres. Los jóvenes españoles saben que el cuidado de los hijos es una responsabilidad compartida.

Éste es el camino a seguir, es decir, que los niños y los mayores no sean una carga soportada, básicamente, por las familias, y sí una obligación para el conjunto de la sociedad y sus instituciones.

La sabiduría popular dice: "Donde hay niños hay alegría". Y yo, que tengo tres nietos maravillosos, lo ratifico.