29 Imaginar Asturias

La lluvia como metáfora del cambio de actitud que necesita la región para dejar de esperar a que otros resuelvan sus problemas y empezar a hacer, sumar, proponer y arriesgar

Fernando Beltrán
Poeta y nombrador

"La fantasía es un lugar en el que llueve", proclamó Italo Calvino en sus célebres "Seis propuestas para el próximo milenio", y es lógico el entusiasmo que al leerlo sintió quien hacía ya años había bautizado Lloviedo a su ciudad natal, consciente, con Rilke, de que la infancia es la patria de un poeta, pero también de que debía nombrar de forma distinta a un territorio -yo, lluvia, Oviedo- convertido ya en mito, de uso y abuso exclusivamente personal. Una palabra mágica, más que una ciudad real. De ahí la exigencia de inventar un nuevo nombre para aquel lugar donde caía agua sin cesar, caminaban gabardinas con el cuello alzado como hermosos fantasmas, los charcos dibujaban formas caprichosas y se abrían y cerraban los paraguas cual inaudito y estético ballet de húmedos latidos al otro lado de la calle.

Aquel niño que veía llover tardes enteras desde la ventana de su casa, y al que sus padres llevaron a rastras lejos de Asturias con apenas 7 años, pero que con el paso del tiempo comprendió la inmensa suerte que supone llevarse intactas las metáforas de la infancia. Y en ellas me apoyo de nuevo. Sean indulgentes. Es sólo una licencia poética.

Porque una cábala sentimental es lo único que podemos aportar quienes fracasamos siempre en la ingeniería de las ideas, pero quienes, a la vez, en la cadena de eslabones que son los distintos oficios, tenemos una sola obligación: la de empezar la casa por el tejado y hacer, sin embargo, que el edificio resultante se sostenga, apoyado en el vuelo. O sea, en el cielo. O sea, en la lluvia de nuevo. Porque por ningún otro lugar querría empujar estas líneas, sino por el de proponer que celebremos la lluvia. Nuestra lluvia. Que la escuchemos también.

Y no hablo sólo de la que cae a veces a cántaros, y otras con pausa y sigilo de orbayo, como sin creérselo del todo, sino de lo que la lluvia, su realidad, su léxico y, una vez más, sus metáforas representan en nuestro imaginario colectivo como seña de identidad, como clima y paisaje, como estado de ánimo. También como mirada hacia el futuro desde un lenguaje cotidiano al que estamos acostumbrados, al que tanto queremos…

¿Dan agua o no dan agua? ¿Dan lluvia o no dan lluvia?

Nuestra frase coloquial más repetida en sus distintas formas y tiempos verbales. Y adverbiales. Dan agua esta tarde, dan agua mañana…, me entusiasma. La escucho alrededor mil veces y la practico a menudo, ya sea como pregunta o como información cuando soy yo quien, con previo conocimiento de causa, transmito un pronóstico escuchado, convertido desde el momento en que uno lo pronuncia y comparte, más que en diagnóstico, en ley divina. Dan agua el fin de semana… No se hable más.

Pero permítanme jugar desde ese lenguaje coloquial que a veces, como ahora, nos sugiere indicios, nos proporciona coartadas, nos permite buscarle los tres pies al gato abstracto de la lluvia, y preguntar en voz alta: Pero quién da agua, quién da lluvia, quién se esconde tras ese genial y anónimo dan..., tan impersonal, volátil, tan oráculo en el que creemos a pie juntillas y esperamos acierto, exactitud, certidumbre meridiana, agua o no agua…

Y de algo así creo que pecamos de cuando en cuando los asturianos. De ese dan o no dan tan etéreo, pero referido a lo que concierne a nuestro presente y nuestro futuro económico, social, cultural, científico, medioambiental…

Algo así como si sostuviéramos con brío en el día a día ese acerado y aparentemente bien informado espíritu crítico que nos caracteriza respecto a nuestras carencias como comunidad, pero esperáramos al tiempo que sean otros -los gobernantes, los que mandan, los que mueven los hilos, los responsables de cada sector…- quienes nos saquen las castañas del fuego, resuelvan los problemas y nos proporcionen con inteligencia, sana ambición y generosidad de miras un futuro más sólido, más próspero, más compacto, más ilustrado, más plural. Dan agua o no dan agua. Hermosa forma de hablar. ¿Pero quién la da?

"Visibilidad" titulaba precisamente Italo Calvino esa quinta propuesta para el milenio en la que hablaba de la fantasía como un lugar en el que llueve. Visibilidad. Y pasos adelante. Dejar de esperar. Voluntad de hacer, sumar, crear, proponer, proyectar, arriesgar. "No existe nada real que antes no haya sido imaginado", decía Hölderlin.

¿Dan agua o no dan agua mañana? En nuestras manos está.