40 Formación en profesiones clave para el desarrollo tecnológico

Asturias necesita programadores informáticos, fomentando esta enseñanza con cursos de iniciación en las escuelas, una mayor especialización en la Universidad y planes específicos respaldados por instituciones públicas o fundaciones privadas

Carlos Franganillo
Corresponsal de TVE en Washington

Silicon Valley, en California, suele ser el ejemplo más recurrente al hablar de innovación, alta tecnología y emprendimiento... y una referencia habitual para muchos políticos que prometen prosperidad y empleo en campaña electoral.

Desde los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, en torno a la Universidad de Stanford nacieron numerosos proyectos pioneros que formarían el germen de la actual vanguardia tecnológica, responsable de que hoy vivamos rodeados de máquinas, teléfonos móviles e internet. Un informe propio de la Universidad asegura que, desde los años treinta, los alumnos y exalumnos de Stanford han desarrollado empresas que generan unos beneficios anuales de unos 2,7 billones de euros. Si esas compañías fueran un país, serían el décimo más rico del mundo.

Más allá del valor económico, la experiencia de Silicon Valley ha cambiado el rumbo de la economía, la ciencia y las formas de comunicación e interacción entre las personas. Es posible que lo que ha pasado en las últimas décadas en esa zona de California tenga ya tanta o más influencia en la Humanidad como la que tuvo la Florencia del Renacimiento o la Inglaterra de la Revolución Industrial, pero en un proceso más acelerado y global.

¿Qué factores influyeron en la explosión de esa zona? Por un lado, la educación, con el desarrollo de la Universidad de Stanford (1885) como centro de pensamiento e innovación. Por otro, la iniciativa y empuje personal de algunas mentes brillantes que fueron potenciadas, en momentos decisivos, por la inversión pública del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. El Pentágono reclutó a estudiantes y empresas e impulsó proyectos de alta tecnología. Todos esos elementos permitieron la concentración de un capital humano altamente cualificado en un entorno agradable para vivir. Hoy se encuentran allí algunas de las empresas más importantes del mundo, como Google, Yahoo, Apple, Facebook, Cisco o eBay.

Emular la experiencia de Silicon Valley es siempre una tentación, quizá demasiado ambiciosa, pero hay lecciones que se pueden extraer a pequeña escala. Una de ellas es la formación en profesiones clave para el desarrollo tecnológico que permitan retener proyectos en la región. Recientemente, en una conversación con mi buen amigo Juan Urdiales, un joven empresario con un proyecto tecnológico de gran éxito como Job & Talent, escuché una queja que ya había oído o leído con anterioridad. "Hay un enorme déficit de programadores en España", me dijo. "Si alguien apuesta por la formación de programadores será capaz de atraer a una gran cantidad de proyectos tecnológicos".

¿Por qué ese alguien no puede ser Asturias? Con cursos de iniciación en las escuelas, con una mayor especialización en la Universidad o con programas específicos respaldados por instituciones públicas o fundaciones privadas. Hoy la Universidad de Stanford exige conocimientos de programación a los estudiantes de más de la mitad de los grados y combina la informática incluso con estudios de Historia o Literatura. La programación ya no es un asunto únicamente vinculado a las empresas informáticas, sino que será vital en procesos de digitalización de cualquier sector de la economía. Algunas personas, como Ali Partovi, fundador de Code.org, creen que en poco tiempo saber programar será tan importante como saber leer o escribir. No es descabellado en un mundo en el que la actividad laboral se basa cada vez más en el conocimiento y menos en el esfuerzo físico. La tendencia es clara. La OCDE pronostica que el 12 por ciento de los trabajadores españoles perderá su empleo en los próximos años y será sustituido por robots o procesos de automatización. En China, la empresa FoxConn -que ensambla productos de Apple o Samsung- ya ha despedido a 60.000 empleados y los ha reemplazado por máquinas. La llamada "cuarta Revolución Industrial" traerá cambios sociales y laborales de gran calado. Y también ventajas, si se está preparado. En muchos sectores de futuro ya no son tan necesarios los medios materiales de producción para poner en marcha un proyecto. Un espacio físico conectado a internet y unos emprendedores capacitados pueden ser suficientes para generar riqueza y empleo. Impulsar políticas de estímulo al emprendimiento en sectores estratégicos (con facilidades a los emprendedores y mediante aceleradoras e incubadoras de empresas) puede tener más éxito si ese impulso se combina con la formación de profesionales cualificados que puedan desarrollar esas ideas, generar empleo y permitir que los proyectos permanezcan en la región y prosperen en ella.