01 El área metropolitana es de toda Asturias

Beneficiaría a todos los concejos, la zona central se convertiría en la séptima ciudad española y la comunidad ganaría peso político

El área metropolitana es de toda Asturias
| Sara Candanedo
Javier Fernández
Presidente del Principado

El área metropolitana es de toda Asturias, desde el límite con Cantabria a la frontera gallega, desde las agujas de caliza que nos separan de la Meseta hasta las orillas del Cantábrico. Es un proyecto para nuestros 78 ayuntamientos sin que quepa hablar de geografías marginadas, salvo como excusas para pretextar un rechazo injustificado.

La conmemoración del 80.º aniversario de La Nueva España -la efeméride merece una felicitación pública- me ofrece la ocasión de exponer una idea para Asturias. Pensé en adelantar alguna novedad, que siempre luciría el apresto de lo no estrenado, pero al final opté, a riesgo de resultar tedioso, por reiterar mi ambición de la construcción metropolitana. Ciertamente, no lo habría hecho si no estuviese convencido de que nos encontramos ante un proyecto necesario para la Asturias del siglo XXI. Insisto: de Asturias entera, porque beneficiará a todos los concejos, de Este a Oeste de la comunidad. Ni hay colisión entre las alas y el centro ni se trata de privilegiar a unos a costa de otros, sino de aprovechar la pujanza del área central en beneficio de todos.

La carencia de peso político de una comunidad de poco más de un millón de habitantes repartidos en 10.600 kilómetros cuadrados es un lugar común de nuestro debate público, refugio socorrido al que acuden cronistas y dirigentes de la oposición.

A los habituales de esa queja les recuerdo que el área metropolitana sería una buena manera de ganar ese peso que echan en falta. Porque la conurbación que agrupa a 29 concejos de la zona central y se acerca a los 900.000 habitantes se convertiría de facto en la séptima ciudad española y la novena de la Península Ibérica, superada por Madrid, Barcelona, Lisboa, Oporto, Valencia, Sevilla, Málaga y Bilbao. La oportunidad para fomentar economías de aglomeración es evidente.

El área metropolitana conlleva un diseño normativo, pero sobre todo realidades prácticas a favor de la ciudadanía. En una primera fase no importa tanto encelarse en los pormenores de la norma como ir avanzando para que la articulación territorial se convierta antes de que acabe la legislatura en una realidad irreversible. Ése es el objetivo que quiero compartir de forma dialogada y consensuada con los gobiernos locales y con la Administración del Estado.

El Consorcio de Transportes sirve de ejemplo. Las opciones que brinda a los viajeros son notablemente mejores que las que existían antes de su formación. Pues en esta materia se puede hacer muchísimo más. Pensemos en el potencial de la malla ferroviaria para organizar una vigorosa red de cercanías entre las principales ciudades. Estimamos que podemos duplicar el número de viajeros anuales y pasar de 7,4 a 14 millones al año. Pues bien, al hablar del área metropolitana nos referimos a asuntos tan prácticos como éstos: que haya mejores transportes públicos, que sea más fácil aparcar, que se use menos el vehículo privado, que se contamine menos.

Apliquemos similar plantilla a los equipamientos culturales y a la red sanitaria, que incluye una decena de hospitales. Coordinada, la programación cultural del área metropolitana puede competir con la de las grandes ciudades españolas, del mismo modo que a las infraestructuras sanitarias se les puede sacar más partido para mejorar la atención a los pacientes.

Pensemos también en la diversidad de instalaciones fabriles -siderúrgicas, químicas, metalmecánicas, navales, etcétera-, la oferta de suelo industrial, el potencial de la Zona de Actividades Logísticas, la capacidad de los puertos de Avilés y Gijón o en los centros y parques tecnológicos. Todo este conglomerado puede favorecer el desarrollo de una economía basada en el conocimiento y la innovación, y la ordenación del área metropolitana es una buena manera de facilitar esa sinergia, básica para el porvenir económico del Principado.

Como se ve, empeñarse en articular el área metropolitana no equivale a divagar sobre una ensoñación teórica, sino a ordenar una realidad que existe y estamos en condiciones de mejorar. Asturias tiene que aprovechar bien este potencial sin distraernos con debates en espiral, dándoles vueltas y vueltas a los mismos proyectos sin acabar de realizarlos. Espero que eso no suceda con el área metropolitana. Está en nuestras manos -en las del Principado, pero también en las de los ayuntamientos y en las del Gobierno del Estado- sacarle el mejor rendimiento posible y convertirla, como ya dije, en una realidad irreversible para el bien de toda Asturias.