39 Jóvenes, internet y más tierra para los campesinos

Hay que volver la vista al mundo rural, valorar como estratégico el sector agroalimentario y reconocer socialmente a sus trabajadores

Mari Cruz Fernández
Presidenta de la cooperativa agraria Campoastur

Incorporar a los jóvenes en las explotaciones y facilitar la disponibilidad de tierras. Estos son dos grandes retos que tenemos que abordar de forma apremiante para que el campo asturiano esté donde le exige la economía globalizada.

La edad media de los profesionales del campo asturiano supera holgadamente los 50 años. Se hace necesario facilitar un relevo generacional que permita la incorporación de savia nueva que aporte vitalidad, nuevos conocimientos y mucha energía a las explotaciones agrícolas y ganaderas de la región.

Tenemos que hacerles más fácil la incorporación. Hay cosas incomprensibles hoy en día: las infraestructuras físicas todos las vemos y entendemos su necesidad, pero hay otras que, como no se ven, no se aprecia su falta salvo para el que la soporta. El funcionamiento de internet en el entorno rural es penoso, para cualquier negocio es imprescindible la disponibilidad de conexión a las redes sociales; en ellas está la información y el acceso a plataformas de compra y de venta. En la actividad agropecuaria cada día están más presentes. Las nuevas tecnologías en la vida y en el trabajo constituyen también un aliciente para la incorporación de jóvenes.

Hay que adaptar la legislación para hacer atractivo el inicio de actividades en el campo, que la creación de empresas sea sencilla, hay que facilitar el emprendimiento. Dadas las necesidades de mantenimiento de la población y de vida en las zonas rurales, sería necesario y estratégico dotar de ventajas y facilidades la implantación de empresas en las alas de Asturias, con estímulos por parte de todas las administraciones. Otro reto evidente es vertebrar la comercialización de una forma potente. Tenemos unas producciones tradicionales de gran calidad que tendrán que adaptarse a las demandas de los mercados actuales, la agrupación de las producciones para su transformación y comercialización buscando un mayor valor del producto final que dejará en Asturias parte de la cadena de valor que hoy se va de la región. En este caso, las organizaciones cooperativas tendrán que desempeñar un papel relevante.

Aparte de las actividades tradicionales, como las de leche y carne, que cada año se siguen modernizando, como así se lo exigen los mercados, hay otras áreas menos desarrolladas y que tienen futuro como la forestal, la horticultura, la fruticultura, etcétera.

No podemos olvidarnos de las producciones ecológicas, que, hoy por hoy, son escasas pero que en otros países europeos tienen bastante importancia. Además de las explotaciones de carne y leche ecológicas, también se pueden potenciar las producciones de avicultura (tanto de carne como de huevos), el porcino, etcétera.

Sin jóvenes no hay futuro. La ciudad no mira al campo y los trabajadores del campo son tan profesionales como los de las fábricas, tienen que estar capacitados y han de actualizar sus conocimientos constantemente. En otros países europeos los agricultores y ganaderos son reconocidos socialmente como un pilar imprescindible para un sector que consideran estratégico: el sector agroalimentario. Hagamos que nuestros jóvenes se sientan orgullosos de trabajar en actividades agropecuarias.

La propiedad de la tierra en Asturias es muy minifundista y esto también entorpece la actividad agraria. Hay que dinamizar los procesos de concentración parcelaria, y otras formas de agrupación, esto facilitaría tanto los trabajos en las actividades tradicionales como el desarrollo de nuevas inversiones en plantaciones, por ejemplo de frutos rojos o de kiwis.

Existen espacios improductivos que han de ponerse a disposición de los agricultores y ganaderos. El Banco de Tierras ha de ser potenciado y ha de disponer de las herramientas necesarias para desarrollar su labor. Los propietarios han de tener facilidades para arrendar sus propiedades. Se necesita una adaptación de la legislación para favorecer los procesos de concentración de la propiedad.