18 El mejor invento: cuidar la empresa

Los emprendedores tienen un papel central para el bienestar

Pedro Luis Fernández
Presidente de FADE y GAM

Existe un consenso generalizado en que muchos, si no todos los problemas de nuestra economía, y los problemas sociales que de ellos se derivan, se solucionarían con un mayor crecimiento.

Necesitamos crecer para equilibrar nuestras cuentas, para garantizar nuestras pensiones, para pagar la deuda que hemos ido acumulando, para preservar nuestro Estado del bienestar.

Necesitamos crecer para mantener una Administración no siempre eficiente, pero sí cara; para pagar una sanidad pública tan necesaria y de calidad como falta de racionalidad en muchas de sus funciones; y para sustentar un sistema educativo vital y garante de nuestro futuro, a la vez que cargado también de ineficiencias y de costes innecesarios.

Como comunidad, tenemos que generar recursos para mantener este sistema, recursos que todos sabemos que sólo proceden de los impuestos. Cuanta más actividad económica consigamos generar, más impuestos se van a recaudar: más personas trabajarán y tributarán y cotizarán a la Seguridad Social, garantizando así nuestras pensiones presentes y futuras.

Y todos sabemos también que sólo hay un método para conseguirlo: que haya más empresas que empleen, que paguen impuestos, que innoven, que generen productos y servicios innovadores, de calidad y competitivos, y que satisfagan nuestras necesidades, pues si no lo hacen así, desaparecerán.

Y para que existan estas empresas vamos a necesitar empresarios dispuestos a asumir riesgos, con la ilusión y la esperanza de ganar dinero, incluso de ganar más dinero que la media de los ciudadanos, pero sabedores de que la posibilidad cierta de perderlo les habilita moralmente para ello.

Nunca como ahora, después de estos duros años de crisis, esto se ha hecho tan evidente. Y, paradójicamente, es justo ahora -cuando esa evidencia se ha transformado en una cruda realidad para muchos empresarios- cuando parte de nuestra sociedad desprecia, señala e incluso demoniza a los empresarios.

Los empresarios y su ambición: no existe en nuestra sociedad mejor invento para pagar este cada día más alto coste de vivir en comunidad y de nuestro bienestar y seguridad, sabedores de que la mejor política social es generar puestos de trabajo estables que permitan desarrollar personas satisfechas, optimistas y generadoras de un entorno mejor, frente a las actuales "políticas sociales" que consiguen dependencia (votos) de la Administración, cronificación de la pobreza y generan economía fraudulenta.

Empresarios cada día más resignados a costear todo ello, incluso esa parte ineficiente que nuestros líderes políticos no están dispuestos a mejorar. Con una Administración que trata por igual al funcionario que trabaja, es responsable y hace bien las cosas que al que hace todo lo contrario. Pero todos votan.

Una sociedad que no aprecia, valora ni ayuda a sus empresarios no tiene futuro, o no tiene un futuro muy distinto del que espera a los ciudadanos de Venezuela o Cuba.

Es cierto que los cabreos postcrisis, que la ira que genera la insatisfacción de no ver cumplidas nuestras expectativas, puede hacernos caer en la tentación de romper todo lo que hemos conseguido en tantas décadas de entendimiento, convivencia y trabajo.

Pero, siendo esa tentación humana, no sería muy inteligente permitir que haya personas que de esa frustración hagan su carrera y para ello intenten llevarnos a todos a un fracaso colectivo.