43 Madre Asturias

Para superar su actual estado deprimente, lo más adecuado para esta región empobrecida y desindustrializada es que se convierta en una comuna basada en la andecha y en la espicha

Madre Asturias
| Sara Candanedo
Carmen Gómez Ojea
Escritora

Hace tiempo que Asturias es una pálida madre, de mirada lúgubre y brazos cruzados como si con ellos protegiera el corazón que sin duda le duele, viéndose despojada de todo lo que suponía el bienestar de su gente, pues en su suelo viven muchas personas desdichadas, mal nutridas, desarropadas, algo espantoso que en modo alguno se soluciona mirando al cielo o al infierno ni al sol ni a la luna ni a los puntos cardinales, ni tampoco se subsana con poner en el platillo de la mendicante o del mendigo las monedas de cobre de la vuelta de la compra, sino que sólo puede subsanarse con medidas generosas como abrir comedores sociales suficientes para que nadie se quede en ayunas sin el pan de cada día, y que por la noche se conviertan en dormitorios, de manera que no haya nadie obligado a dormir en cajeros de banco o en la calle; y esto no es una fantasía de cuento oriental sino algo factible con empeño y buena voluntad, aunque también es una verdad aterradora que Asturias ha sido empobrecida, desindustrializada. Apenas hay minas y se hacen cuatro barcos, porque la metalurgia está prácticamente desaparecida. Y una empresa próspera como Hidroeléctrica del Cantábrico fue vendida a los portugueses. Su hundimiento viene de lejos, sin que nada ni nadie detuviera ventas y cierres como el de la mina la Camocha, el de la fábrica de cervezas El Águila de Colloto, el de la Fábrica de Armas, de la de Chupa Chups, de Porcelana La Asturiana, de La Bohemia de Gijón, de Confecciones Gijón, de la Tabacalera gijonesa, de Naval Gijón, de Arcelor-Mittal, antigua Uninsa-Ensidesa, comprada por el capital hindú, de Juliana Constructora Gijonesa, de Alas Aluminium, de Suzuki, de Tenneco… Y la lista fúnebre sigue. En el año 2008 había treinta y cinco mil quinientas noventa empresas registradas y a finales de 2011 los fallecimientos las dejaron en tres mil setecientas menos, pero el deceso continúa hasta hoy mismo, en que se publica la luctuosa noticia del cierre de la avilesina Indemesa. Una fila macabra de muertes.

Pero buscar salida a esta penuria y provocar vientos nuevos de prosperidad resulta tan fatigoso como sacar con un dedal agua de un pozo para llenar otro.

Asturias es dura y tierna y una de las tierras más bellas del mundo, según dicen viajeros que conocen todas las de este planeta y que la recuerdan con nostalgia, es decir, con el dolor que produce la lejanía de algo muy querido que nos pertenece y que es muy nuestro; y ahora no está en una situación boyante, sino de hundimiento.

Quizá la salvación de Madre Asturias se halle en algo que puede ser calificado de fantasioso, de chifladura, de extravagancia, de disparate, de chaladura y demás retahíla de sinónimos y que se trata de que les proponga a las dos vecinas comunidades autónomas de la cornisa cantábrica fronterizas con ella, Galicia y Cantabria, formar con ella la Mancomunidad Galasturcántabra, basada en el apoyo mutuo. A las tres les beneficiaría que el Camino de Santiago que las recorre contara con buenas hospederías y lugares de descanso para los peregrinos y que en todo él hubiera indicaciones claras no sólo con vieiras en el suelo, sino también con indicaciones altas y a la vista que no induzcan a errores pues, muchas veces, al entrar en una ciudad los ves dando vueltas y revueltas porque no encuentran la vieira dorada y preguntan muy apurados "¿Oú est la coquille de Saint Jacques?". Y algunos se encogen de hombros y otros hacen como si no los oyeran, hasta que, por fin, alguien los ayuda a buscar y a encontrar ese molusco de las aceras.

Y otra posibilidad salvadora, más realista y provechosa que la otra, sería tomar como base el municipalismo libertario, que consiste en poner en práctica la democracia directa, asamblearia y vecinal que llevaría a la abolición de la perniciosa sociedad de clases, como se abolieron los estamentos feudales, a la desaparición de la esclavitud salarial y de la dictadura de las mercancías y, a partir de ahí, las necesidades reales de cada cual elegirían el funcionamiento de la economía, para superar estos momentos de supervivencia en los que la vida es una tortura, porque se halla reducida a los imperativos económicos que lo rigen todo.

En resumen, lo adecuado para sacar a Madre Asturias de este estado deprimente consistiría en que se transformara en una comuna basada en el trabajo comunitario y en la buena vida o, lo que es lo mismo, en la andecha y la espicha. Y esto no es una utopía, porque en España hubo comunas anarquistas que los comunistas autoritarios destrozaron. Y todo lo que sucede una vez puede repetirse.