33 El futuro de Asturias: los empleos que hoy no existen

Los niveles de preparación en los nuevos campos, la innovación y la aceptación de la ruptura determinarán el cambio

Álvaro Cuervo
Catedrático de Economía de la Empresa | Presidente de CUNEF

Se nos dice que más de la mitad de los empleos de dentro de veinte años hoy no existen -el 65% de los niños que ahora estudian Primaria trabajarán en empleos que hoy ni se conoce que puedan surgir-. En los próximos diez años el 47% de los actuales empleos estarán completamente automatizados y la posibilidad de una automatización parcial afectará a otro 19%. Las variables clave que determinarán este cambio serán los niveles de formación en los nuevos campos ligados a la tecnología del conocimiento, la innovación y la creación empresarial y la aceptación de la ruptura tecnológica por parte de los "instalados", las instituciones y empresas actuales.

Asturias se enfrenta al futuro con una población decreciente y envejecida y con una estructura empresarial de reducida dimensión y escasa internacionalización, que no sintió la necesidad de apostar por la innovación y por el cambio, al vivir, en muchos casos, en un entorno ajeno a la presión competitiva de los mercados y preocupada por mantener unas ventajas competitivas basadas en "relaciones", subvenciones, cuotas y tarifas.

Las cifras de las empresas asturianas no pueden ser más concluyentes. Cualquier dato que tomemos sobre innovación, tamaño empresarial e internacionalización de las empresas asturianas las sitúa por debajo no ya de las de Cataluña o el País Vasco, sino de la media española (véase cuadro n.º 1). Veamos alguno de ellos. La inversión en I+D privada sobre el PIB, la intensidad innovadora, es menos de la mitad de la de nuestro entorno. De otro lado, no deja de ser paradójico que en una región que tiene a gala el elevado nivel formativo de sus (escasos) jóvenes solamente 5 de cada 100 ocupados lo estén en sectores de alta y media tecnología. La media española está en 7 y no digamos nada del País Vasco y Cataluña, donde suponen más del 10% del empleo. Igualmente nos faltan empresas medianas y con presencia en los mercados exteriores.

El futuro lo determinan los emprendedores; el capital emprendedor necesario para realizar los sueños de éstos, las tecnologías unidas a las start-ups que no sólo crean sino que son la fuente de la innovación en las grandes empresas (o el germen de éstas: Google, 1998; Tesla, 2003…) y la aceptación e implantación de los cambios ligados a las tecnologías del conocimiento de donde surgen la automatización, la robotización, la digitalización y el uso y explotación de los grandes volúmenes de datos (Big data) para conocer de forma anticipada nuevos nichos de mercado y predecir el comportamiento de clientes y usuarios.

La aplicación de estas tecnologías cognitivas, en el contexto de la inteligencia artificial, permitirá desarrollar tareas que se asumía requerían de la inteligencia humana. Los ordenadores aún no pueden pensar por sí solos pero incrementan exponencialmente, para los dispositivos cuyo funcionamiento dirigen, la capacidad de hacer cosas que antes sólo podían hacer los humanos. Así, las máquinas "inteligentes" harán a los trabajadores más libres para tareas creativas y, por ello, el uso de las tecnologías cognitivas y la incorporación de la inteligencia artificial en todos los ámbitos acelerarán los cambios en los empleos y harán surgir de forma exponencial oportunidades de creación de valor.

Ese cambio sólo será posible si contamos con instituciones eficientes -calidad institucional- y con una sociedad que acepte las consecuencias de la libertad, a todos los niveles, de entrada y salida en los mercados y la necesidad de reordenar y reestructurar de forma continua servicios, productos y procesos. El futuro se cercena si continuamos aplazando indefinidamente reformas y ajustes y se sigue apostando por la estructura, el funcionamiento y las tecnologías empresariales del siglo XX.

El cambio en la sociedad para hacer frente al futuro va a depender de la formación y de la actitud de los recursos humanos, del capital tecnológico de la empresa y de la presión de los mercados. El futuro está con los heterodoxos, no con el conformismo de la ortodoxia de los "instalados" que rechazan el cambio y la innovación o los posponen. Las poblaciones envejecidas siempre apoyan el pasado y rechazan los cambios que afectan a su statu quo.

Las organizaciones e instituciones, los "instalados", llámense Universidad, sindicatos u otras organizaciones sociales, tienen una incapacidad crónica para abordar los cambios radicales, para liderar la ruptura. Ésta sólo se puede llevar a cabo desde la presión exterior, capaz de forzar el diseño de un plan que rompa con el pasado.

El reto de Asturias, y de su población decreciente, está en los cambios tecnológicos, en los nuevos empleos y en las nuevas exigencias de formación. El objetivo es simple: con menos empleo -no tenemos población- crear más valor. Difícilmente van a venir como respuesta de las actuales estructuras educativas y empresariales. Es sin duda necesario plantearse un "plan estratégico" para hacer posible el futuro de los nuevos empleos.