05 Juventud y liderazgo empresarial, las prioridades

Políticas educativas para aumentar la empleabilidad y económicas para que las empresas sean vistas como la fuente principal de trabajo

Carmen Moriyón
Alcaldesa de Gijón

Por definición, el futuro es un arcano. Los principales sucesos que ocurren, tanto a escala global como local, son impredecibles. Desconfío de las cábalas, no creo en los augurios. Los únicos sueños que me permito tener ocurren de día, mientras contemplo la realidad.

Podemos imaginar la Asturias del futuro de mil maneras distintas, exponer ideas ingeniosas, concebir atractivos proyectos, que si no superan el estadio de los bellos deseos estaremos haciendo una copia de las cartas infantiles a los Reyes Magos.

La única manera de hacer una prospección de futuro, de alumbrar una idea útil para mejorar el mañana, consiste en partir de la realidad. Para entrever el futuro hay que conocer el presente. Vayan unas breves líneas sobre ello.

El desarrollo económico de Asturias, su futuro, está envuelto en un misterio. Desde que empezó el siglo XXI hasta hoy, Asturias es la comunidad autónoma que tiene un crecimiento más bajo. Nuestra economía progresa menos que la andaluza, extremeña o canaria, por citar algunos territorios que siempre se consideraron atrasados.

El estancamiento de la región ocurre mientras contamos con empresas multinacionales líderes mundiales en sus sectores: acero, cinc, aluminio, probióticos. O líderes europeos: producción de celulosa de eucaliptos. O líderes nacionales: transporte de viajeros, por carretera, producción de leche líquida, bienes de equipo.

Tenemos una Universidad, cuatro veces centenaria, que obtuvo el sello de excelencia en la primera convocatoria abierta tras las universidades españolas. El territorio asturiano es el menos degradado de las regiones costeras españolas. Si pasamos del paisaje al paisanaje nos encontramos con que hay una mano de obra experta, propia de regiones que aumentaron de talla con la industrialización. Hasta en las infraestructuras, eterna asignatura pendiente de Asturias, estamos cerca de equipararnos al resto de comunidades autónomas, si hacemos salvedad del escandaloso retraso de la variante de Pajares y de algunos proyectos localizados en Gijón (plan de vías, autopista del mar) que han sufrido trabas impresentables.

Con unas bases tan valiosas los interrogantes brotan solos: ¿por qué no funciona Asturias? ¿Por qué viajamos en el furgón de cola? Nadie lo sabe, a ciencia cierta, yo también desconozco la respuesta. Sin embargo, me atrevo a hacer una propuesta para salir del círculo vicioso.

Si la tendencia es negativa, cambiemos de protagonistas, movamos el banquillo. Hay dos grupos que han estado marginados en nuestra región: la juventud y el empresariado.

Las cohortes de edad entre 0 y 29 años son las menos numerosas de la serie histórica. Asturias es la región de Europa que tiene menos niños y jóvenes en proporción a la población total (23,2%). No sólo somos los que tenemos menos jóvenes, sino que nos permitimos "exportar" a los más preparados, y no invertimos suficiente en formación y cualificación de los que están en la región.

Gastamos treinta veces más en la tercera edad que en niños y jóvenes. Es preciso dar un giro en políticas de natalidad y políticas de educación para ganar población por la base y aumentar la empleabilidad de los jóvenes, acabando con la lacra del paro juvenil.

El fracaso de Asturias es la inadaptación de una política educativa que lleva a la marginación de los jóvenes en el mercado de trabajo. O centramos nuestras energías en mejorar el capital humano o nos resignamos al estancamiento.

Los empresarios son la otra pieza fundamental para crecer. Los prejuicios ideológicos y la inercia histórica impiden comprender que la atonía asturiana está relacionada con un déficit de empresa, que está vista como un ente susceptible de soportar impuestos, pero no como la fuente principal de trabajo.

Hay que acabar con la política dirigista de la Administración del Principado, que con una mano hace planes para la sociedad y con la otra abre una ventanilla para subvencionar a los que se apunten a esos planes, cosechando rotundos fracasos. Los empresarios deben tener la capacidad de decisión y a la Administración le corresponde respaldar sus iniciativas, si queremos mejorar el empleo.

No deben ser las ideas las que sigan al dinero público, sino que debe ser éste el que vaya detrás de las ideas. Hay que pasar del paradigma de los buscadores de rentas al de creadores de riqueza.

Una fórmula sencilla: prioridad para las políticas de niños y jóvenes y liderazgo empresarial para dinamizar la economía regional.