63 La inclusión de la música como asignatura obligatoria en los planes de educación

La sociedad más musical de la historia limita los conocimientos de esta expresión artística a una élite por culpa de las leyes educativas

La inclusión de la música como asignatura obligatoria en los planes de educación
| Pablo García
Miriam Perandones
Directora de la Cátedra Leonard Cohen

La música nos rodea en casi cada actividad cotidiana: sin escoger canales musicales la escuchamos en la radio, en cafeterías, en los bares, en películas, en cualquier programa de la tele, en los anuncios, en el supermercado, en centros comerciales, en la peluquería, en hoteles, fiestas, celebraciones religiosas, celebraciones laicas, en ascensores, en la calle con los músicos callejeros o en hilo musical de la propia ciudad… Oímos música incluso aunque no queramos, pero es tanta la querencia y la demanda de esta expresión artística que existe una industria que en términos globales maneja cifras astronómicas: la industria musical incluye la editorial, la discográfica y la música en vivo, lo que da cuenta del peso de la música en nuestra sociedad. Actualmente la variedad y cantidad de música a la que tenemos acceso -¡además de forma gratuita para el usuario!- no tiene precedentes: cualquiera con acceso a internet puede disfrutar de su agrupación, cantante o estilo de preferencia, y también de todos los demás. Según los datos de Promusicae (asociación de productores de música de España), el consumo de música digital ha crecido de forma exponencial en los últimos años, superando ya al mercado físico (63,5% frente al 38,5%).

Vivimos, por tanto, en una sociedad musical, lo que quiere decir que somos músicos, concepto que engloba a todo aquel que conoce el arte de la música. Existen personas a las que esta expresión artística les puede resultar indiferente, pero parece que son la excepción puesto que todos conocemos música aunque no tengamos capacidad para tocarla, cantarla o leerla.

El contacto permanente con ella exige que conozcamos sus mecanismos y desarrollemos actitudes analíticas ampliando nuestro espectro musical, ya que los mensajes que se construyen en torno a la música o a través de ella no son inocentes, precisamente porque tiene un enorme poder como herramienta de comunicación -y, en consecuencia, herramienta de educación- gracias, entre otras cosas, a su capacidad para llegar a públicos muy amplios y heterogéneos. Es bastante conocido el caso del género reggaeton como incitador de violencia de género, puesto que supuestamente valida roles de masculinidad y feminidad que ya no deberían ser válidos en nuestra sociedad.

Sin embargo, se da la contradicción de que, a pesar de vivir sumergidos en música, y pese a los resultados de investigaciones académicas que demuestran que el trabajo con música mejora el rendimiento de los estudiantes, la posibilidad de tener estudios musicales en España había vuelto a quedar relegada a la optatividad con las nuevas leyes de educación. Además, con esta situación, de nuevo esta expresión artística quedaba confinada a élites sociales y de poder puesto que sólo haciendo determinadas elecciones académicas se podría tener acceso a la música en la enseñanza general, volviendo, por tanto, al momento en que casi únicamente por interés personal o familiar y con capacidad económica suficiente para permitirse una educación extraescolar se podía acceder a ella como objeto de estudio.

Lamentablemente la música, y con ella toda expresión artística, ha ido perdiendo peso en las sucesivas leyes de educación desde que, en los años 90, la LOGSE la incluyera como asignatura obligatoria en la enseñanza general por primera vez en la historia de España, logrando su valoración institucional e integrándose por fin en la sociedad a través de la educación en todos los niveles de la enseñanza general: la totalidad de la sociedad española en edad escolar recibió una enseñanza musical, produciéndose, por tanto, una auténtica democratización de la expresión artística, en consecuencia.

En los debates sobre educación y sus leyes, la prensa ha resaltado la cuestión idiomática, la religiosa, la de la Filosofía; pues bien, debemos reivindicar la Música como asignatura básica en los planes educativos y como herramienta transversal en la educación de nuestra sociedad.