62 Investigar para Asturias

El Principado debe aprovechar los brillantes investigadores que hay en la región ya que la buena ciencia genera bienestar y riqueza

Atanasio Pandiella
Centro de investigación del cáncer. Campus Miguel de Unamuno de Salamanca

La investigación científica garantiza nuestro progreso. Debido a su coste, es necesario analizar cómo financiarla y planificarla adecuadamente para que retorne beneficios a nuestra sociedad.

La investigación científica es un pilar fundamental de nuestro progreso. Vaya por delante que quien escribe esta frase es médico dedicado a la investigación del cáncer. Es posible que por deformación profesional, los investigadores valoremos de manera más intensa que la población general la importancia de la investigación científica. Pero, como ciudadano, pienso con frecuencia en el valor de la investigación en nuestro desarrollo. Ayer viajaba en AVE desde Barcelona a Madrid, a 303 Km/h. como velocidad máxima, y al mismo tiempo que me maravillaba de este desarrollo tecnológico me preguntaba cómo es posible que se hubiera tardado tanto tiempo en abrir esa comunicación entre las dos ciudades más pobladas del país. Por cierto, tal desarrollo tecnológico también está tardando demasiado en llegar a nuestras tierras y al resto de la cornisa cantábrica. Pero también me maravillo cuando enciendo la luz o cuando pongo la calefacción: pienso en el gran beneficio que la investigación y el desarrollo tecnológico han ofrecido a la Humanidad. Déjenme que vuelva a mi campo, que es la investigación relacionada con la salud. Hace un siglo, la esperanza de vida en nuestro país estaba por debajo de los 50 años. La investigación el campo de la salud acumulada en un siglo nos ha permitido que actualmente la esperanza de vida en España sea cercana a los 80 años. Esto se lo debemos a un esfuerzo colectivo de científicos, políticos y, sobre todo, de personas de a pie que han entendido que la investigación es necesaria para progresar en calidad de vida. Ni más ni menos. La investigación científica no sólo promueve conocimiento que nos ayuda a mejorar nuestra calidad de vida, también tiene una vertiente económica. Ambos aspectos, el beneficio social y el económico, han de ser contemplados, y aquí es donde Asturias debe reflexionar. Sobre todo, teniendo en cuenta que los recursos económicos son limitados. En primer lugar, es importante definir si Asturias quiere invertir en investigación o prefiere ahorrarse esos fondos para comprarla a otros. Ésta no es una pregunta con fácil respuesta. Obviamente, Asturias no tiene capacidad económica para investigar en todo. Ha de ser selectiva, si decide apostar en investigación. Yo opino que la inversión en ciertos aspectos de la investigación científica es productiva desde el punto de vista social y económico. Está en nuestras autoridades políticas, con el asesoramiento correcto, encontrar aquellos ámbitos en los que el dinero público invertido ofrezca un mayor rendimiento, que a veces es meramente de satisfacción social, pero que en ocasiones también acaba repercutiendo en la economía autonómica. Existen investigadores en Asturias que son brillantes y que, además de realizar una tarea investigadora de calidad, consiguen ser financiados por fuentes externas a nuestra comunidad. Es tan alto su grado de competencia que consiguen fondos nacionales, europeos, norteamericanos e incluso consiguen financiación privada. Y esto se invierte en Asturias. En producir buena ciencia, en contratar a jóvenes investigadores de nuestra comunidad autónoma, en desarrollar laboratorios o pequeñas compañías ("spin-offs") que atraen más riqueza a la comunidad. Pero ¿qué hacemos con la ciencia que solamente aumenta el conocimiento sin que se vislumbre que pueda generar retornos sociales o económicos? Ésta es una pregunta que es difícil de contestar, y que incluso se ofrece a debate dentro de la propia comunidad científica. Cuando Watson y Crick describieron, a mitad del siglo pasado, cómo era el ADN, nadie podía imaginar la repercusión que esos estudios iban a tener en la medicina. Hoy gran parte de la investigación en el área de la salud depende de descubrimientos básicos generados en laboratorios como el de Watson y Crick. Definir el balance entre cuántos fondos deben ir a investigaciones básicas y cuántos a aplicadas es algo difícil de decidir. En cualquier caso, permítanme decirles que me gustaría que nosotros y nuestros hijos pudiésemos vivir más y mejor. Para ello no hay otra receta que fomentar el conocimiento. Los ciudadanos hemos de empujar a nuestros gobiernos para que se financie la investigación científica que genere bienestar y riqueza. Nuestros gobernantes han de analizar cómo encontrar fondos para garantizar la investigación y, por supuesto, necesitamos científicos capaces de estrujar al máximo sus capacidades intelectuales para el beneficio común.