67 El futuro está en los datos

Desarrollar una iniciativa de big data permitiría a las empresas asturianas volcar su información sensible en un banco de computación de forma segura y controlada

Pablo Rodríguez
I+D Telefónica

Hace unos años, la intuición humana era la única herramienta que podíamos usar para resolver ciertos problemas. Por ejemplo, para planear un vuelo con múltiples escalas se necesitaba de un agente de viajes con mucha experiencia y años de trabajo que, usando toda su intuición, diseñara un itinerario de bajo coste que cumpliese tus requisitos. Hoy, potentes ordenadores, analizando un gran número de datos, son capaces de realizar esta tarea de manera mucho más eficiente, repetible, exacta y rápida. Gracias a ello, los agentes de viajes se han enfocado en cómo mejorar tu experiencia y no en calcular rutas al mejor precio.

El big data y la inteligencia artificial nos permiten hoy soñar con un mundo donde podemos predecir y calcular lo que va a pasar usando datos y algoritmos, anticipándonos de manera segura, y fiable y creando una mejor sociedad y economía. Esta transformación gradual de algo que es aparentemente intuitivo en algo que es aparentemente mecánico (y por lo tanto capaz de ser completado por un ordenador), continúa a pasos agigantados y debemos esperar grandes avances en este campo en los próximos años.

Pronto internet conectará todos los objetos y cosas que nos rodean gracias a un nuevo tipo de sensores miniaturizados que usan muy poca batería. Los datos que producen estos sensores nos ayudaran a predecir el tráfico en las ciudades, a anticipar crisis energéticas, a prevenir problemas de infraestructuras en grandes compañías, a que los coches sean más inteligentes, a mejorar la eficiencia de los servicios y negocios, a que los juguetes tomen vida o a que podamos controlar las cosas con nuestra mente; ejemplo de ello son las prótesis robóticas.

El machine learning y la inteligencia artificial con tecnologías que aprenden de grandes cantidades de datos para crear modelos de comportamiento y extraer conclusiones con las que predecir qué ocurrirá. Aunque en el pasado habían tenido un éxito limitado, en la actualidad estas tecnologías están experimentando una nueva época dorada gracias a la disponibilidad de grandes cantidades de datos útiles, la mejora en la potencia de procesamiento de los ordenadores y la expansión de redes de comunicación para la recogida de datos y su distribución.

Hoy sabemos que, más pronto que tarde, la inteligencia artificial y el big data serán capaces de predecir algunos aspectos del futuro de la vida cotidiana de las personas, contando por supuesto con su permiso explícito. Por ejemplo, podrán predecir la probabilidad de padecer una enfermedad como la diabetes en función de tu dieta; el riesgo de tener un accidente de tráfico según tu estilo de conducción; la capacidad de poder endeudarte con garantías según cuál sea tu círculo social; saber hacia dónde se va a propagar una pandemia para poder atajarla a tiempo; entender mejor las necesidades de los turistas que llegan a visitarnos; anticipar el paro en una región o predecir el resultado de un partido de fútbol basado en cómo los jugadores se pasan la pelota.

En quince años habrá ordenadores con la misma capacidad de computación que un cerebro. A medida que se recopilan más y más datos, los ordenadores serán capaces de resolver problemas más complejos para ayudarnos en nuestro día a día y crear una nueva economía. Esta combinación de la recopilación de datos y el aprendizaje automático marca el principio de una sociedad basada en los datos y de grandes oportunidades de creación de nuevos empleos y negocios.

De hecho, el big data es la profesión de moda y empresas de todos los sectores buscan especialistas. Hoy ser ingeniero o científico de datos es ser el profesional más demandado del mundo y las organizaciones se están peleando por estos perfiles. Son los expertos en big data, especialistas en el análisis de datos para usarlos a la hora de tomar decisiones determinantes, por ejemplo, en el rumbo del negocio. Se trata de un puesto novedoso que aún no cuenta con una gran cantidad de especialistas preparados. Ser un experto en big data requiere especializarse en áreas como matemáticas o estadística, ingeniería, administración de empresas o incluso humanidades. Es un campo muy amplio y se necesitan perfiles muy variados.

Asturias podría tomar un papel protagonista en este futuro que va a venir. Participar en esta economía del mundo de los datos necesita de tres cosas: buenos profesionales, datos y capacidad de computación, y retos y problemas a resolver. Lo más importante del mundo de los datos es que resuelvan problemas importantes y útiles. Estos problemas están en la sociedad, las empresas, las instituciones locales, y todo el mundo se beneficiaría de las respuestas a estos problemas empujando la economía y modernizando nuestro día a día.

Crear una iniciativa de big data necesitaría de la creación de un “lago de datos”, un banco de computación, almacenamiento y procesado de datos en local. En este “lago de datos” empresas asturianas de distintos sectores volcarían datos de manera segura, anónima y controlada dependiendo de sus necesidades. Datos que a su vez se mezclarían con datos abiertos de la Administración y los gobiernos locales. Este “lago de datos” requeriría que empresas asturianas e instituciones locales aportasen sus preguntas, retos y problemas a resolver en temas relacionados, por ejemplo, con sus industrias, salud, bienestar, empleo, etcétera.

Y por último, el talento sería clave para procesar y transformar este “lago de datos” en respuestas y conocimiento accionable para la región y su industria. Esto podría pasar por la creación de un Data Science Institute en Asturias que formaría a los nuevos profesionales del futuro a través del esfuerzo conjunto y la mezcla de distintas escuelas de ingenieros de informática, telecomunicaciones, matemáticas, humanidades y negocios. Estos profesionales dedicarían sus esfuerzos a convertir el nuevo carbón o petróleo del mundo digital, los datos, en riqueza para nuestra sociedad.

Y siempre prestando gran atención y respeto a la privacidad, dando al individuo la capacidad de que sea el dueño y tenga el control de sus datos, para que él sea el gran beneficiado de esta revolución. Iniciativas parecidas en países como Estonia, un país de tamaño parecido a Asturias, han tenido una gran repercusión y éxito a nivel internacional, haciendo de Estonia un referente de innovación en el mundo de los datos, la identidad digital y la privacidad.

Si los ordenadores serán capaces de sustituir muchas de las actividades que hacemos hoy sólo el tiempo lo dirá, pero lo que está claro es que el big data, la computación, ayudarán a los humanos en formas que nunca antes hemos conocido, y Asturias tiene el derecho propio, por su talento y capacidad de superación, de participar de este mundo que ya está aquí.