60 Liderar el renacimiento de la nación española

Asturias debe liderar la promoción por toda la Península de la bandera de la recuperación nacional como exitosamente hizo en la Reconquista

José Manuel Otero Novas
Exministro con Adolfo Suárez

Las Hispanias romana y gótica existieron unos 900 años, y en esos períodos toda la Península llegó a tener en común una lengua, una religión, las mismas leyes, autoridades civiles y militares compartidas, vías de comunicación entre todos sus territorios... Sin embargo, llegando al siglo VIII retornamos a la fase del hedonismo, apatía, disgregación, traiciones, de modo que tropas musulmanas muy reducidas, con ayudas de algunos grupos internos, consiguen dominar España con muy escasa resistencia y someter a nuestros antepasados a servidumbre, explotación y de cuando en cuando masacre. Aparentemente desapareció nuestra, entonces, ya casi milenaria nación.

Pero en Asturias había gentes no vencidas por la indiferencia pacifista, que rodearon, apoyaron y empujaron a un Caudillo que se enfrenta y vence por primera vez al invasor; no como acción aislada, sino con proyección sobre el espacio y el tiempo. Se conquistan otras tierras, se siembra por toda la Península la semilla de la Reconquista, se conciben y ejecutan nuevos factores de cohesión como la peregrinación a Santiago, la Ultreya de ideas y sentimientos. La energía que de aquí surgió fue tan potente que, tras recuperar la Península -desde Oviedo, Gustavo Bueno dixit-, se desbordó fecundamente por todos los continentes.

Cuando yo vine a Asturias escuchaba la frase "España es Asturias y lo demás tierra conquistada". Nunca te sentías ofendido, pues comprendías el sentido irónico y amable con el que te lo decían, y porque percibías claramente que los asturianos sentían el legítimo orgullo de haber salvado nuestra nación.

Pero hoy el espíritu nacional ha vuelto a niveles deplorables. Dudamos de nuestro ser. No tenemos proyectos colectivos. Creemos que todo es igual sin darnos cuenta de que, aunque subsistiera para siempre el proyecto europeo y la economía globalizada, siempre hay otros que defienden sus intereses y consiguen su éxito a costa de nuestro fracaso; si en la economía interior unas empresas crecen lucrándose del decaimiento de otras, ¿cómo podemos pensar que esa lucha de conveniencias no se da entre grupos de diferentes naciones?

Se intentan crear dentro de España otras naciones contra la existente. Después de haber alumbrado y extendido nuestra lengua por casi todo el mundo, siendo de las más habladas, con las enormes ventajas de todo tipo que de ello obtenemos, resulta que estamos intentando que deje de usarse en partes importantes de España, territorios que han estado en cabeza del proyecto español y que han sido España durante más de dos mil años, dicen no ser españoles y quieren segregarse…

He pensado muchas veces que la bandera de la recuperación nacional española debe volver a levantarse desde Asturias. Porque, aun siendo los asturianos un pueblo amante de lo suyo, con una gran personalidad -perfectamente creada por la geografía, las montañas altas, los picos enhiestos, los valles profundos, las costas escarpadas-, Asturias se ha visto libre de ese virus desintegrador y de ensimismamiento con lo cercano que ha contagiado a los dirigentes políticos de otras comunidades, y recibe de sus antepasados la llamada a liderar la nación. Lo cual no es una figura retórica; la tradición no es algo que ha dejado de existir, porque tanto el ser humano como todas las cosas en el Orbe somos un pasado que se actualiza. Quizá por ello aquí ha surgido y se mantiene la Fundación Princesa de Asturias que con su extraordinaria labor, por supuesto que prestigia enormemente a Asturias, pero asimismo a España.

Yo sugiero que el Principado, como labor histórica común, promueva y extienda por la Península la idea y el sentimiento de la nación; que los políticos asturianos de diferentes partidos asuman esta misión conjunta por encima de sus naturales diferencias; que la Universidad exalte los valores nacionales y contribuya a su racionalización y mayor fundamento teórico; que los medios de comunicación se lancen a ese empeño y, entre ellos, por supuesto LA NUEVA ESPAÑA, con el ímpetu renovado de entrar en la recta final de su primera centuria de vida; también las editoriales, los movimientos culturales, musicales, los escritores... La nación española puede ser hoy el gran Objetivo del Principado, como exitosamente lo fue otrora.

Ello no nos desvía del necesario camino al desarrollo. Porque amén de compatible, siempre en la historia, quienes mueven las ideas y conducen proyectos, aunque éstos sean ideales y no materiales, acaban disfrutando de ventajas económicas asociadas o derivadas de su acción.